Mar 022012
 

La enfermera se dirige a una sala de espera dónde habla con un joven elegante y de buen aspecto, vestido con traje de diseñador italiano bien caro que está junto a un matón de formas no tan delicadas con una cicatriz en la cara y la nariz partida.

– Señor Rosso, la habitación está lista. ya pueden pasar a ver a Rafael. Le acabamos de poner calmantes y es posible que esté un poco atontado, pero ha recuperado la consciencia. No entiendo cómo es posible que una mala caída haya causado tantos daños…

– Prego bambina, una caída puede llegar a ser muy dolorosa. Rafaello se recuperará, el señor Martinelli cuida de los suyos. Grace!

Abramo Rosso, uno de los  abogados del señor Martinelli, indica a su compañero Ruggero que se levante, toca trabajar y el primer paso es ver qué tiene Rufus que contar. Uno de los más duros matones de Martinelli vapuleado de esa manera no es normal. Hay un nuevo jugador en la zona y esta es zona italiana, Martinelli no permitirá este desafió a su liderazgo y en cuanto se sepa quien es el atrevido visitante le van a coser a balazos antes de hundirlo en la bahía.

Mientras, en la habitación 234 O’Sullivan zarandea el abigarrado cuerpo del maltrecho Rufus. Tiene la mitad de los huesos partidos y por los moratones que embellecen su tosco rostro de luchador, de una potencia tremenda. Rufus, gime débilmente mientras el dolor le devuelve a la realidad y que permite que el agente de AEcorp pueda empezar la batería de preguntas contestadas débilmente entre susurros por un Rufus muy poco coherente:

– … un tipo enorme … sólo uno… silencioso y más bien torpe… callejón cerca de 135 de Henry Street… le pegué una tunda pero no caía… cansado ya, encajé un golpe… muy duro, casi como Tyson… intenté sacar la pipa… derecha, izquierda… no me acuerdo de más… ni una palabra… “merda gigante”…

Antes de que vuelvan los misteriosos acompañantes de Rufus, un Jim Parson muy activo se afana a remover sistemáticamente las pertenencias visibles de Rufus, con las prisas propias de la preocupación. Aparte de la hoja en hebreo no ve nada más interesante salvo…

– Vaya, este tipo aún usa uno de esos viejos móviles Symbian tan populares hace unos años. Seguro que nunca borra sus mensajes, ¡a la saca! Por cierto, acaba pronto con el interrogatorio tipo duro, se nos acaba el tiempo y parece que la parejita de italianos está al caer, aunque pensándolo bien,  ¿qué clase de italianos beberían café americano teniendo  como alternativa un estupendo capuccino con crema?

– Vamos pipiolo, el grandote se ha desmayado y no queremos que nos vean sus amigotes por aquí. tenemos lo que buscabamos… mierda, se acercan a la puerta…

Oigo el aviso de mi compañero, que me apremia para que nos vayamos por patas de la habitación, así que para mi disgusto tengo que soltar a Rufus. El maldito grandullón solo farfulla palabras incomprensibles bajo los efectos de los calmantes que le han suministrado los médicos, lástima que no tenga tiempo para un interrogatorio más a fondo. Dejo al gigante italiano sobre su cama y salgo detrás de Parson por el pasillo que lleva al ascensor, pero justo entonces aparecen un par de tipos vestidos con trajes de Armani. Le digo a mi compañero que acelere el paso pero sin correr, disimulando, pero entonces se oye a nuestras espaldas:

– Eh, voi, alto ci. ¿dove stai andando? –pronuncia uno de los tipos, con un fuerte acento italiano.

Ha llegado el momento de darse prisa, así que empujo a Parson hacia las escaleras, y nos lanzamos a una loca carrera por el hospital, buscando la salida más próxima. Cuando llegamos al parking, un guardia de seguridad se da cuenta de nuestra prisa, intenta darnos el alto pero su abdominal prominente indica que no está en forma. Al pasar a su lado le doy un pequeño empujón para hacerle caer en la puerta, así su corpachón tendido impide durante unos segundos que los italianos se acerquen a nosotros. Entramos en nuestro Ford Mustang azul, y pongo las llaves en el arranque, cruzando los dedos mentalmente. El motor ruge a la primera, menos mal, así que piso a fondo el acelerador, mientras los italianos gritan y patean el vehículo al pasar velozmente junto a ellos.

– Maledite bastardi, tornare qui…

Pero en un momento tan solo son dos manchas en el espejo retrovisor, y al fin Parson y yo podemos respirar aliviados. Espero que no nos hayan visto las caras, ni tampoco la matrícula, aunque seguro que CJ nos cambia el coche si lo considera pertinente. AE Corp es una empresa con recursos, aunque si queremos aspirar a algo en ella también tendremos que saber apañárnoslas nosotros mismos, tenemos que demostrar de que pasta estamos hechos. Y hablando de pasta:

– Jim, muchacho, espero que sepas hablar italiano porque ese móvil que has pillado debe tener algún que otro mensajito interesante. ¿Has visto como le han puesto al bueno de Rufus? Parece recién salido de un combate de los pesos pesados. Si hasta tuvo que sacar un arma para intentar deshacerse de su atacante, debe ser una bestia humana…

Mientras consulto la hora en el reloj del automóvil, consulto a Parson sobre la posibilidad de acercarnos al lugar de la pelea, el 135 de Henry Street. Enchufa uno de sus chismes de botones y lucecitas y tras utilizar sus habilidades, que para mi son casi mágicas, me muestra una pantalla donde aparece su localización y la ruta a seguir. Está situada entre Madison y Broadway, en pleno Lower East Side de Manhattan, así que aún nos queda un rato antes de llegar.

135henryst

Mientras atravieso el denso tráfico de la ciudad como si fuese una espesa niebla de invierno, intento ordenar todo este asunto en mi cabeza. Según lo poco que sabemos, todo comenzó con la paliza a un tal Jebediah Moustake, un judío feligrés de la Sinagoga que conduce el rabino Jacok Barash, tras negase a pagar la protección que tan “amablemente” ofrecía el capo Martinelli. Supuestamente, como venganza por la afrenta, los judíos mandan a alguien a darle una tunda a uno de los italianos, en este caso al pobre Rufus. Les han dado a estos espaguetis una dosis de su buena medicina: ojo por ojo. Un posible sospechoso es un tal Tobías Sigler, del que apenas sabemos nada, excepto que lee a Einstein y estuvo en la pizzería Florio’s.

De momento todo parece indicar que se trata de una rivalidad territorial entre italianos y judíos, pero mi experiencia policial en Hollow City me dice que aún nos queda mucho por averiguar. Creo que nos haría falta que CJ nos enviara algunos refuerzos, este asunto podría ser demasiado para Parson y yo solos…

135henryst_sons

-¡Esa a sido una buena carrera! A ver que tenemos por aquí” – digo mientras examino el teléfono- El último mensaje es bastante claro : “Recoger Bagels de Henry street, el pan se esta poniendo duro”. Parece que tenia indicaciones claras de solucionar un problema con los hijos de Moisés.

Bajamos del coche y échanos un vistazo por los alrededores. A primera vista todo parece normal, una calle más del cosmopolita Lower East side. Una verdadera mezcla de culturas a dos calles de China Town y Little Italy. Y como todos sabemos las mezclas siempre producen turbulencias.

Nos acercamos y llamamos a la puerta de un vieja librería situada en un semisótano. Un viejo abre un pequeño ventanuco y nos observa suspicaz.

-¿Que quieren?

– Buenos días, estamos realizando una investigación y necesitamos hacerles unas cuantas preguntas- le digo al viejo mientras le paso por delante de la cara mi identificación.

El viejo me mira de arriba a bajo y con media sonrisa me dice:

– ¡Vallase a que le den mucho por el culo! – mientras cierra el ventanuco y desaparece en el interior de la tienda. O‘Sullivan me mira y empieza a partirse el culo.

– ¡Será hijo de puta el anticuario de los Gremlins! – digo enfadado mientras le doy una patada a la puerta. Me giro para increpar a O’Sullivan que aun se esta riendo, cuando veo por el rabillo del ojo un movimiento en una ventana del edificio de enfrente.

– Espera, había alguien mirándonos desde aquella ventana. Si siempre es tan cotilla tal vez vio algo anoche. Echemos un vistazo a ver si tenemos más suerte.

Nos acercamos a la puerta del edificio de enfrente y llamamos a la “Iglesia Baptista Misionera China”, siempre he querido ver a un chino con alzacuellos. Por lo menos no es esperable que el cura este directamente implicado en el asunto y tal vez este más dispuesto a colaborar.

 Publicado por a las 0:31

  3 comentarios en “Habitación 234”

  1. Oigo el aviso de mi compañero, que me apremia para que nos vayamos por patas de la habitación, así que para mi disgusto tengo que soltar a Rufus. El maldito grandullón solo farfulla palabras incomprensibles bajo los efectos de los calmantes que le han suministrado los médicos, lástima que no tenga tiempo para un interrogatorio más a fondo. Dejo al gigante italiano sobre su cama y salgo detrás de Parson por el pasillo que lleva al ascensor, pero justo entonces aparecen un par de tipos vestidos con trajes de Armani. Le digo a mi compañero que acelere el paso pero sin correr, disimulando, pero entonces se oye a nuestras espaldas:
    – Eh, voi, alto ci. ¿dove stai andando? –pronuncia uno de los tipos, con un fuerte acento italiano.
    Ha llegado el momento de darse prisa, así que empujo a Parson hacia las escaleras, y nos lanzamos a una loca carrera por el hospital, buscando la salida más próxima. Cuando llegamos al parking, un guardia de seguridad se da cuenta de nuestra prisa, intenta darnos el alto pero su abdominal prominente indica que no está en forma. Al pasar a su lado le doy un pequeño empujón para hacerle caer en la puerta, así su corpachón tendido impide durante unos segundos que los italianos se acerquen a nosotros. Entramos en nuestro Ford Mustang azul, y pongo las llaves en el arranque, cruzando los dedos mentalmente. El motor ruge a la primera, menos mal, así que piso a fondo el acelerador, mientras los italianos gritan y patean el vehículo al pasar velozmente junto a ellos.
    – Maledite bastardi, tornare qui…
    Pero en un momento tan solo son dos manchas en el espejo retrovisor, y al fin Parson y yo podemos respirar aliviados. Espero que no nos hayan visto las caras, ni tampoco la matrícula, aunque seguro que CJ nos cambia el coche si lo considera pertinente. AE Corp es una empresa con recursos, aunque si queremos aspirar a algo en ella también tendremos que saber apañárnoslas nosotros mismos, tenemos que demostrar de que pasta estamos hechos. Y hablando de pasta:
    – Jim, muchacho, espero que sepas hablar italiano porque ese móvil que has pillado debe tener algún que otro mensajito interesante. ¿Has visto como le han puesto al bueno de Rufus? Parece recién salido de un combate de los pesos pesados. Si hasta tuvo que sacar un arma para intentar deshacerse de su atacante, debe ser una bestia humana…
    Mientras consulto la hora en el reloj del automóvil, consulto a Parson sobre la posibilidad de acercarnos al lugar de la pelea, el 135 de Henry Street. Enchufa uno de sus chismes de botones y lucecitas y tras utilizar sus habilidades, que para mi son casi mágicas, me muestra una pantalla donde aparece su localización y la ruta a seguir. Está situada entre la Calle Hicks y Monroe Place, en pleno Brooklyn, así que aún nos queda un rato antes de llegar. Mientras atravieso el denso tráfico de la ciudad como si fuese una espesa niebla de invierno, intento ordenar todo este asunto en mi cabeza.
    Según lo poco que sabemos, todo comenzó con la paliza a un tal Jebediah Moustake, un judío feligrés de la Sinagoga que conduce el rabino Jacok Barash, tras negase a pagar la protección que tan “amablemente” ofrecía el capo Martinelli. Supuestamente, como venganza por la afrenta, los judíos mandan a alguien a darle una tunda a uno de los italianos, en este caso al pobre Rufus. Les han dado a estos espaguetis una dosis de su buena medicina: ojo por ojo. Un posible sospechoso es un tal Tobías Sigler, del que apenas sabemos nada, excepto que lee a Einstein y estuvo en la pizzería Florio’s.
    De momento todo parece indicar que se trata de una rivalidad territorial entre italianos y judíos, pero mi experiencia policial en Hollow City me dice que aún nos queda mucho por averiguar. Creo que nos haría falta que CJ nos enviara algunos refuerzos, este asunto podría ser demasiado para Parson y yo solos…

  2. Realizada una corrección en la entrada de O’Sullivan. La dirección 135 Henry Stret se refería a Manhattan (dónde se centrará la Misión 1) y no a la de Brooklyn (que ciertamente concuerda también). En la que apunto hay un edificio interesante mientras que la de Brooklyn sólo es área residencial…

  3. -¡Esa a sido una buena carrera! A ver que tenemos por aquí” – digo mientras examino el teléfono. -El último mensaje es bastante claro : “Recoger Bagels de Henry street, el pan se esta poniendo duro”. Parece que tenia indicaciones claras de solucionar un problema con los hijos de Moisés.

    Bajamos del coche y échanos un vistazo por los alrededores. A primera vista todo parece normal, una calle más del cosmopolita Lower East side. Una verdadera mezcla de culturas a dos calles de China Town y Little Itally. Y como todos sabemos las mezclas siempre producen turbulencias.
    Nos acercamos y llamamos a la puerta de un vieja librería situada en un semisótano. Un viejo abre un pequeño ventanuco y nos observa suspicaz.
    -¿Que quieren?
    – Buenos días, estamos realizando una investigación y necesitamos hacerles unas cuantas preguntas- le digo al viejo mientras le paso por delante de la cara mi identificación.
    El viejo me mira de arriba a bajo y con media sonrisa me dice – ¡Vallase a que le den mucho por el culo! – mientras cierra el ventanuco y desaparece en el interior de la tienda. O‘Sullivan me mira y empieza a partirse el culo.
    – ¡Será hijo de puta el anticuario de los Gremlins! – digo enfadado mientras le doy una patada a la puerta. Me giro para increpar a O’Sullivan que aun se esta riendo, cuando veo por el rabillo del ojo un movimiento en una ventana del edificio de enfrente.
    – Espera, había alguien mirándonos desde aquella ventana. Si siempre es tan cotilla tal vez vio algo anoche. Echemos un vistazo a ver si tenemos más suerte.

    Nos acercamos a la puerta del edificio de enfrente y llamamos a la “Iglesia Baptista Misionaria China”, siempre he querido ver a un chino con alzacuellos. Por lo menos no es esperable que el cura este directamente implicado en el asunto y tal vez este más dispuesto a colaborar.

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