May 022012
 

O’Sullivan se lamenta mientras cubre la retirada por la cocina del Skyway. Maldita sea, nos han pillado en una ratonera y venían con artillería suficiente para destrozar un tanque. No es mi estilo dejar a trás a nadie, pero Miles es un profesional y alguien debe hacerse cargo de los pipiolos. Los disparos siguen sonando cada vez más lejanos hasta que logran escabullirse por un callejón trasero que da acceso a un pequeño solar en construcción. Parece que no hay más heridos, conmocionados y algo confusos pero indemnes.

– Parson, pilla el Mustang y acércalo a la calle trasera, creo que es Eldridge Street. Se discreto y lleva los ojos abiertos. Ten preparado el motor en marcha. ¿Sabes usar una de estas? – le digo mientras le tiendo un pequeño revolver. Sin esperar a que conteste sigo dando órdenes – Malone, cubre al chico. Salid por el solar hasta el callejón trasero. Patrick, pide refuerzos a CJ y una ambulancia, creo que Miles está herido…

Están asustados, pero son eficientes y saben que en estos momentos se precisa disciplina. Con un gesto afirmativo, Parson y Malone empiezan a atravesar los cascotes en construcción del solar de forma sigilosa.

¿Qué vas a hacer tu, O’Sullivan? – Espeta secamente Patrick mientras no para de teclear en un terminal.

– Voy a entrar al infierno, no creas que abandonaremos a Miles.

Los trabajadores del local siguen en el suelo escondidos y quitando los chillidos agudos de una camarera, se mantienen fuera de la linea de tiro esperando a que pase el vendaval. Camino con paso seguro buscando cobertura en los pilares mientras escucho. Parece que quedan un par de italianos en el salón, intento ubicarlos por su conversación…

– Sono fuggiti e hanno ferito qui. Il signor Martinelli non sarà felice…

Sin esperar més, salgo de la cocina abriendo fuego con mi automática sobre el interlocutor. Tres disparos son suficientes para asegurar su baja y tiempo suficiente para ubicar al otro matón que empuña un fusil automático. Sin embargo, el tipo es un profesional y lanza una descarga mientras se cubre hábilmente, forzándome a buscar refugio tras la barra. Una ráfaga rompe las botellas en trozos de cristal que caen pesadamente sobre mi. Buf, lo tengo mal, no hay salida y el tipo sabe que me tiene atrapado. Lanzo un par de disparos sin ton ni son para retrasar su avance pero estoy a su merced. Apenas veo el cuerpo de Miles, inmóvil cerca de la mesa y sobre un tipo enorme que sangra a borbotones. Intento salir sin éxito de mi posición y hasta lamento no haber sido más prudente. Un par de ráfagas más me obligan a cubrirme de nuevo, cosa que permite al matón italiano ganar un lateral de la barra con buena posición. Ahora estoy a su merced…

– Maledetto bastardo, ti giuro che ne pentirai…

¡Bang! Un único disparo resuena en mis oídos y el maldito italiano cae a plomo mientras sus sesos salen desparramados por el disparo de gran calibre que lo ha abatido.

Todo limpio, ya puedes salir O’Sullivan, acuclillado tras la barra pareces un polluelo asustado – dice una voz femenina.

Despacio y con cuidado, salgo de mi posición para ver a una rubia despanpanante vestida en cuero negro de motera. Ahora ato cabos, nos ha estado siguiendo desde el principio, lo cual lleva a pensar que era nuestra “niñera” de AECorp. Lleva una Magnum de gran tamaño con el cañón humeante y está comprobando el estado de Miles. Un gesto de preocupación borra su preciosa sonrisa.

Está muy mal, puede que no lo cuente. CJ se va a enfadar… Esto no tenia que ocurrir. – Con movimientos profesionales, empieza a contener las múltiples hemorragias de Miles que no se mueve y hace un rato que parece no respirar. Sostiene en una mano un cuchillo militar y en la otra una carta de tarot que representa la muerte…

– Patrick ha pedido refuerzos a la central y una ambulancia. No deben tardar. ¿Eres de AECorp? – pregunto un tanto sorprendido.

Me llamo Patricia Stander, Pat para los amigos. CJ me puso a lameros el culete para que no os metierais en problemas, pero parece que la cosa ha ido peor de lo esperado. Martinelli debe estar desesperado por el libro para lanzar un ataque directo de esta manera.

– ¿El libro? ¿Qué libro? Este asunto era una simple extorsión por un solar… – Comento sorprendido.

El libro, Tobias lo encontró en Praga y está aprendiendo a utilizarlo. Martinelli lo quiere y esta guerra abierta solo tiene un objetivo. – Explica Pat. Se escuchan sonidos de ambulancia y policía acercándose – Lárgate ya, y cuida del resto del equipo. Este movimiento sugiere una guerra abierta y las cosas se van a poner muy calientes. No deben encontrarte aquí, eres demasiado valioso. Ahora que Miles ha caído tu eres el hombre de la casa.

Asiento de forma profesional y reculo hasta la cocina. Los asiáticos ya recuperados del shock inicial lanzan gritos desdeñosos quejándose de los desperfectos. Los ignoro. Nos ha costado perder a Miles para que AECorp nos confíe el verdadero motivo de la misión. No me gusta. Me reúno con Patrick en el callejón y avanzamos hasta el Mustang, dónde nos esperan Parson y Malone. Una vez en el Ford Mustang, les relato mi encuentro con Pat y la preocupación con respecto al estado de Miles. Pero no es lo único que ponemos en común…

Acabo de recibir unas imagenes de la cámara de seguridad de los Hijos de Moises – comenta van Wyk – Alguien ha intentado entrar al local y se ha armado un tiroteo. Una guerra campal diria yo, pero ¿sabes qué? En mitad de ese infierno hay un tipo enorme al que le rebotan las balas que está protegiendo el fuerte…

Sin duda, el ser que describe Patrick es un gólem, un ser animado al servicio de su creador que sin duda es el responsable de los huesos rotos de Rufus. Como decían las cartas, un Mago se esconde tras los sucesos y la presencia del mal se hace evidente. – sentencia Malone, que ha guardado su baraja en su abrigo.

La clave es Tobias y el dichoso libro de Praga. – comento preocupado.

Si, ya sabia yo, que una rubia así era un regalo del Destino – murmura Parson, ajeno a los acontecimientos recientes… – menudo bombón, esa Patricia.

Veamos, tenemos dos frentes. Infiltrarnos en Florio’s y averiguar los planes de Martinelli o sumarnos a la defensa del local de los Hijos de Moises. La lógica nos dicta que Martinelli no tiene el libro y que piensa que está en el local, posiblemente en manos de Tobias, el asalto tiene un único objetivo y somos los únicos que podemos impedirlo.

Conduzco el Ford Mustang azul con brusquedad mientras intento digerir los últimos acontecimientos. Aún no puedo creerme que Miles haya caído, espero que los chicos de AE Corp puedan hacer algo por él. Sin el experto en combate, me toca llevar a mi la voz cantante en cuanto a armas se refiere. A mi lado está Parson, intentando localizar en uno de sus chismes tecnológicos la ruta más rápida para llegar al local de los Hijos de Moisés. Debemos ir lo más rápido posible o de lo contrario los chicos de Martinelli se harán con el libro de Tobías, y lo único que encontraremos serán los cadáveres de los judíos. En la parte trasera del automóvil están Patrick y Malone, el primero averiguando lo que ocurre en el local y sus alrededores, y el segundo barajando su mazo de cartas en completo silencio. Un ambiente de tristeza y abatimiento reina en el coche, así que decido romper mi mutismo para animar un poco el espíritu de los muchachos.

– Chicos, todos estamos afectados por la caída de Miles, pero ahora no es el momento de echarnos a llorar. Incluso tal vez no sea demasiado tarde y aún tenga opciones de salir de ésta. Pero creo que la mejor forma de honrarle es seguir adelante con esta misión, sobretodo ahora que empezamos a ver las cosas más claras. Y para alcanzar con éxito nuestro objetivo, que tened por seguro que es patearle el culo a ese espagueti de Martinelli y ponerlos a todos entre rejas, debemos estar centrados y dejar a un lado nuestras emociones. Yo solo no puedo hacerlo, así que os necesito a los tres en plenas facultades. ¿Qué me decís, estáis conmigo hasta el final?

Sin embargo, antes de que nadie pueda responder, suena mi teléfono móvil, y maldiciendo la inoportunidad del zumbido electrónico lo conecto al manos libres. Enseguida suena una voz que me es familiar, la del anticuario cojo llamado John Reeves, al que le había mandado un mensaje pidiendo información sobre el Golem. Y esta es su respuesta:

– O’Sullivan, lo que le voy a contar creo que no va a gustarle nada. Según mis conocimientos sobre el mundo oculto, la criatura llamada Golem es un ser mágico que aparece en las leyendas medievales de origen judío. Al parecer, se trata de una estatua hecha de barro o arcilla al que un espíritu del otro mundo le confiere vida, animando dicha forma. La criatura no es inteligente, solo es un artefacto que obedece la voluntad de su creador. Sobre la forma de “desconectarlo” o destruirlo, existen diversos métodos, uno de los cuales es col..ar.. una … h… en …

Maldición, lo que faltaba, a medida que nos acercamos a nuestro destino la cobertura se ha ido diluyendo. La comunicación con Reeves se ha vuelto imposible, pero es igual, ya enfilo directamente sobre los edificios de poca altura que señalan el principio de Henry Street. En el 135 se encuentra la Congregación de los Hijos de Moisés, y justo enfrente el New Life chino. Creo recordar que al lado se ubicaba un estrecho callejón oscuro que terminaba en una valla metálica, que comunica Henry Street con Madison Street. Quizá ese pasaje pueda sernos de alguna utilidad…

Estamos llegando. Cierro el portátil y lo meto en mi mochila, en la espalda, y echo mano de mi Vektor SP1 de 9mm y recuerdo porqué dejé el Comando Sudafricano de Oudtshoorn. Estábamos al servicio del departamento de policía, éramos voluntarios a tiempo parcial y protegíamos a las poblaciones y granjas de ladrones, asaltantes, violadores y otros desechos humanos… Y aquel día, en la granja Langenhoven, tuvimos que matar a tres subnormales que violaron y mataron a las mujeres de la casa y quemaron los cultivos. Y por el simple hecho de ser negros nos llamaron racistas.

Vuelvo a la realidad, molesto con mis compatriotas, con los arteros italianos e incluso con los sibilinos judíos. Como ese dichoso libro caiga en mis manos lo quemo y se lo mando a los italianos para que se lo metan por el culo. Pero eso sería adelantar acontecimientos. Ante todo sangre fría que ya hemos tenido más bajas de las asumibles.

El coche comienza a reducir la marcha y veo al fondo el follón montado ante la Congregación de los Hijos de Moisés. Una furgoneta está estampada contra las puertas, pero unos metros por delante se ve una enorme mole, remotamente humanoide, que avanza parsimoniosamente hacia una tienda de la acera de enfrente mientras recibe algún que otro tiro. Los chicos de Martinelli están reculando hacia la tienda a los cuatro pies. Frunzo el ceño y me giro para hablar con O’Sullivan:

Creo que deberíamos sorprender a los matones de Martinelli e intentar reducirlos. –comento con voz firme, intentando demostrarle al veterano policía que puedo echarle una mano- Ellos están pegando tiros y, por tanto, son más peligrosos que ese jarrón con patas y los ricitos hebreos del edificio. La tienda tiene salida al callejón así que mientras yo los entretengo desde la calle puedes entrar y pillarlos por sorpresa por detrás. Mientras tanto, Parson y Malone pueden entrar en el edificio y, a la vez que echan una mano, ver si pueden aclarar las cosas ahí dentro.
O’Sullivan me mira penetrantemente durante un largo e incómodo momento que acaba en un pausado asentimiento.

-Parson, Malone, id al edificio a ver que podéis hacer, pero tened cuidado. –les dice O’Sullivan- Y tú, vaquero, no te hagas el héroe –me dice antes de encaminarse hacia el callejón.

Avanzo hasta un coche que hay a varios metros de la tienda donde se están refugiando los italianos y preparo mi Vektor para empezar la fiesta. En cuanto veo a O’Sullivan junto a la puerta lateral de la tienda comienzo el recital y pronto cae un italiano con las rodillas agujereadas. El resto parece desconcertado, sonrío.

-Tranquilos, no pienso mataros –musito por lo bajo.

Parece que ha llegado la hora de la acción.

Mientras reviso mi Smith & Wesson Governor intento recordar cuando fue la última vez que lo disparé. No sabría precisarlo. Hace tiempo. Mucho tiempo. Bueno, no hay problema. Retiro la munición .45 Colt y le inserto unos buenos cartuchos de escopeta. Nada de los de matar pajaritos, si no los de matar pajarracos. Con esto seguro que le acierto a algo. Aun así, preparo algunos cargadores simultáneos con las diversas municiones que puedo disparar.

En silencio recito unas oraciones a todos los poderes que quieran protegerme y ayudarme. Estoy preparado.

Todo parece un poco confuso. Estos aficionados han decidido actuar sin ni siquiera acordar un plan con el resto del equipo. Harry el sucio y Ethan Hunt parlotean sobre no se que, y se van cada uno por su lado. No importa. Solo son peones. Las cartas ya están sobre el tapete.

Parece que quieren que entre en el local.

El libro es la clave.

La rueda de la fortuna ha empezado a girar.

¿Pero que coño esta pasando aquí? Esto es una puta locura, todos están preparando la artillería y parecen que quieren solucionar esto a tiros.

Voy a ver si puedo colarme en el edificio de los judíos y un poco de luz sobre esto.– Les digo a mis compañeros mientras salgo del coche, con mi pistola y me acerco al edificio dando un rodeo. Estoy a punto de llegar, pero esto es un jodido infierno. Con balas perdidas por todos los lados. Menos mal que Malone me ayuda abriendo paso con su Colt.

– Parece que esta es la mía Malone, yo me adelanto. Sígueme cuando puedas.

Me encaramo a la verja y de allí me cuelo por un ventanuco del edificio de los judíos. Que suerte, esto son los retretes y definitivamente necesitan una limpieza urgente. Por lo menos esta vacío y parece que el ruido viene de la sala principal, donde nos reunimos con Toby. Me acerco sigilosamente y veo un panorama sacado de un episodio de Buffy. Estos tíos están más flipados que un grupo de adolescentes góticos. Mientras los italianos están pegando tiros en la calle, ellos están haciendo una especie de misa. Por lo menos están rezando de espaldas a mi, mientras Tobias Singler esta en frente de un atril soportando un viejo libro. Además parece que esta colocado, porque tienen los ojos en blanco y parece fuera de si.

– Esta es la mía- me digo. –Sólo tengo que coger el libro, y echar a correr antes de que se den cuenta. Acerco la mano, y cojo el libro. Sin embargo algo pasa, como si un trueno hubiese caído en la calle. Las cristaleras explotan y Tobias se desploma como un epiléptico.

– ¡Mierda, mierda, mierda…!- los judíos me han visto y no parecen muy contentos. Toca correr chaval.

 Publicado por a las 16:55

  4 comentarios en “Asalto Nocturno”

  1. Conduzco el Ford Mustang azul con brusquedad mientras intento digerir los últimos acontecimientos. Aún no puedo creerme que Miles haya caído, espero que los chicos de AE Corp puedan hacer algo por él. Sin el experto en combate, me toca llevar a mi la voz cantante en cuanto a armas se refiere. A mi lado está Parson, intentando localizar en uno de sus chismes tecnológicos la ruta más rápida para llegar al local de los Hijos de Moisés. Debemos ir lo más rápido posible o de lo contrario los chicos de Martinelli se harán con el libro de Tobías, y lo único que encontraremos serán los cadáveres de los judíos. En la parte trasera del automóvil están Patrick y Malone, el primero averiguando lo que ocurre en el local y sus alrededores, y el segundo barajando su mazo de cartas en completo silencio. Un ambiente de tristeza y abatimiento reina en el coche, así que decido romper mi mutismo para animar un poco el espíritu de los muchachos.
    – Chicos, todos estamos afectados por la caída de Miles, pero ahora no es el momento de echarnos a llorar. Incluso tal vez no sea demasiado tarde y aún tenga opciones de salir de ésta. Pero creo que la mejor forma de honrarle es seguir adelante con esta misión, sobretodo ahora que empezamos a ver las cosas más claras. Y para alcanzar con éxito nuestro objetivo, que tened por seguro que es patearle el culo a ese espagueti de Martinelli y ponerlos a todos entre rejas, debemos estar centrados y dejar a un lado nuestras emociones. Yo solo no puedo hacerlo, así que os necesito a los tres en plenas facultades. ¿Qué me decís, estáis conmigo hasta el final?
    Sin embargo, antes de que nadie pueda responder, suena mi teléfono móvil, y maldiciendo la inoportunidad del zumbido electrónico lo conecto al manos libres. Enseguida suena una voz que me es familiar, la del anticuario cojo llamado John Reeves, al que le había mandado un mensaje pidiendo información sobre el Golem. Y esta es su respuesta:
    – O’Sullivan, lo que le voy a contar creo que no va a gustarle nada. Según mis conocimientos sobre el mundo oculto, la criatura llamada Golem es un ser mágico que aparece en las leyendas medievales de origen judío. Al parecer, se trata de una estatua hecha de barro o arcilla al que un espíritu del otro mundo le confiere vida, animando dicha forma. La criatura no es inteligente, solo es un artefacto que obedece la voluntad de su creador. Sobre la forma de “desconectarlo” o destruirlo, existen diversos métodos, uno de los cuales es col..ar.. una … h… en …
    Maldición, lo que faltaba, a medida que nos acercamos a nuestro destino la cobertura se ha ido diluyendo. La comunicación con Reeves se ha vuelto imposible, pero es igual, ya enfilo directamente sobre los edificios de poca altura que señalan el principio de Henry Street. En el 135 se encuentra la Congregación de los Hijos de Moisés, y justo enfrente el New Life chino. Creo recordar que al lado se ubicaba un estrecho callejón oscuro que terminaba en una valla metálica, que comunica Henry Street con Madison Street. Quizá ese pasaje pueda sernos de alguna utilidad…

  2. Estamos llegando. Cierro el portátil y lo meto en mi mochila, en la espalda, y echo mano de mi Vektor SP1 de 9mm y recuerdo porqué dejé el Comando Sudafricano de Oudtshoorn. Estábamos al servicio del departamento de policía, éramos voluntarios a tiempo parcial y protegíamos a las poblaciones y granjas de ladrones, asaltantes, violadores y otros desechos humanos… Y aquel día, en la granja Langenhoven, tuvimos que matar a tres subnormales que violaron y mataron a las mujeres de la casa y quemaron los cultivos. Y por el simple hecho de ser negros nos llamaron racistas.
    Vuelvo a la realidad, molesto con mis compatriotas, con los arteros italianos e incluso con los sibilinos judíos. Como ese dichoso libro caiga en mis manos lo quemo y se lo mando a los italianos para que se lo metan por el culo. Pero eso sería adelantar acontecimientos. Ante todo sangre fría que ya hemos tenido más bajas de las asumibles.
    El coche comienza a reducir la marcha y veo al fondo el follón montado ante la Congregación de los Hijos de Moisés. Una furgoneta está estampada contra las puertas, pero unos metros por delante se ve una enorme mole, remotamente humanoide, que avanza parsimoniosamente hacia una tienda de la acera de enfrente mientras recibe algún que otro tiro. Los chicos de Martinelli están reculando hacia la tienda a los cuatro pies. Frunzo el ceño y me giro para hablar con O´Sullivan:
    -Creo que deberíamos sorprender a los matones de Martinelli e intentar reducirlos –comento con voz firme, intentando demostrarle al veterano policía que puedo echarle una mano-. Ellos están pegando tiros y, por tanto, son más peligrosos que ese jarrón con patas y los ricitos hebreos del edificio. La tienda tiene salida al callejón así que mientras yo los entretengo desde la calle puedes entrar y pillarlos por sorpresa por detrás. Mientras tanto, Parson y Malone pueden entrar en el edificio y, a la vez que echan una mano, ver si pueden aclarar las cosas ahí dentro.
    O’Sullivan me mira penetrantemente durante un largo e incómodo momento que acaba en un pausado asentimiento.
    -Parson, Malone, id al edificio a ver que podéis hacer, pero tened cuidado –les dice O’Sullivan-. Y tú, vaquero, no te hagas el héroe –me dice antes de encaminarse hacia el callejón.
    Avanzo hasta un coche que hay a varios metros de la tienda donde se están refugiando los italianos y preparo mi Vektor para empezar la fiesta. En cuanto veo a O’Sullivan junto a la puerta lateral de la tienda comienzo el recital y pronto cae un italiano con las rodillas agujereadas. El resto parece desconcertado, sonrío.
    -Tranquilos, no pienso mataros –musito por lo bajo.

  3. Parece que ha llegado la hora de la acción.

    Mientras reviso mi Smith & Wesson Governor intento recordar cuando fué la última vez que lo disparé. No sabría precisarlo. Hace tiempo. Mucho tiempo.
    Bueno, no hay problema. Retiro la munición .45 Colt y le inserto unos buenos cartuchos de escopeta. Nada de los de matar pajaritos, si no los de matar pajarracos. Con esto seguro que le acierto a algo. Aun así, preparo algunos cargadores simultaneos con las diversas municiones que puedo disparar.

    En silencio recito unas oraciones a todos los poderes que quieran protegerme y ayudarme.

    Estoy preparado.

    Todo parece un poco confuso. Estos aficionados han decidido actuar sin ni siquiera acordar un plan con el resto del equipo.
    Harry el sucio y Ethan Hunt parlotean sobre no se que, y se van cada uno por su lado. No importa. Solo son peones. Las cartas ya están sobre el tapete.

    Parece que quieren que entre en el local.

    El libro es la clave.

    La rueda de la fortuna ha empezado a girar.

  4. ¿Pero que coño esta pasando aquí? Esto es una puta locura, todos están preparando la artillería y parecen que quieren solucionar esto a tiros.
    – Voy a ver si puedo colarme en el edificio de los judíos y un poco de luz sobre esto.- Les digo a mis compañeros mientras salgo del coche, con mi pistola y me acerco al edificio dando un rodeo. Estoy a punto de llegar, pero esto es un jodido infierno. Con balas perdidas por todos los lados. Menos mal que Malone me ayuda abriendo paso con su Colt.
    – Parece que esta es la mía Malone, yo me adelanto. Sigueme cuando puedas.-
    Me encaramo a la verja y de allí me cuelo por un ventanuco del edificio de los judíos. Que suerte, esto son los retretes y definitivamente necesitan una limpieza urgente. Por lo menos esta vacío y parece que el ruido viene de la sala principal, donde nos reunimos con Toby.
    Me acerco sigilosamente y veo un panorama sacado de un episodio de Buffy. Estos tíos están más flipados que un grupo de adolescentes góticos. Mientras los italianos están pegando tiros en la calle, ellos están haciendo una especie de misa. Por lo menos están rezando de espaldas a mi, mientras Tobias Singler esta en frente de un atril soportando un viejo libro. Además parece que esta colocado, porque tienen los ojos en blanco y parece fuera de si.
    – Esta es la mia- me digo. –Sólo tengo que coger el libro, y echar a correr antes de que se den cuenta- Acerco la mano, y cojo el libro. Sin embargo algo pasa, como si un trueno hubiese caído en la calle. Las cristaleras explotan y Tobias se desploma como un epiléptico.
    – ¡Mierda, mierda, mierda…!- los judíos me han visto y no parecen muy contentos. Toca correr chaval.

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