No va a volver

on 3 marzo, 2015 in Manual de campo de "La Centuria Argentea"

Medallon CA“Yamu y Lancia estaban sentados sobre la misma arena grisacea, tratando de calentarse al lado del fuego. Mientras Yamu apartaba la vista para distinguir, bastante fácilmente, a la mole de Nori en lo alto de la duna, Lancia aprovechó para servir el café caliente y echarle la escolopendra que había acabado de coger a la taza de Yamu. Había escolopendras por todas partes, eran fáciles de coger, y Lancia estaba segura de que eso significaba algo, pero no le gustaba darle vueltas a la cabeza.

La noche era terriblemente oscura, mas de lo normal, pero había sido una ventaja para poder avistar el resplandor verde al que habían enviado a los orcos a investigar. Desde que los habían enviado a través del siniestro desierto, habían estado los tres solos. O mas bien los dos, porque Nori se había encaramado a la duna y no dejaba de mirar esa dirección. Yamu cogió la taza de café que Lancia le había servido y trató de no disimular que no había visto la malévola sonrisa de Lancia, que mostraba sus colmillos de forma escalofriante. De igual forma disimuló cuando desintegró a la escolopendra que se bañaba en su café antes de tomar el primer sorbo. Si Lancia no se sentía satisfecha con sus bromas pesadas podía volverse realmente insoportable, y en mitad del siniestro desierto negro no habría forma de evitarla. Lancia se reía para si mientras Yamu se bebía el café, pero al poco tiempo, al no ver reacción en la cara de Yamu, empezó a fijarse en lo mismo que su compañero: Nori aún no bajaba y parecía inmóvil en lo alto de la duna. 

Yamu y Lancia se quedaron un rato mirándole mientras se acababan el café. Lancia le dijo a Yamu que no iban a volver, de eso estaba segura. Algo les había pasado. A Yamu no le molestaba perder un puñado de orcos negros. De hecho casi era mejor volver sin ellos, porque eran ruidosos, olían mal y estaban bastante desequilibrados. De todas formas seguro que la reina iba a enfadarse, porque cada vez parecía mas difícil crearlos, y encontrar deseos se había vuelto demasiado importante últimamente. 

No. Lo que le preocupaba a Yamu era el propio Nori, aunque eso nunca lo confesaría. Ese montón de chatarra nunca había sido muy hablador, por supuesto, pero estaba claro que algo le había sucedido desde…su intento de huida.

Todos lo habían intentado alguna vez. Algunos mas de una . Yamu habia tenido la necesidad de huir en varias ocasiones, y en una de ellas casi lo consiguió. Y eso que simplemente corrió y corrió, sin dirección, lo mas lejos posible. Y le pareció haber llegado a lo que Lancia empezaba a llamar ‘el otro lado’, pero no sabe como. Y tampoco como volvió a la Ciudad. Sabia que Lancia lo habia intentado alguna que otra vez, al menos una con seguridad, porque él mismo tuvo que detenerla. Eso era lo peor, tratar de mantener encerrados a tus…

Lancia nunca hablaba de eso, pero fue ella la que detuvo a Nori en su último intento. Yamu le había preguntado muchas veces, porque precisamente desde ese ultimo intento no había vuelto a ser el mismo: se comunicaba lo justo y necesario, se había vuelto mas obediente y le faltaba algo, algo que Yamu no acertaba a definir, pero con seguridad no parecía la misma ‘persona’. Y Lancia siempre evitaba el tema con algún comentario irónico sobre lo enamorado que Yamu parecía estar de Nori y cosas por el estilo. Quería volver a preguntarle ahora ¿que ocurrió cuando lo atrapaste? ¿Que fue lo que le hiciste para que se volviera aún mas huraño?¿Que ocurrió en ‘el borde’? Pero Lancia se había dado cuenta de la intención de Yamu y ya se había levantado. Le dijo a Yamu que iba a traer a su novio de vuelta.

Cuando Lancia llegó a lo alto de la cima se quedó de pie al lado de Nori. Le dijo a Nori que ya no volverían. Nori se levantó, pero no se movió. Después Lancia, mirando fijamente en dirección al resplandor verde que cada vez se iba apagando mas dijo: 

– Buena suerte, viejo…amigo.

Y después se dirigió a Nori, llamándole montón de chatarra, y le empujó para que volviera al campamento.”

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