La piedra de Rosetta: Parte 4- El rescate

on 18 noviembre, 2015 in Sesiones de juego

Dado La charla con el viejo chaman elfo dejó a todos sorprendidos. La historia que había contado revelaba no solo que Carabás tenia una historia que se remontaba muchísimo tiempo atrás, sino que era muy posible que sus fundadores fueran gente que vino de las estrellas, mas allá del cielo, los Arisazi. A nadie, mucho menos al propio Yamu, se le escapó la idea de que este joven elfo pudiera ser descendiente de esta estirpe, cosa que explicaría muchas de las cosas que le ocurrían. Pero a pesar de los impactantes descubrimientos, los jóvenes estaban aquí para cumplir una misión: tenían que encontrar a la expedición perdida y al propio Shield, ya que ahora estaban seguros de que habían sufrido el ataque de los denominados “hermanos”. Y la única pista que tenían era el mapa mágico de Somak y la ubicación de los Barrancos de la Perdición, lugar en donde habitaban estas horribles criaturas.

Los Barrancos de la Perdición, según el propio Somak les dijo antes de que partieran, estaban situados al norte de lo que en su mapa se indicaba como Templo de la Sabiduría, así que lo mas lógico era avanzar hasta ese lugar y continuar hacia el norte, a ciegas a partir de ahí. El camino que siguieron parecía atravesar la selva mas espesa, y era evidente que nadie lo había seguido en muchísimo tiempo. Aún así, Frank insistió en llevarse a Caramelo consigo, pues no quería arriesgarse a dejarle solo al borde del lago, en el campamento base. Al cabo de unas horas, la expedición llegó a un arroyo de montaña bastante caudaloso que separaba dos zonas de vegetación muy distinta. Al lado en el que los chicos se encontraban estaba la mas espesa y densa jungla, mientras que al otro lado, el sotobosque se iba rebajando a medida que se subía una escarpada colina rocosa, y el terreno cambiaba considerablemente, convirtiéndose en un abrupto terreno montañoso. El arroyo continuaba colina abajo hacia la cuenca que había a pocos kilómetros, que desde aquí se apreciaba repleta de barrancos y casi totalmente inundada en su parte mas baja. No había parado de llover casi desde que habían llegado a la jungla, pero desde hacia unas horas, la lluvia parecía arreciar y una tormenta parecía arremolinarse en el centro de la cuenca, que por la ubicación geográfica no podía ser otra cosa que los famosos Barrancos de la Perdición.

Mientras buscaban un lugar por el que cruzar de forma segura al otro lado y seguir subiendo la colina, Nori descubrió que algún grupo reciente y muy numeroso había pasado por aquí hace cosa de un mes, y habían realizado trabajos de carpintería pesada, ya que había restos de troncos trabajados y muchos desechos de madera en los alrededores. Al parecer, esta expedición fabricó algún tipo de elemento con madera de la zona y lo arrastró colina arriba siguiendo el cauce de un pequeño riachuelo, en la misma dirección que ellos debían seguir para llegar al templo que les había comentado Somak, del cual posiblemente provenían las piedras con las extrañas runas que Rosetta había “conseguido”. No solo eso, sino que, en cuanto los muchachos lograron cruzar el río y siguieron el rastro de esta expedición misteriosa, Nori descubrió que habían vuelto por el mismo camino.

El rastro era realmente evidente para un experto rastreador como Nori, ya que las marcas de arrastre dejadas por los elementos pesados que llevaban y lo numeroso del grupo habían casi imposible a la vegetación ocultar en un mes todas las evidencias. Además, parecían seguir el riachuelo sin desviarse, posiblemente porque les servia de guía. Avanzaron al lado del riachuelo que cada vez bajaba con mas agua debido a la intensa lluvia, hasta que llegaron a una escarpada pared de roca. El paisaje parecía cambiar cada vez mas rápido de una forma muy extraña, pero mas extraño aún era que de vez en cuando asomaban del suelo enormes rocas de Siderita, que brillaban con un fulgor verde muy siniestro. De hecho, la pared de roca por la que el riachuelo caía en cascada y que les bloqueaba el paso estaba repleta de estas rocas. Pero lo mas llamativo de la pared rocosa era que habían restos de lo que parecía un andamiaje improvisado pero pesado, poleas y cuerdas como para construir una grúa. Si los chicos dudaban de quien habría construido este andamiaje, las resolvieron enseguida al descubrir dos cadáveres medio desnudos, con claras marcas de garras y quemaduras graves. Lancia trató de apartar la vista, porque los cadáveres parecían haber muerto hace ya tiempo, y no eran nada agradables de ver. Nori dató su muerte en poco menos de un mes, y confirmó que parecían Haradrim. De hecho, sus armas llevaban las marcas del Jerifato de Al-Bassid, como Frank y Yamu cercioraron, y por los restos de las ropas, que al parecer alguien les había tratado de quitar a toda prisa, parecían de que usaban las fuerzas de Al-Bassid. Y los muchachos no tardaron en descubrir a los culpables de las muertes, ya que desde la cima de la pared escarpada graznaron dos criaturas extrañas, muy parecidas a los Hijos de la Tormenta, los grifos albinos que ya habían visto anteriormente, pero sin alas y con unas piernas y unas garras que parecían preparadas para la escalada. Una de estas criaturas, con ojos verdes brillantes, pareció no dudar en absoluto a la hora de lanzarse pared abajo, con una agilidad asombrosa, con la intención de aniquilar a los intrusos, mientras la otra lanzaba un rayo de energía a través de sus ojos a los chicos que estaban arremolinados alrededor de los cadáveres.

Lancia, que se encontraba a cierta distancia, uso la “distracción” que sus compañeros ofrecieron al ser los blancos del tirador y salto a la pared, escalandola con soltura, para desgracia de Frank y Harry, que lamentaban el exceso de valor y el arrojo de la jovencita. Frank y Yamu desenvainaron sus armas, mientras cubrían a Nori, que preparaba su artillería. Lancia se cruzó a medio camino de la escalada con el protogrifo que bajaba y se intercambiaron unos golpes que solo lograron retrasarse mutuamente en sus objetivos. Desde abajo, Nori y Harry trataban de derribar al tirador de la cima, y el intercambio de proyectiles era intenso, de forma que Frank decidió tratar de apoyar a Lancia y empezar a escalar. Yamu también parecía dispuesto, pero en ese momento la criatura con la que Lancia se había enzarzado, saltó hacia Frank y Yamu sin previo aviso, y Yamu la alcanzó de un salto antes de que tocara el suelo. Lancia continuo subiendo la pared, cubierta por el intenso fuego de Nori, que alcanzó al tirador un par de veces y le obligó a retirarse. Cuando llegó a la cima, Lancia solo tuvo que rematar al monstruo que trató de defenderse en vano.

Desde arriba Lancia podía oír los gritos de Frank, a medias entre el enfado por su temeridad y la preocupación por su integridad, pero no le contestó porque estaba impresionada por lo que había en la cima. Dos cuerpos mas yacían allí, a los pies de lo que Nori indicó que había sido una grúa pesada, destrozada posiblemente por los grifos. Aún llevaban los uniformes de algún cuerpo militar del Jerifato, pero no parecían llevarlo como uniforme, pues solo llevaban las piezas mas útiles, ningún adorno o símbolo explicito. Uno de ellos llevaba una mochila repleta de objetos : garfios y cuerdas de escalada, camastros de campamento y herramientas variadas, ademas de un extrañisimo objeto envuelto cuidadosamente en un trapo. Al desenvolverlo, los chicos descubrieron que era un extraño guantalete que parecía hecho de oro y Siderita, de un aspecto élfico pero claramente alienigena, muy posiblemente Arisazi. Harry lo investigó minuciosamente, pero aparte de ser extremadamente duro, de forma que podría usarse para golpear con una fuerza terrible, no parecia poseer poderes adicionales. Los muchachos se quedaron los objetos útiles y ,por supuesto, el guante.

Desde la cima de la roca el camino seguía…ahora era evidente para todos que por aqui habian pasado muchas personas, la extraña expedición secreta, ya que la senda que habian seguido estaba repleta de marcas, y aquí la vegetación no parecía crecer tan exuberante. Ante la imposibilidad de subir a Caramelo por la pared rocosa, Frank aceptó, a regañadientes, dejar a su caballo en la parte de abajo, pero buscando antes un buen refugio para él. La mirada de Caramelo, infinita y de alguna forma repleta de muerte, dejo a todos claro que su destino no parecía se morir a manos de unas alimañas salvajes cualquiera en una selva perdida. El caballo se quedo quieto bajo la lluvia, como una estatua, mientras Lancia le saludaba desde arriba agitando la mano y con una sonrisa.

El sendero hacia la cima de la colina era cada vez mas facil de seguir. La vegetación se dispersaba y era cada vez menor, hasta que al fin los chicos llegaron a la cumbre. El riachuelo que aún seguían parecía nacer en un gran lago que coronaba la montaña, lo cual coincidia con los datos de los dos exploradores que llegaron en la primera expedición de Carabás. Abandonadas en la orilla se encontrabas dos canoas improvisadas, sin duda los objetos que la misteriosa expedición Haradrim había arrastrado colina arriba, después de haberlas construido en la ribera del rio. Y al parecer las usaron para llegar a la isla del centro del lago, en la que se erigía una construcción de planta cruciforme y de apariencia muy robusta y discreta, sin adornos exteriores ni ventanas. Estaba claro que, mas que un templo, estaba construido para ser un refugio. Su construcción y estilo recordaban enormemente a la  que Somak usaba como casa. Ese era sin duda el llamado Templo de la Sabiduria, y así lo indicaba el mapa mágico de Yamu.

Antes de que Frank pudiera pararla, Lancia se acercó a las cristalinas aguas del lago y hasta metió los pies con alegría. Parecía muy clara y pura, pero Frank no dejaba de amenazarla con la existencia de horribles monstruos y pulpos gigantes, o potentes venenos y enfermedades que podía contener un solo trago. Lancia hacia como que no le escuchaba mientras por dentro se reía un poco de él. Le parecía algo gracioso cuando Frank se preocupaba tanto de verdad por cosas que eran muy poco probables. Mientras, Yamu y Harry arrastraban al agua la canoa que Nori había elegido.

Lancia preguntó quien iba a remar. Harry se ofreció, ya que como universitario había participado en las clásicas carreras de canoas y podía defenderse, pero dijo que necesitaría a otro remero. Nori propuso a Lancia, pues era notablemente la mas fuerte del grupo, pero Lancia bufó muy molesta por el hecho de sugerir a una joven dama una actividad tan burda, simple y varonil. Defendió el hecho de que un hombre remando era una imagen muy varonil e incluso sexy, y continuo en el mismo camino hasta que Frank no tuvo mas remedió que ceder y ayudar a Harry, ante el evidente pasotismo de Yamu, que parecía haber crecido oyendo las disertaciones de su amiga y estas ya no tenían efecto.

El centro del lago era una isla mas bien pequeña, y su centro estaba ocupado por esta extraña construcción que estaba rodeada por un anillo de monolitos repletos de escrituras rúnicas extrañas. Uno de esos monolitos estaba en el suelo, destrozado al caer. A sus pies se extendía una amplia fisura, tan grande que podría tragarse a una persona. Lancia recordó que en el diario de Shield se mencionaba una terremoto reciente, y según confirmó Nori al investigar la fisura, era muy probable que ese terremoto la causara, al igual que derribo el monolito. Antes de cruzar el anillo de monolitos, Nori pidió algo de tiempo para investigar la zona exterior: descubrió rastros de la expedición Haradrim, que al parecer cruzó el anillo sin problemas. También habían señales de lucha y grandes quemaduras en el suelo, y cerca de una de las puertas había un cadáver de protogrifo. Desde el exterior del anillo no se podía hacer mas, así que Yamu y Lancia hicieron los honores y cruzaron la imaginaria pared que habían entre los monolitos. Como era esperable por todos (quizás menos por Frank, que siempre piensa en lo peor) , no ocurrió nada, y todos acabaron cruzando. Los primeros exploradores de Carabás dijeron que no se pudieron acercar al templo porque había una especie de muro infranqueable, pero estaba claro que ese muro había desaparecido con el terremoto, al derribar uno de los pilares. Nori continuaba absorto viendo los rastros del suelo, tratando de leerlos antes de que la intensa lluvia acabara por borrarlos, pero mientras advirtió a los demás que había un nido en el tejado. Lancia, ni corta ni perezosa se encaramo con absoluta facilidad al tejado del edificio ante los continuos reproches de Frank y los ánimos de Yamu. Para su decepción no encontró mas que plumas blancas y restos de huesos de las presas de los grifos…aunque tampoco tenia muy claro que esperaba encontrar.

Mientras, Nori daba la vuelta al templo. En su cara norte descubrió una de las enormes puertas de metal derribada en el suelo, y un rastro muy evidente de una criatura gigantesca, bipeda y muy pesada, Nori calculo que, si tenia la complexión de un hominido, debía de medir como 4 metros de altura. Su rastro parecía venir del interior del templo, y se alejaba directamente hacia los Barrancos de la Perdición. Tras avisar a los demás, todos entraron juntos al interior del templo por la puerta derribada. Los sorprendió descubrir que no parecían haber puertas, solo un gran pedestal en el centro, hecho de piedra y con un hueco circular en su parte de arriba, como si algo se pudiera encajar en él. Las paredes estaban repletas de grabados, inscripciones en un extraño idioma que ya habían visto antes y paneles con dibujos muy extraños. En cuanto Yamu se acercó a petición popular para tratar de leer las inscripciones como en alguna ocasión había hecho ya, tanto las letras como los grabados empezaron a moverse emitiendo fulgores verdes.

Uno por uno, los jóvenes exploradores miraban atónitos los grabados animados. Todos mostraban un bucle, una misma escena animada que se repetía en cuanto llegaba al final. El primer grabado mostraba lo que parecían un montón de discos volando en un cielo lleno de estrellas. El siguiente grabado mostraba una figura que se asemejaba a un elfo haciendo levantarse mágicamente a una esfinge de un altar, como si acabara de crearla y darle la vida. El siguiente panel muestra escenas que representan una guerra contra las esfinges. El que le sigue muestra de nuevo a otro de los extraños seres élficos creando una esfinge mas pequeña. Y de nuevo, el panel que va detrás es otra guerra con esas esfinges. El último panel muestra 7 figuras de los seres élficos, posiblemente los Arisazi, elevándose hacia el cielo mientras los demás Arisazi parecen sufrir y desaparecer.

Después, Yamu trató de leer los grabados. Como siempre, las palabras aparecían en su cabeza, era como si realmente no las leyera, sino que mas bien adivinaba que es lo que querían decir de una forma mas o menos vaga. Y en estos grabados parecía explicar que este templo era mas bien un refugio preparado para algún tipo de catástrofe, diseñado para crear una barrera que impida a esa catástrofe entrar, y que la fuente de energía debía de estar en el exterior por ese motivo. Explica que si algún día ese azote o maldición desapareciera, este lugar conservaría todo el legado de los Arisazi, para que a modo de semilla, su legado vuelva a renacer, incluso si sus habitantes murieran por causa del paso del tiempo. Al final parece decir algo así como que su historia sirva de ejemplo a otras razas para que no cometan sus mismos errores.

Todos se quedaron pensativos un rato, asombrados por la técnica empleada y por los mensajes, pero fue mas bien corto porque un relámpago iluminó la escena y se oyó un terrible estruendo. A salir a toda prisa, los chicos vieron como la tormenta parecía ir a peor, y un gran numero de nubes se arremolinaban justo en el centro de la ciénaga del Barranco de la Perdición. En el centro de la nube, los relámpagos parecían brillar con una intensa luz verde, y cada vez eran mas numerosos. Algo estaba ocurriendo en la ciénaga, y allí es donde estaba William Shield y su equipo, posiblemente aún prisioneros. El templo tendría que esperar un poco mas, ya que el tiempo empezaba a jugar en contra de Shield y sus hombres.

Frank aún andaba preocupado por Caramelo. No pensaba que se alejarían tanto de la colina, ni que los Barrancos de la Perdición fueran tan extensos. Nori había seguido el rastro de la enorme criatura, solo porque al principio era muy fácil hacerlo, y después porque daba la casualidad de que se dirigía directamente hacia el centro de la tormenta, es decir, exactamente a donde se dirigían ello. Tras un rato en las ciénagas, se habían dado cuenta de que en el centro de la cuenca se levantaba un extraño conjunto de construcciones en ruinas muy elevadas y parecía evidente que ese debía ser el refugio de “Los hermanos”. Aparte de ese extraño lugar, las ciénagas no tenían nada mas que ofrecer. La vegetación estaba totalmente podrida, y los cadáveres de los arboles y plantas no correspondían en absoluto al habitat actual. Era como si todo lo que antes era la ciénaga hubiera sido traído aquí desde otro lugar, o hubiera crecido copiando otro patrón. Ya hacia tiempo que el agua de la ciénaga les llegaba a las rodillas, y eso a los mas altos. Lancia no dejaba de quejarse, y Harry le acompañaba en su pesar. A Nori, el que peor debería llevarlo por su estatura, parecía no importarle mucho, al menos no lo demostraba. Para ser un sibarita y gustarle tanto el lujo y la comodidad, a Nori se le daba muy bien sufrir inclemencias de la naturaleza y se volvía duro e insensible en cuanto se concentraba en su trabajo. Era algo que todo el mundo notaba enseguida de él. Hubiera sido muy difícil caminar por la ciénaga de no ser porque Nori encontró una zona con el fondo muy duro, como de roca. Tras andar un buen rato, a final se dió cuenta de que estaban caminando por una antigua calzada inundada, y que sin duda llevaría directamente a las ruinas, posiblemente de la ciudad de Ankala, ya que Yamu encontró un cartel en Arisazi con ese nombre. Y así fue.

Ya en la mitad de la noche, la tormenta era espectacular. Los rayos verdes caían sobre las ruinas, y las nubes en espiral junto encima parecían convertirse a marchas forzadas en un ciclón. Las ruinas del fondo de la cuenca eran tan extrañas como siniestras. Desde el lugar en donde los jóvenes observaban podían ver la depresión en la que se encontraba lo que antiguamente debió ser la gigantesca ciudad de Ankala. Solo que justo donde debía estar la ciudad había un enorme, tremendo, agujero perfectamente circular, que parecía no tener fondo, y al que caían en cascada las aguas de la ciénaga que lo rodeaba. Aun así, en los alrededores del agujero aún se levantaban edificios grotescamente altos, con multitud de ventanas, imposibles de construir con materiales o técnicas actuales. Muchos de ellos habían sido derribados por efecto del tiempo y , muy posiblemente, los terremotos de la zona, y algunos se cimbreaban casi en horizontal sobre el socavón enorme, creando una especie de maraña o nido de edificios gigantes entre los cuales “los hermanos” parecían haber hecho sus madrigueras, construidas toscamente con troncos y lianas. En el centro de esa maraña había mucho movimiento. Se veían multitud de fuegos encendidos y un enorme numero de hermanos reunidos alrededor de una construcción elevada, justo debajo del centro de la tormenta. Muchos de los hermanos tocaban tambores a un ritmo frenético, tanto que se podían oír desde aquí a pesar de la intensa lluvia y los sonidos de los truenos incesantes.

En lo alto de esa extraña construcción había una figura que parecía el líder de los hermanos y parecía hablarles. Tenia el aspecto de un elfo viejisimo, como jamas se hubiera visto, y en cierta manera recordaba muchísimo a Somak, solo que su cara parecía literalmente resquebrajarse por momentos y de sus grietas y heridas se emitía un brillo verde de aspecto maligno. Por la forma de moverse, no parecía estar en el mejor de sus momentos. Gritaba algo a la multitud, pero desde donde estaban los chicos no podían oír que, y señalaba mucho a un grupo de hombres que tenían colgados boca a bajo en una palestra al lado del anciano. ¡Eran los miembros de la expedición! ¡Y entre ellos estaba William!

Con sumo cuidado se acercaron a las afueras de las ruinas de Ankala. No fue difícil acercarse al amparo de la oscuridad, la lluvia y el tremendo ruido. Ademas, muy pocos hermanos estaban fuera de la celebración, y los pocos que encontraron parecían como dormidos, como idos, y apenas reaccionaron a las emboscadas. Ya mas cerca del escenario central, los chicos trataron de trazar un plan, pero cuando estaba todo mas o menos previsto para realizar un ataque sorpresa de extracción de rehenes, un terrible estruendo, tan grande que sonó por encima de la lluvia, los tambores y los truenos, hizo que todos los hermanos se alarmaran y se giraran de repente en su dirección. Si bien la distracción fue agradecida por los muchachos, no lo fue tanto la aparición de su causante: una especie de Golem gigantesco, sin duda el autor del famoso rastro que Nori había encontrado, hecho de algún metal oscuro y que recordaba muchísimo al aspecto que Nori adquiría al transformarse, solo que mas viejo, mas grande y con muchísimos mas pinchos y cuchillas. Pero lo mas aterrador es que su cabeza era un enorme cráneo blanco alargado con unos dientes afiladisimos.

El Golem gigante empezó a gritar en varios idiomas, casi de forma compulsiva. Los chicos entendían algún de las cosas que decía, y al parecer exigía liderar el legado de los Arisazi, y tenia la intención de reclamar un ejercito y recuperar el mundo que habían perdido. El anciano líder de los hermanos ordenó a sus aturdidos súbditos que le atacaran sin pensarlo, y estos le obedecieron. Y esas fueron sus últimas palabras, porque Nori le había estado apuntando y no dejó siquiera que terminara la frase. El disparo de su rifle le acertó en la cabeza y desató la catástrofe: Lancia, Frank y Yamu estaban ya corriendo hacia la palestra cuando Nori disparó. Frank lanzó una bola de cristal de humo y lleno de niebla el centro del nido. Al amparo de la niebla y el humo, trataron de esquivar a los hermanos en mitad del caos, pero Lancia quedo atrapada en mitad de un grupo. Yamu y Frank corrieron rampa arriba para liberar a los prisioneros, que estaban realmente asustados y no comprendían que pasaba. Nori trataba de disparar a través del humo denso, al tiempo que avanzaba hacia el centro para huir por la retaguardia, ya que por el otro lado avanzaba el enorme golem negro sin que los hermanos pudieran hacer nada por impedirlo, acabando con ellos con suma facilidad. Lancia se deshizo de los hermanos que estaban bloqueando uno de los puentes que servirían de huida, y que llevaban a la parte norte de la ciénaga, mientras veía como el golem se acercaba a la palestra. Yamu y Frank no tuvieron casi oposición en la palestra, y liberaron a los rehenes. William se sorprendió al verles, pero ni siquiera hizo una pregunta: en cuanto lo desataron ayudo a desatar al resto y dirigirlos rampa abajo hacia donde esperaba Lancia, Nori y Harry.

William saludo con una gran sonrisa a todos mientras corría atravesando el edificio caído a modo de puente. Lancia les guiaba, ayudando a los mas heridos al igual que Harry, mientras Nori disparaba cubriéndoles y esperando a Yamu…y un poco también a Frank. Yamu corrió rampa abajo justo antes de cruzarse con el Golem Negro, cuya intención era subir a la palestra a reclamar su liderazgo. Frank se había quedado atrás porque quería recuperar las pertenencias de la expedición y los efectos personales del líder caído de los hermanos, y en cuanto lo tuvo todo, viendo la salida bloqueada, saltó de la palestra al suelo, dio un par de vuelcos y, para tranquilidad de todos y en especial de Lancia que le observaba con preocupación desde el otro lado del puente, se levanto maldiciendo y salió corriendo.

No dejaron de correr hasta que uno de los prisioneros cayó rendido. Entonces Lancia grito para que todos se detuviera y, de forma automática, todos se callaron para dejar que Nori les diera buenas noticias. A través de la lluvia y los truenos, Nori aseguró que no les habían seguido, y todos respiraron aliviados. Al parecer el rescate había sido un éxito.

Era el turno de dar las gracias y de pedir explicaciones.

 

 

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