Mar 022012
 

Susan Allison lleva tiempo trabajando con CJ en AECorp. Se considera una secretaria eficiente y muy competente, junto con sus otros encantos le han permitido llegar a una posición envidiable para cualquier asistente personal. Susan piensa que CJ es un buen jefe, organizado y profesional, que respeta a sus subordinados. Un tipo que adora su trabajo de instructor, muy a pesar de las maldiciones que lanza continuamente al respecto. Además, llevarle un café bien cargado con dos chocolatinas Hershey’s y dejar entrever su generoso escote es suficiente como para que olvide su mal genio y cambie su cara por una sonrisa boba.

Señor Jackson, aquí tiene su almuerzo. Me he permitido la libertad de incluir un par de esas chocolatinas que adora… – Comenta Susan mientras se inclina lo suficiente para depositar la bandeja en la mesa de Christofer.

Cj levanta la vista del monitor con cara de enfado y dirige sus ojos al escote de su secretaria. Su expresión de enfado se diluye y murmura con esa voz tenue y agradable que guarda para momentos especiales:

Umm, gracias Susan. Eres un encanto… La verdad es que necesitaba las… chocolatinas. El trabajo se complica y no se si el nuevo grupo estará a la altura.

– Siempre es complicado al principio, pero siempre consigue hacer de ellos agentes competentes, señor. Por cierto, este memorando urgente acaba de llegar. Creo que viene de la oficina de Bachtown…

CJ hojea el memorando rápidamente mientras Susan empieza a retirarse. Son los expedientes de dos nuevos agentes, junto con una nota de Rick:

CJ, te envío a dos nuevos reclutas para completar el NY7. Creo que encajarán en el equipo, de modo que estarán en tu despacho a última hora junto al agente Patrick van Wyk que ha sido convenientemente reprendido. Se bueno con ellos, Christofer.

Richard Bachtown

No puede evitar lanzar una de sus maldiciones antes de morder uno de sus Hershey’s:

Maldita sea, aún tengo a los nuevos más verdes que un pimiento y me asignan otra pareja de pipiolos… Odio este trabajo… Susan, encarga más pañales, el despacho está a punto de convertirse en una granja de cerditos cagones…

– Sí señor, entendido, les pongo al día en el asunto Martinelli les entrego el equipo básico y las identificaciones. ¿Les envío con Parson y O’Sullivan?

– No, tengo a Pat cubriéndoles las espaldas y es mejor no remover la colmena de Martinelli en exceso. Es mejor que se encarguen de hablar con el rabino Jacok Barash en la Sinagoga de Lower East Side en 280 en Broome Street. Veamos si debajo de ese montón de testosterona, tienen lo que hace falta para conseguir información valiosa.

¡Kak! ¡Odio el Caribe! Que si humedad, que si tormentas tropicales, que si interferencias en las comunicaciones. ¡Kak! Apenas he podido comunicarme un momento con Jim mientras esperaba en el aeropuerto de San Juan. Menos mal que ya he llegado. Y la señorita Allison ha sido tan amable de explicarme cómo estaba la situación. Por lo visto el señor CJ estaba muy ocupado. Por mi bien. Ahora a ver si puedo arreglar un poco este cuchitril mientras llegan los demás. He visto un par de monitores en un rincón y una tele de 40” cogiendo polvo en el pasillo. Perfecto. Colocaré la tele encima de ese archivador y ya tendremos pantalla para el equipo. Aprovecharé para hacer un pequeño servidor con el equipo de mi mesa, conectarlo a mi terminal y a mi servidor de Setar, y le enchufaré los monitores extra, así podré manejar más información a la vez cuando esté por aquí. Agh, y tendré que pillar ambientador en los chinos para amortiguar el olor a humedad.

Vaya, parece que me dará tiempo de adelantar faena antes de que asomen los demás. A ver, tenemos que visitar la Sinagoga de Lower East Side, en el 280 de Broome Street. Vamos a hacer unas cuantas referencias cruzadas incluyendo la info de Jim a ver que saco: rabino Jacok Barash, Jebediah Moustake, Broome Street, Martinelli, Tobias Sigler, Praga, …
Mmm, el primer enlace parece extraño, un relato de un rabino de Praga, Judah Loew ben Bezalel, vamos a ver…

Avanzaba por el pasillo consultando el móvil. Philippe no había respondido. Si conocía a alguien que podía informarme sobre los expertos en cábala en esta ciudad, sobre todo los más valorados en la comunidad judía, era él. Había estado un poco alejado de los ambientes ocultistas, pero aún mantenía algún contacto del pasado. El pasado. Por mucho que uno corra siempre lo tiene pegado detrás. Y los recuerdos…

Al llegar al final del pasillo intenté apartar de mi mente los motivos por los que me encontraba en este lugar. Los verdaderos motivos. Me detuve en el umbral de un despacho. Un agente, como yo, otro peón del destino, operaba sobre las computadoras con frenesí. No encontrará el verdadero conocimiento en ellas. Aunque como nunca lo sabrá, supongo que tampoco llegará a importarle.

Saqué de mi bolsillo mi viejo mazo y lo abrí al azar. Una arcano se mostró ante mí.

La carta representaba la figura de un hombre de pie, situado frente a una mesa. Sobre la mesa se encontraban copas, monedas y espadas. Sostiene en la mano izquierda una varita de madera. Su mano derecha está libre y colgada a lo largo del cuerpo. Su sombrero representa el símbolo del infinito. Sus pies miran uno a la derecha y el otro a la izquierda, es decir, uno mira al futuro y el otro al pasado. La mesa tiene 3 patas, la triada. La tierra es marrón, el trabajo. La cesta con hierba, la armonía. Su cinturón divide el mundo en superior e inferior. Los bastos representan al fuego, el poder mental, los oros representan a la tierra y sus tesoros, las espadas al aire y la fuerza para modificar las cosas, las copas al agua o el saber acumulado.

Será suficiente para lo que está por llegar. Pronto lo descubriré.

– Hola – Dije simplemente, tras guardar mi viejo legado- Preparado para una excursión a la mítica Sion.

Mientras me cambio en los vestuarios, analizo mentalmente la información que la Srta. Allison me acaba de dar. Esto parece un ajuste de cuentas entre los judíos y los italianos, parece que tendré al fin un poco de acción. Últimamente había estado bastante parado con el cambio de agencia. Cuando termino de vestirme, reviso el equipo que me han dado: credenciales de AECorp, un móvil especial con varios adelantos técnicos en su interior y otros juguetitos que coloco en mi mochila y lo mas importante, una pistola automática que desmonto y vuelvo a montar mientras cronometro el tiempo… menos de un minuto, sigo en forma. La inspección es rápida pero precisa, me gusta revisar el equipo al empezar el día, dicen que las manías no las quita nadie.

Me dirijo al despacho donde me esperan mis compañeros, recordando las indicaciones de la voluptuosa secretaria de Jackson. A mi mente viene su escote y esa mirada lasciva que me dedicó al presentarse, pero por ahora la aparto de mi pensamiento y me concentro en la misión ya habrá tiempo después.

Al doblar la esquina de un pasillo veo a un tipo que se está guardando una especie de baraja de cartas en el bolsillo y desaparece por la puerta, creo que es el despacho donde me dirijo. Segundos después cruzo la puerta yo también, es hora de conocer al resto del equipo.

Buenas, soy Alexander Miles – Digo con tono amable pero firme, mientras dejo mi mochila en el suelo.

Tras las pertinentes presentaciones, los tres nuevos reclutas examinan el expediente del caso que han dejado en sus mesas que se agolpan en un espacio reducido y no demasiado acogedor. Los monitores que van Wik ha añadido en la sala hacen que el poco espacio disponible se vea reducido pero al menos, pueden contactar con Parson y O’Sullivan a través de los teléfonos personales de AECorp a través de videoconferencia y realizar un seguimiento GPS de su posición: se encuentran en el 135 de Henry Street. Al menos, la investigación en paralelo atenuará el problema de espacio en la oficina…

De repente las pantallas de los ordenadores de la sala se encienden mostrando un fondo de pantalla muy gracioso con un mono jugando con una nuke. Mientras suena una melodía electrónica repetitiva una voz juvenil indica:

Tarde, llegáis tarde y ya nos hemos acabado todos los donuts de la oficina… Acabo de enviar al servidor los datos actualizados de los hombres de Martinelli que hemos recopilado y revisando el log de sistema he visto que aún estáis en la oficina. A ver si espabiláis y podemos juntarnos en un restaurante thai para comer una vez acabéis con la misión en la sinagoga. Corto y cierro…

Con esa despedida, el monito suelta la nuke mientras dice “hasta la vista, baby” y se escucha el ruido de una explosión a volumen máximo por altavoz de la oficina antes de sumir a los ordenadores en un silencioso standby. Evidentemente, debe ser el doctor Parson, que ha activado el control remoto de los equipos a través de su terminal. La verdad es que es hora de ponerse en marcha y el primero que pille las llaves seguro que le toca el privilegio de conducir.

¿Doctor?… ¿Ese tío es doctor? Sí, doctor chiflado, eso es lo que es Parson. Tendré que hacer unos filtros exclusivos para sus “mensajitos”.

Aunque digna de un cómic-book dejaré la fantasiosa historia del Rabino de Praga para otro rato. Tendré que redirigir las búsquedas a mi boerje07 para seguir investigando en el coche. Me sentaré atrás y dejaré que conduzca otro.

Vaya, nos ha tocado un Pontiac. –comento alegremente mientras me dirijo hacia la puerta de atrás-. Un poco viejo pero resultón.

Abro la puerta de atrás, me siento sin mirar a mis compañeros y me enfrasco en mi juguetito. Salimos del garaje de AECorp. mientras sigo revisando las búsquedas, una noticia de 1995 llama mi atención.

-Oooh, ¡premio! –exclamo mientras giramos bruscamente hacia la derecha-. ¿No os parece extraño que salgan Jebediah Moustake, el rabino Jacok Barash y el “fotógrafo” Tobias Sigler en una misma noticia?

Viernes, 11 de Agosto de 1995. Donaciones para Little Italy: El joven Jebediah Moustake, reciente premio de Artes Plásticas de la ciudad de Nueva York dona su estatua “Derech Chaim” para la subasta benéfica que se realizará el día de San Genaro con el fin de recaudar fondos para recuperar la St. Patrick’s Old Cathedral School tras el incendio que afectó a varias calles del barrio de Little Italy. Junto a él, su mentor, el rabino Jacok Barash insiste en la colaboración entre comunidades para hacer más grande Nueva York. Pie de Foto: Tobias Sigler.

noticia

 Publicado por a las 23:54

  5 comentarios en “Refuerzos”

  1. ¡Kak! ¡Odio el Caribe! Que si humedad, que si tormentas tropicales, que si interferencias en las comunicaciones. ¡Kak! Apenas he podido comunicarme un momento con Jim mientras esperaba en el aeropuerto de San Juan. Menos mal que ya he llegado. Y la señorita Allison ha sido tan amable de explicarme cómo estaba la situación. Por lo visto el señor CJ estaba muy ocupado. Por mi bien. Ahora a ver si puedo arreglar un poco este cuchitril mientras llegan los demás. He visto un par de monitores en un rincón y una tele de 40” cogiendo polvo en el pasillo. Perfecto. Colocaré la tele encima de ese archivador y ya tendremos pantalla para el equipo. Aprovecharé para hacer un pequeño servidor con el equipo de mi mesa, conectarlo a mi terminal y a mi servidor de Setar, y le enchufaré los monitores extra, así podré manejar más información a la vez cuando esté por aquí. Agh, y tendré que pillar ambientador en los chinos para amortiguar el olor a humedad.
    Vaya, parece que me dará tiempo de adelantar faena antes de que asomen los demás. A ver, tenemos que visitar la Sinagoga de Lower East Side, en el 280 de Broome Street. Vamos a hacer unas cuantas referencias cruzadas incluyendo la info de Jim a ver que saco: rabino Jacok Barash, Jebediah Moustake, Broome Street, Martinelli, Tobias Sigler, Praga, …
    Mmm, el primer enlace parece extraño, un relato de un rabino de Praga, Judah Loew ben Bezalel, vamos a ver…

  2. Avanzaba por el pasillo consultando el móvil. Philippe no había respondido. Si conocía a alguien que podía informarme sobre los expertos en cábala en esta ciudad, sobre todo los más valorados en la comunidad judía, era él. Había estado un poco alejado de los ambientes ocultistas, pero aún mantenía algún contacto del pasado.

    El pasado. Por mucho que uno corra siempre lo tiene pegado detrás.

    Y los recuerdos…

    al llegar al final del pasillo intenté apartar de mi mente los motivos por los que me encontraba en este lugar. Los verdaderos motivos.

    Me detuve en el umbral de un despacho. Un agente, como yo, otro peón del destino, operaba sobre las computadoras con frenesí. No encontrará el verdadero conocimiento en ellas. Aunque como nunca lo sabrá, supongo que tampoco llegará a importarle.

    Saqué de mi bolsillo mi viejo mazo y lo abrí al azar. Una arcano se mostró ante mí.

    La carta representaba la figura de un hombre de pie, situado frente a una mesa. Sobre la mesa se encontraban copas, monedas y espadas. Sostiene en la mano izquierda una varita de madera. Su mano derecha está libre y colgada a lo largo del cuerpo. Su sombrero representa el símbolo del infinito. Sus pies miran uno a la derecha y el otro a la izquierda, es decir, uno mira al futuro y el otro al pasado. La mesa tiene 3 patas, la tríada. La tierra es marrón, el trabajo. La cesta con hierba, la armonía. Su cinturón divide el mundo en superior e inferior. Los bastos representan al fuego, el poder mental, los oros representan a la tierra y sus tesoros, las espadas al aire y la fuerza para modificar las cosas, las copas al agua o el saber acumulado.

    Será suficiente para lo que está por llegar. Pronto lo descubriré.

    – Hola. Dije simplemente, tras guardar mi viejo legado.

    – Preparado para una excursión a la mítica Sion.

  3. Mientras me cambio en los vestuarios, analizo mentalmente la información que la Srta. Allison me acaba de dar. Esto parece un ajuste de cuentas entre los judíos y los italianos, parece que tendré al fin un poco de acción. Ultimamente había estado bastante parado con el cambio de agencia. Cuando termino de vestirme, reviso el equipo que me han dado: credenciales de AE Corp, un móvil especial con varios adelantos técnicos en su interior y otros juguetitos que coloco en mi mochila y lo mas importante, una pistola automática que desmonto y vuelvo a montar mientras cronometro el tiempo…menos de un minuto, sigo en forma. La inspección es rápida pero precisa, me gusta revisar el equipo al empezar el día, dicen que las manías no las quita nadie.
    Me dirijo al despacho donde me esperan mis compañeros, recordando las indicaciones de la voluptuosa secretaria de Jackson. A mi mente viene su escote y esa mirada lasciva que me dedicó al presentarse, pero por ahora la aparto de mi pensamiento y me concentro en la misión ya habrá tiempo después.
    Al doblar la esquina de un pasillo veo a un tipo que se está guardando una especie de baraja de cartas en el bolsillo y desaparece por la puerta, creo que es el despacho donde me dirijo.
    Segundos después cruzo la puerta yo también, es hora de conocer al resto del equipo.
    -Buenas, soy Alexander Miles. Digo con tono amable pero firme, mientras dejo mi mochila en el suelo.

  4. Tras las pertinentes presentaciones, los tres nuevos reclutas examinan el expediente del caso que han dejado en sus mesas que se agolpan en un espacio reducido y no demasiado acogedor. Los monitores que van Wik ha añadido en la sala hacen que el poco espacio disponible se vea reducido pero al menos, pueden contactar con Parson y O’Sullivan a través de los teléfonos personales de AECorp a través de videoconferencia y realizar un seguimiento GPS de su posición: se encuentran en el 135 de Henry Street. Al menos, la investigación en paralelo atenuará el problema de espacio en la oficina…

    De repente las pantallas de los ordenadores de la sala se encienden mostrando un fondo de pantalla muy gracioso con un mono jugando con una nuke. Mientras suena una melodía electrónica repetitiva una voz juvenil indica:

    – Tarde, llegáis tarde y ya nos hemos acabado todos los donuts de la oficina… Acabo de enviar al servidor los datos actualizados de los hombres de Martinelli que hemos recopilado y revisando el log de sistema he visto que aún estáis en la oficina. A ver si espabiláis y podemos juntarnos en un restaurante thai para comer una vez acabéis con la misión en la sinagoga. Corto y cierro…

    Con esa despedida, el monito suelta la nuke mientras dice “hasta la vista, baby” y se escucha el ruido de una explosión a volumen máximo por altavoz de la oficina antes de sumir a los ordenadores en un silencioso standby. Evidentemente, debe ser el doctor Parson, que ha activado el control remoto de los equipos a través de su terminal. La verdad es que es hora de ponerse en marcha y el primero que pille las llaves seguro que le toca el privilegio de conducir.

  5. ¿Doctor?… ¿Ese tío es doctor? Sí, doctor chiflado, eso es lo que es Parson. Tendré que hacer unos filtros exclusivos para sus “mensajitos”.

    Aunque digna de un cómic-book dejaré la fantasiosa historia del Rabino de Praga para otro rato. Tendré que redirigir las búsquedas a mi boerje07 para seguir investigando en el coche. Me sentaré atrás y dejaré que conduzca otro.

    -Vaya, nos a tocado un Pontiac, –comento alegremente mientras me dirijo hacia la puerta de atrás-. Un poco viejo pero resultón. Abro la puerta de atrás, me siento sin mirar a mis compañeros y me enfrasco en mi juguetito. Salimos del garaje de AECorp. mientras sigo revisando las búsquedas, una noticia de 1995 llama mi atención.

    -Oooh, ¡premio! –exclamo mientras giramos bruscamente hacia la derecha-. No os parece extraño que salgan Jebediah Moustake, el rabino Jacok Barash y el “fotógrafo” Tobias Sigler en una misma noticia?

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