Jun 032012
 

El baile de tiros ha comenzado. Tanto Patrick como O’Sullivan están limpiando la zona de matones aunque sus esfuerzos no son comparables al inexorable avance del Golem. Las balas rebotan en su pétrea cobertura y van rasgando la enorme gabardina que lleva para ocultar su verdadero ser. La oscuridad de la calle junto con el miedo a lo imparable nubla las percepciones de los italianos que retroceden buscando cobertura para lanzar andanada tras andanada sin aparente éxito. Finalmente, un joven con una recortada sale gritando avanzando hacia la mole y dispara a bocajarro su escopeta contra el Golem diciendo: “¡Traga plomo, cabronazo! Veamos qué dice tu kevlar de esto…” Una pequeña nube de pólvora esconde momentáneamente la gigantesca figura, que gira su puño lanzando un derechazo sobre el infortunado tirador acompañado de un crujido de costillas rotas. Nada lo detiene.

Al menos, la retirada estratégica italiana, ha permitido facilitar una vía de acceso para Malone y Parson al recinto. Ahora solo queda cubrirles las espaldas y rezar para que consigan detener a la mole, mientras el frustrado ataque se dispersa arrastrando a sus heridos lejos de la zona.

La situación parece calmarse cuando, de pronto, el golem viviente inicia de nuevo una andanada de golpes sin demasiado control contra las farolas, carteles y vitrinas de tiendas. Abriendo su boca en un apagado grito de agonía, libera toda su fuerza e inicia un avance descontrolado cargándose todo lo que a su paso aparece. Coches abollados son apartados con ligeros manotazos y las alarmas comienzan a sonar. Ya no dirige su poder al enemigo, parece una masa de músculos descontrolada y los inocentes corren riesgo. Una mirada es suficiente para convenir con Patrick la necesidad de cambiar el objetivo. El golem descontrolado debe ser detenido. y es entonces cuando las palabras de Reeves resuenan aún en la cabeza de O’Sullivan ya que encierran el secreto para detener a la estatua viviente…

¡Kak! Esto me está dando dolor de cabeza –grito mientras intento pensar con claridad-. Parece que el maldito gólem quiere que le prestemos más atención –comento sarcásticamente conmigo mismo.

Mi mente va a mil por hora buscando una posibilidad factible para detener al frenético engendro. Al menos O’Sullivan parece que tiene entretenidos a la mayoría de los italianos, aunque no me importaría un poco de ayuda.

¡Una carretilla eléctrica! –se me ocurre instantes antes de ver como revienta un Chevrolet sin esfuerzo-. ¡Kak!

¡Un camión de bombero! –apenas pensarlo me doy cuenta que no va a haber suerte-. ¡Kak!

¡Dónde hay unas obras cuando se necesita una retroexcavadora! –gimo amargamente-. ¡Kak!

¡Eh! ¿Qué es eso que hay en el suelo cerca del gólem! –pienso mientras afino la vista-. Vaya, ¿no había una opción mejor? Joder, no se me ocurre nada mejor.

Mientras me dirijo al coche para ver si encuentro algo para levantar la enorme tapa de alcantarilla que hay junto a nuestro descontrolada marioneta, no puedo dejar de refunfuñar. ¿No había una opción mejor?

Ya de vuelta con una palanqueta en la mano, decido guardar mi Vektor ya que no me va a servir de nada. Esquivo al gólem y me pongo manos a la obra. Por lo visto los italianos aún están aturdidos al ver como han “acariciado” a su compañero. Mejor.

Está atrancada. Vaya, nada es fácil y sencillo. Tengo que hacerlo antes de que se percate que estoy aquí. ¡Plooonk! ¡Klonk, klonk, klonk!

-¡Kaaaak! –maldigo mientras observo como se gira el gólem.

Estoy demasiado cerca de él. Me lanza un manotazo que apenas puedo parar interponiendo la palanqueta que se va a hacer puñetas. Mi brazo queda aturdido por la sacudida. Comienzo a gatear en la dirección adecuada para que el avance del bruto pase por el agujero. Avanza un paso al tiempo que me lanza otro manotazo. Y, cuando pienso que no me salvo del trancazo, veo por el rabillo del ojo como la trayectoria de su brazo y del resto de su cuerpo se inclina hacia el suelo.

– ¡Premio!

Mientras recupero el resuello, observo como el gólem ha quedado trabado en el agujero, con una pierna mal doblada fuera del mismo y la otra encajada a la altura de la cintura. Prácticamente no puede maniobrar pero sigue lanzando manotazos descontroladamente. Me pregunto si será capaz de salir del atolladero. Confío que no.

-Espero que a mis compañeros les vaya mejor –musito por lo bajo, algo más relajado, mientras vigilo desde una distancia prudencial al gólem “enjaulado”.

Bien hecho, Patrick –le grito a Van Wyk, felicitándole por haber atrapado al grotesco monstruo en el agujero de la alcantarilla.

Mientras mi compañero se encargaba del Golem, yo me he mantenido ocupado intercambiando un poco de plomo con los italianos que quedan en pie. Tras pasárseles el susto de ver a la increíble criatura lanzando mamporros a diestro y siniestro, abollando coches, papeleras, farolas, contenedores y todo lo que estaba a su paso, los hombres de Martinelli se han envalentonado intentando avanzar hacia la entrada del local de los judíos. Se nota que no todos son tan novatos como el chico de la escopeta, pues mantienen bien la cobertura protegiéndose unos a otros y avanzando con perfecta sincronía bajo la lluvia de proyectiles. Pero yo tampoco soy nuevo en esto, y además se contar. Me quedan seis balas y quedan cuatro espaguetis. Creo que será suficiente.

Aguardo protegido detrás de un coche a que hagan un nuevo movimiento, y cuando uno de ellos se adelanta buscando una cobertura mas cercana, protegido por los disparos de su compañero, yo hago lo mismo lanzándome a toda prisa tras un contenedor. Aprieto el gatillo dos veces mientras me muevo. El primer tiro falla por las prisas y el movimiento. El segundo lo alcanza bajo el hombro derecho, dejándolo aturdido. Desde mi nueva posición, marcho hacia los italianos manteniéndome agachado y pegado a la pared, y realizo dos disparos. El primero alcanza al objetivo en el pómulo izquierdo, no lo mata pero tendrá que gastarse una pasta en el dentista para quedar como nuevo otra vez. El segundo tiro se pierde en la lejanía, sin causar daño a nadie.

Los dos italianos que quedan deciden jugársela, y salen de su cobertura para tener una mejor visión de mí. Mala decisión para uno de ellos, al cual alcanzo en el abdomen, dejándole un pequeño agujero que lo mantendrá absorto en la abundante sangre que comienza a manar bajo su camisa blanca. Pero el último que queda ha aprovechado la situación y me ha disparado en la pierna derecha, por lo que suelto un grito mientras caigo al suelo, herido y sangrante. Puto italiano de pacotilla, solo ha tenido suerte y nada más.

No deberíais haberos entrometido en los asuntos del jefe, chico –me dice aquel tipo en un susurro, mientras me sonríe siniestramente a la vez que me apunta con su arma-. Recuerdos de Martinelli, cara culo.

Entonces el matón aprieta el gatillo y dispara, pero algo le desvía el brazo justo a tiempo, a la vez que se oye un potente estruendo. Es Patrick, el cual ha recogido la escopeta del muchacho de las costillas rotas y le ha metido una buena andanada en el cuerpo a este tipo. Herido de gravedad, el hijoputa aun tiene tiempo de volver a intentar encañonarme, pero ahora me aprovecho yo de los segundos que me ha otorgado Van Wyk y recojo mi Beretta 92 del suelo, con una solitaria bala en el cargador. Suficiente para volarle la azotea al italiano, esparciendo sangre y restos cerebrales alrededor del cuello de su caro traje a rayas.

Dale tú recuerdos a Martinelli, cuando lo frían en la silla eléctrica te hará compañía –le grito al mafioso, pero su cadáver ya no me escucha.

Con un gesto de asentimiento, le doy las gracias a Patrick por su ayuda mientras empiezo a vendarme la herida de la pierna. Ahora toca hacer algo con el Golem, no me parece que vaya a permanecer ahí mucho tiempo. El monstruo no para de rugir furiosamente, mientras lanza manotazos al aire intentando alcanzarnos sin éxito. Es entonces cuando me doy cuenta de que en la frente de la criatura parece que haya una palabra grabada en su frente. Juraría que son las letras E-M-E-T.

¿Has visto eso, Patrick? –le señalo a mi compañero aquellas misteriosas letras-. ¿Crees que significa algo?

– Hummm…, no estoy muy seguro, pero creo que “Emet”, en hebreo, significa “Verdad”. ¿Por qué le habrán tatuado algo así en la frente?

Intento estrujarme la mente pensando en algo, pero no lo consigo. El monstruo no tardará mucho en salir de su prisión, tenemos que detenerlo ya o de lo contrario habrán más víctimas inocentes que caerán bajo su incontrolada furia destructora. Se me ocurre decirle a Van Wyk que use uno de sus cacharros tecnológicos para buscar algún significado sobre Golem y Verdad, pero antes de decirle nada ya me está enseñando una pantalla con los resultados. Piensa mucho más rápido que yo, este chico es brillante.

– ¡Mira O’Sullivan, tengo la clave! –me dice extasiado-. Según las antiguas leyendas hebreas, el espíritu del Golem puede ser detenido si se borra la primera letra de la palabra “EMET”, pues la palabra resultante, “MET”, significa para los judíos Muerte. La destrucción de la criatura.

– ¡Claro, diantres, es lo que intentaba decirme por teléfono el anticuario John Reeves! Tenemos que borrarle de la frente la primera letra.

Mientras Patrick y yo nos miramos, el Golem empieza a usar su gran fuerza sobre el asfalto, arrancando fragmentos a su alrededor con gran frenesí. La pregunta silenciosa que nos hacemos mi compañero y yo es como diablos vamos a conseguir desactivar al monstruo sin que éste nos haga pedazos, y antes de que salga de su prisión.

 Publicado por a las 13:46

  2 comentarios en “Poder descontrolado”

  1. -¡Kak! Esto me está dando dolor de cabeza –grito mientras intento pensar con claridad-. Parece que el maldito gólem quiere que le prestemos más atención –comento sarcásticamente conmigo mismo.
    Mi mente va a mil por hora buscando una posibilidad factible para detener al frenético engendro. Al menos O’Sullivan parece que tiene entretenidos a la mayoría de los italianos, aunque no me importaría un poco de ayuda.
    ¡Una carretilla eléctrica! –se me ocurre instantes antes de ver como revienta un Chevrolet sin esfuerzo-. ¡Kak!
    ¡Un camión de bombero! –apenas pensarlo me doy cuenta que no va a haber suerte-. ¡Kak!
    ¡Dónde hay unas obras cuando se necesita una retroexcavadora! –gimo amargamente-. ¡Kak!
    ¡Eh! ¿Qué es eso que hay en el suelo cerca del gólem! –pienso mientras afino la vista-. Vaya, ¿no había una opción mejor? Joder, no se me ocurre nada mejor.
    Mientras me dirijo al coche para ver si encuentro algo para levantar la enorme tapa de alcantarilla que hay junto a nuestro descontrolada marioneta, no puedo dejar de refunfuñar.
    ¿No había una opción mejor?
    Ya de vuelta con una palanqueta en la mano, decido guardar mi Vektor ya que no me va a servir de nada. Esquivo al gólem y me pongo manos a la obra. Por lo visto los italianos aún están aturdidos al ver como han “acariciado” a su compañero. Mejor.
    Está atrancada. Vaya, nada es fácil y sencillo. Tengo que hacerlo antes de que se percate que estoy aquí.
    ¡Plooonk! ¡Klonk, klonk, klonk!
    -¡Kaaaak! –maldigo mientras observo como se gira el gólem.
    Estoy demasiado cerca de él. Me lanza un manotazo que apenas puedo parar interponiendo la palanqueta que se va a hacer puñetas. Mi brazo queda aturdido por la sacudida. Comienzo a gatear en la dirección adecuada para que el avance del bruto pase por el agujero. Avanza un paso al tiempo que me lanza otro manotazo. Y, cuando pienso que no me salvo del trancazo, veo por el rabillo del ojo como la trayectoria de su brazo y del resto de su cuerpo se inclina hacia el suelo.
    ¡Premio!
    Mientras recupero el resuello, observo como el gólem ha quedado trabado en el agujero, con una pierna mal doblada fuera del mismo y la otra encajada a la altura de la cintura. Prácticamente no puede maniobrar pero sigue lanzando manotazos descontroladamente. Me pregunto si será capaz de salir del atolladero. Confío que no.
    -Espero que a mis compañeros les vaya mejor –musito por lo bajo, algo más relajado, mientras vigilo desde una distancia prudencial al gólem “enjaulado”.

  2. – Bien hecho, Patrick –le grito a Van Wyk, felicitándole por haber atrapado al grotesco monstruo en el agujero de la alcantarilla.
    Mientras mi compañero se encargaba del Golem, yo me he mantenido ocupado intercambiando un poco de plomo con los italianos que quedan en pie. Tras pasárseles el susto de ver a la increíble criatura lanzando mamporros a diestro y siniestro, abollando coches, papeleras, farolas, contenedores y todo lo que estaba a su paso, los hombres de Martinelli se han envalentonado intentando avanzar hacia la entrada del local de los judíos. Se nota que no todos son tan novatos como el chico de la escopeta, pues mantienen bien la cobertura protegiéndose unos a otros y avanzando con perfecta sincronía bajo la lluvia de proyectiles. Pero yo tampoco soy nuevo en esto, y además se contar. Me quedan seis balas y quedan cuatro espaguetis. Creo que será suficiente.
    Aguardo protegido detrás de un coche a que hagan un nuevo movimiento, y cuando uno de ellos se adelanta buscando una cobertura mas cercana, protegido por los disparos de su compañero, yo hago lo mismo lanzándome a toda prisa tras un contenedor. Aprieto el gatillo dos veces mientras me muevo. El primer tiro falla por las prisas y el movimiento. El segundo lo alcanza bajo el hombro derecho, dejándolo aturdido. Desde mi nueva posición, marcho hacia los italianos manteniéndome agachado y pegado a la pared, y realizo dos disparos. El primero alcanza al objetivo en el pómulo izquierdo, no lo mata pero tendrá que gastarse una pasta en el dentista para quedar como nuevo otra vez. El segundo tiro se pierde en la lejanía, sin causar daño a nadie.
    Los dos italianos que quedan deciden jugársela, y salen de su cobertura para tener una mejor visión de mí. Mala decisión para uno de ellos, al cual alcanzo en el abdomen, dejándole un pequeño agujero que lo mantendrá absorto en la abundante sangre que comienza a manar bajo su camisa blanca. Pero el último que queda ha aprovechado la situación y me ha disparado en la pierna derecha, por lo que suelto un grito mientras caigo al suelo, herido y sangrante. Puto italiano de pacotilla, solo ha tenido suerte y nada más.
    – No deberíais haberos entrometido en los asuntos del jefe, chico –me dice aquel tipo en un susurro, mientras me sonríe siniestramente a la vez que me apunta con su arma-. Recuerdos de Martinelli, cara culo.
    Entonces el matón aprieta el gatillo y dispara, pero algo le desvía el brazo justo a tiempo, a la vez que se oye un potente estruendo. Es Patrick, el cual ha recogido la escopeta del muchacho de las costillas rotas y le ha metido una buena andanada en el cuerpo a este tipo. Herido de gravedad, el hijoputa aun tiene tiempo de volver a intentar encañonarme, pero ahora me aprovecho yo de los segundos que me ha otorgado Van Wyk y recojo mi Beretta 92 del suelo, con una solitaria bala en el cargador. Suficiente para volarle la azotea al italiano, esparciendo sangre y restos cerebrales alrededor del cuello de su caro traje a rayas.
    – Dale tú recuerdos a Martinelli, cuando lo frían en la silla eléctrica te hará compañía –le grito al mafioso, pero su cadáver ya no me escucha.
    Con un gesto de asentimiento, le doy las gracias a Patrick por su ayuda mientras empiezo a vendarme la herida de la pierna. Ahora toca hacer algo con el Golem, no me parece que vaya a permanecer ahí mucho tiempo. El monstruo no para de rugir furiosamente, mientras lanza manotazos al aire intentando alcanzarnos sin éxito. Es entonces cuando me doy cuenta de que en la frente de la criatura parece que haya una palabra grabada en su frente. Juraría que son las letras E-M-E-T.
    – ¿Has visto eso, Patrick? –le señalo a mi compañero aquellas misteriosas letras-. ¿Crees que significa algo?
    – Hummm…, no estoy muy seguro, pero creo que “Emet”, en hebreo, significa “Verdad”. ¿Por qué le habrán tatuado algo así en la frente?
    Intento estrujarme la mente pensando en algo, pero no lo consigo. El monstruo no tardará mucho en salir de su prisión, tenemos que detenerlo ya o de lo contrario habrán más víctimas inocentes que caerán bajo su incontrolada furia destructora. Se me ocurre decirle a Van Wyk que use uno de sus cacharros tecnológicos para buscar algún significado sobre Golem y Verdad, pero antes de decirle nada ya me está enseñando una pantalla con los resultados. Piensa mucho más rápido que yo, este chico es brillante.
    – ¡Mira O’Sullivan, tengo la clave! –me dice extasiado-. Según las antiguas leyendas hebreas, el espíritu del Golem puede ser detenido si se borra la primera letra de la palabra “EMET”, pues la palabra resultante, “MET”, significa para los judíos Muerte. La destrucción de la criatura.
    – ¡Claro, diantres, es lo que intentaba decirme por teléfono el anticuario John Reeves! Tenemos que borrarle de la frente la primera letra.
    Mientras Patrick y yo nos miramos, el Golem empieza a usar su gran fuerza sobre el asfalto, arrancando fragmentos a su alrededor con gran frenesí. La pregunta silenciosa que nos hacemos mi compañero y yo es como diablos vamos a conseguir desactivar al monstruo sin que éste nos haga pedazos, y antes de que salga de su prisión.

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