Detectives de mascotas: Parte 4 – Planes y Misterios, Escorpiones y Princesas

on 21 diciembre, 2014 in Sesiones de juego

Dado

Algo extraño estaba ocurriendo en el campamento de la caravana, y debía ser algo peligroso cuando todos vieron una señal de luz que se elevaba hasta el cielo y estallaba: era la señal de alarma que el equipo de Chad usaba cuando tenían problemas, así que los muchachos subieron a sus monturas rápidamente y galoparon para prestar ayuda.

En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca de la caravana vieron que era lo que estaba ocurriendo. Como salidos de la nada, un montón de monolitos de siderita habían surgido del suelo alrededor del campamento, y brillaban con una inusual intensidad verdosa. Las carretas se habían dispuesto en una tradicional formación defensiva en círculo, y trataban de repeler una horda de orcos negros que parecían vestir armaduras, marcas y tabardos con el símbolo de la calabaza con risa maligna que ya habían visto antes. Chad, Vinicius y el resto de guardias de la caravana trataban de evitar que los orcos entraran en el improvisado fuerte, pero muchos de ellos ya estaban a punto de superar los puntos más débiles. El más grande de los orcos alentaba a sus soldados en un perfecto Oestron, sin siquiera acento. Les instigaba a encontrar algo entre los carromatos, algo que parecían necesitar con mucha urgencia.

Bajando de un salto de la grupa del caballo que lo llevaba de pasajero, Nori aterrizó en lo alto de la duna y disparo casi sin apuntar al más grande y feo de los orcos, casi por instinto. El disparo resonó en la noche, pero solo sirvió para que los orcos detuvieran un instante su ataque y se volvieran para ver que estaba ocurriendo. Lancia bajó corriendo la colina, aprovechando la pausa, y saltando sobre un carromato, golpeó a dos orcos furiosos que estaban avasallando a Chad y Vinicius. Frank espoleó a Caramelo, que sin pensárselo dos veces y con una mirada fija en la batalla, bajo como un relámpago hasta el centro de la refriega. Si embargo Yamu se quedo sobre la duna, y empezó a mirar la batalla valorando la posición de los enemigos y concentrándose para entrar en una especie de trance de batalla, un truco que usaba en los momentos más difíciles.

Frank sabía cabalgar, pero no había tenido mucha experiencia en el combate a caballo real, y sus primeros golpes no fueron muy acertados, así que decidió continuar combatiendo a pie, ya en el interior del círculo. Nori dejo caer su rifle descargado y disparó su arco, esta vez a puntando mejor de nuevo al líder orco, aún estupefacto por la llegada de los refuerzos. Al líder no le dio tiempo siquiera de dar una orden, ya que la flecha se le clavó limpiamente en el pecho. Hubiera caído fulminado de no ser porque casi al instante pareció evaporarse en un resplandor verde. Los demás orcos reaccionaron de forma muy extraña ante la brutal derrota de su líder, y viéndolo más bien como una oportunidad de ascenso, redoblaron sus esfuerzos por encontrar aquello que buscaban.

Lancia se sentía cómoda en su posición de flaqueo y, apoyada por Xiang, estaba ayudando a evacuar a los mercaderes, manteniendo a raya a los orcos con precisos y acrobáticos golpes. Por el rabillo del ojo vio como dos de los orcos superaban a Frank y entraban en el carromato de Danijel, en donde guardaban a las cabritillas.

Los dos orcos salieron del carro con aire triunfante, eufóricos. En sus manos acumulaban gran cantidad de joyas de Carabás, recientemente vomitadas por las cabras, y las mostraban como trofeos a los suyos. Casi podía verse el aura de líder que este orco acababa de conseguir, lo cual atrajo de inmediato la atención del arco de Nori.

Pero entonces todo pareció irse al traste. En las manos del nuevo líder orco, las joyas se volvieron vómito, y la expresión de los orcos paso rápidamente de la sorpresa a la más tremenda ira, pasando por una decepción absoluta. Loco de rabia, empezó a maldecir incongruencias, diciendo que los humanos habían malgastado el poder que se les daba, que no lo estaban usando correctamente, que podían cumplir todos sus deseos, pero habían desaprovechado la ocasión de ser felices y ahora ninguna parte estará feliz. Gritaba que si todo hubiera ido bien Ella estaría feliz y todos ganarían, pero ahora la cosa cambiaria…

La rabia pareció avanzar como una ola, tocando a todos los orcos, que parecían hasta transformarse físicamente en bestias salvajes. Arrojaron sus armas y empezaron a aullar, gritar y babear. Sus músculos y venas se hincharon, de pura rabia y locura. Todos los orcos parecían haber perdido la razón.

Fue entonces cuando el caballo de Yamu saltó limpiamente las barricadas e hizo su entrada triunfal. El tiempo pareció detenerse mientras la melena de Yamu ondeaba al viento y este alzaba su espada a la luz de la luna. La majestuosa imagen llenó de energía a sus aliados, mientras sus golpes derribaban a los orcos que encontraba en su camino hacia la carreta de las cabras. Frank, a pesar de no ser un gran fan de Yamu, no pudo más que admitir el poder de su carisma y se unió a su asalto a la carreta de Danijel.

Pero las cosas para Lancia fueron algo peor. No es que llevara mal el combate. Los orcos ni siquiera la habían rozado ni parecían tener opciones de hacerlo. Pero la escena del vomito en las manos de los orcos era realmente de-sa-gra-da-ble. Asquerosa en mayúsculas. El estomago se le empezó a revolver, y no ayudaba en absoluto que todos los orcos empezaran a gruñir y babear a su alrededor. Ligeramente aturdida, decidió retirarse junto con el resto de mercaderes que ya estaban a salvo, apartándose todo lo que podía de las escenas repulsivas. Un orco le arrancó la mano de un bocado a un pobre guardia de la caravana que estaba a su lado. Esto fue a gota que colmó el vaso. Quería estar todo lo lejos que pudiera de ese lugar que se estaba convirtiendo en un infierno, y vio que Nori estaba en lo alto de la duna. Quizás necesitaba algo de ayuda.

Nori continuaba disparando al nuevo líder de la manada orca, quien para evitar la lluvia mortal se había atrincherado en el carromato de Danijel, junto con un grupo de orcos. En el exterior, Lancia, Xiang y Varclaw habían conseguido rescatar a los mercaderes y estaban subiendo la duna junto con Harry. Frank entro  al asalto en la carreta y la pelea se volvió muchísimo más peligrosa en este espacio cerrado. Lancia, que había llegado junto a Nori, le recriminó a este que continuara disparando a pesar de saber que Frank estaba dentro del carro, pero Nori solo le respondió que ahí no había nada que le preocupara perder y pidió a la jovencita que le cargara el rifle.

En la carreta, esquivando flechas de Nori y ataques de los orcos, Frank tenía mucho trabajo. Algunos golpes le acertaron sin muchas consecuencias, pero necesitaba algo de ayuda, a pesar de que nunca iba a pedirla. Yamu fue quién ofreció esa ayuda, entrando a apoyarlo sin pensárselo dos veces. Los dos juntos parecían pelear muy bien, olvidando sus rencillas y cubriéndose mutuamente. El un último estertor, el último de los orcos mordió a Frank en el brazo y le hizo una herida terrible, pero la batalla acabó bien para los jóvenes héroes, que vieron como todos los orcos derrotados se convertían en humo y se volatilizaban.

Lógicamente Lancia, ya mas calmada, se preocupó por sus cabritillas (las consideraba ya suyas) y por Frank, quien no daba importancia a su herida del brazo. Aún así, Nori trató de remendarla, pero su falta de tacto, que muchos casi creerían que incluso fue a propósito, no ayudo en nada a su recuperación. Fue Varclaw quien le ofreció la ayuda del Gran Hombre de las Copas, una deidad de las tribus del las selvas del sur, de donde venia. A regañadientes, Frank acepto la curación del Gran Hombre de las Copas, y Varclaw curó de inmediato una herida que habría tardado días en sanar. Agradecido, Frank prometió a Varclaw que haría una ofrenda a su dios, y Varclaw le mostró también su agradecimiento por respetarle. Chad también mostró su preocupación por el mercenario que se había quedado sin mano, a pesar de que habían conseguido cortar la hemorragia y sobreviviría. Harry le comentó que su maestro, Lauritz Mathiasen, era un gran experto en las prótesis artificiales totalmente funcionales, y no le costaría mucho dinero ni tiempo.

Una vez reparado todo el desastre y comprobado que todos, personas y cabras, estaban bien, los chicos preguntaron a Chad que es lo que había ocurrido. Chad les dijo que de repente, sin saber como ni porque, emergieron grandes bloques de Siderita del suelo, y el aire comenzó a ondear como si se tratara de un espejismo. De la nada se materializaron los orcos que les habían atacado, y cargaron sin mediar provocación ninguna, por sorpresa. La suerte quiso que estuvieran en guardia debido a que los héroes estaban en mitad de una misión, porque se haber sido una noche tranquila, posiblemente la guardia habitual no hubiera tenido tiempo de dar la alarma. El misterio tenía muchas características similares al suceso del socavón, con seres aparecidos de la nada y portales a otros mundos. Incluso los orcos que perpetraron este ataque llevaban las mismas marcas que los goblins del socavón. Sin embargo, solo sabían que los orcos estaban buscando las joyas de Carabás, y que se sintieron muy decepcionados al descubrir que se convertían  en vómito. No sabían cuales eran sus últimas intenciones, pero todo hacia sospechar que no serian nada buenas.

Nadie quería quedarse a descansar en este lugar repleto de monolitos de Siderita brillantes, así que con un pequeño esfuerzo, levantaron el campamento y se movieron unos kilómetros más al Norte, para descansar lejos de la zona de los sucesos.

 

Al día siguiente, olvidando un poco el asunto del ataque, a Lancia se le ocurrió un plan alternativo al que tenían pensado para capturar al misterioso Señor H. Originalmente se suponía que debían encontrar un lugar mágico, un foco de poder, en donde las cabritillas pudieran continuar vomitando joyas, esperar al Señor H y tenderle una emboscada para capturarle. Sin embargo a Lancia le preocupaba que estuvieran demasiado lejos de Carabás como para tener apoyo si algo salía mal, así que pensó que seria mejor capturar al Señor H mas cerca de Carabás. De espaldas a Danijel, que nunca parecía sospechar nada, propuso a sus compañeros la idea de engañar al Señor H, golpeando y capturando a Danijel en cuanto este confirmara la identidad del comprador. Entonces, explicarían al estupefacto Señor H que ellos eran hombres del Principie del Puerto, cosa que Danijel podría hasta confirmar, y que su jefe descubrió que Danijel estaba haciendo negocios a sus espaldas. Pero como sabia que solo Danijel sabia quien era su negociador, idearon un plan para poder encontrarse con él, haciendo creer a Danijel que eran aliados suyos. De esta forma, el Señor H podría convencerse de que el propio Príncipe del Puerto de Carabás quería hacer tratos con él, también personalmente, y que le pedía amablemente una reunión de negocios en Carabás. El plan, aunque tenia muy buena pinta a priori, no parecía convencer demasiado a sus compañeros, excepto quizás en lo de golpear a Danijel. Nori prefería una solución más drástica, acabando con el Señor H de un disparo en cuanto lo vieran, pero Lancia le convenció al decirle que siempre estaban a tiempo de matarle y además, si este Señor H no es el responsable último de la trama, si lo mataran nunca sabrían quien fue el responsable autentico. A Frank no le gustaba el plan por otros motivos, más bien paranoicos. Él creía que si algo podía salir mal, saldría mal, y que ese plan era muy arriesgado. Lancia le rebatió en sentido totalmente opuesto, diciéndole que si algo podía salir bien, saldría bien. Fran intento convencer a la pelirroja diciéndole que si levantas una piedra en el desierto, lo mas seguro es que aparezca un escorpión. Y Lancia le dijo que también podía encontrar una lámpara con un genio, o a una princesa oriental paseando por el desierto…ambas cosas son igualmente probables, escorpiones y princesas. Frank no las tenia todas consigo, pero acabo aceptando el plan, también a regañadientes.

Por la tarde la caravana llegó, al fin, a las murallas de la ciudad de Al-Daraní, la capital del Jerifato de Al-Bassid. Desde el exterior podía verse el inmenso palacio y los jardines del Jerife, en la colina situada en el centro de la ciudad. Los muchachos no llegaron a entrar y se despidieron de Chad y su equipo, sobretodo de Varclaw y Xiang, con quienes habían hecho muy buenas migas. Prometieron volverse a ver pronto, ya fuera en Carabás o en algún viaje si se encontraban, y se estrecharon las manos. Lancia les dijo, con toda la intención del mundo, que iban a acampar fuera de la ciudad, en alguno de los oasis de los alrededores. Así se aseguraba que algún informador del Señor H pudiera conseguir su ubicación con facilidad.

Los chicos, ya a solas fuera de la ciudad de Al-Darani, decidieron entonces buscar un lugar donde montar el campamento. Lancia le dijo a Harry que, no solo no debía buscar un sitio mágico, sino todo lo contrario: debían acampar en un lugar no mágico para que demostrar al Señor H que las cabras no eran autenticas, para eliminar toda tentación de traición que el Señor H pudiera tener. Mientras Nori, ya pensando en el nuevo plan, le propuso a Lancia el uso de los venenos como plan de apoyo alternativo. Si algo fallaba, tal como Frank preveía siempre, podrían usar algún intoxicante para atontar, adormecer o dejar inconsciente al Señor H sin causarle daños, mezcládselo con la comida o la bebida. Lancia preguntó que venenos no letales podría encontrar por aquí, y Nori recordó que se podía sacar un veneno incapacitarte de unos escorpiones o de unas bayas que crecían en los oasis. Lancia dijo que no le ayudaría a buscar escorpiones, porque además eso le daría la razón a Frank, que escuchaba desde lejos haciendo ver que no le importaba, y Nori dijo que él también pensaba que las bayas serian mas eficaces y fáciles de atrapar. En el mismo lugar en el que Harry decidió que era ideal para acampar, en un oasis alejado de la ciudad, los chicos empezaron a buscar bayas antes de que acabara de hacerse de noche. Harry se quedó con Danijel para montar las tiendas y sacar a las cabras, y los cuatro jóvenes héroes consiguieron exprimir tres dosis de veneno de las bayas que encontraron. Nori guardó el vial para cuando fuera necesario.

 

Al volver al campamento y sentarse junto al fuego, los muchachos empezaron a charlar sobre los sucesos de los últimos días. Una cosa llevó a la otra y al final la conversación acabo derivando en uno de los compañeros más misteriosos del grupo: Nori. Le preguntaron si no le preocupaba su pasado, sus orígenes. Si no le preocupara que tuviera familia, padres, esposa o esposas (bastante probable según todos) y niños. Si no le preocupaba no recordar de donde venia ni quien era. Nori simplemente respondió que lo que lo que ignoras no te preocupa, dejando grabada una de esas frases que suelen recordarse. Mientras charlaban se dieron cuenta que muy cerca de ellos había algo que parecían restos arqueológicos. Se acercaron a investigar, por matar el tiempo, y llegaron hasta lo que parecía un obelisco. Muy cerca de este había un par de muros medio enterrados por las dunas. Tanto el obelisco como las paredes tenían muy buen aspecto, nada desgastados, a pesar de ser muy antiguos. Tanto el obelisco como los muros tenían unas extrañas escrituras rúnicas, que nadie, ni siquiera Harry, parecía entender, Nori se acercó para calcar las inscripciones, por si algún sabio en Carabás pudiera descifrarlas. En cuanto Yamu se acercó también, las runas parecieron reaccionar y empezaron a brillar con un color azul muy tenue, mientras cambiaban de forma y parecían moverse en la piedra. Todos quedaron muy extrañados, pero el que más fue Yamu, que confesó que, de alguna forma, podía entender lo que allí ponía. Con algún esfuerzo, Yamu pareció entender que eran instrucciones y que las podida usar para desactivar algún sistema de protección. No sabía muy bien a que se refería, pero lo más probable es que abriera una puerta. De repente, todo el grupo parecía tener opiniones al respecto. Incluso Danijel, asustado, recordó haber oído historias locales sobre unos extraños aullidos terroríficos que se escuchaban por las noches en alguno de los oasis, y este bien podría ser ese oasis maldito. A Frank, como siempre, no le parecía una buena idea abrir ninguna puerta, por el asunto de los escorpiones. Pero Lancia y Yamu eran demasiado curiosos para dejar pasar la ocasión, además, Nori advirtió que las runas que ahora se movían eran  muy parecidas a las que su alter ego, überNori, exhibía en su pecho, así que en el fondo también tenia interés en saber mas sobre las extrañas construcciones. Apartándose una distancia prudencial, dejaron que Yamu activara las runas y, sin hacer ningún tipo de ruido, una trampilla se empezó a abrir en el suelo, tragándose la arena que la cubría desde hace muchos años. La trampilla guardaba unas escaleras que bajaban a una tétrica oscuridad. Las paredes de la escalinata eran del mismo material que las construcciones exteriores, y también estaban repletas de runas que parecían reaccionar a la presencia de Yamu, brillando tenuemente y moviéndose sin parar. La luz de las runas podría haber sido suficiente para poder ver una vez abajo, pero de todas formas, para estar más seguros Harry les lanzó unos hechizos de luz para usarlos a modo de antorcha. Danijel no quería bajar, pero los chicos decidieron que nadie podía quedarse afuera sin protección, y estarían mejor juntos, así que al final bajaron todos. Yamu y Nori bajaban los primeros por la escalera, mientras Lancia se quedaba en la retaguardia. Harry enseguida se colocó a su lado, con la intención o excusa de protegerla, pero Frank le hizo adelantarse un poco, para que vigilara a Danijel, mientras él mismo se ocupaba de cubrir la retaguardia de Lancia.

 

A un lado de la escalera, que continuaba bajando, había un extraño carril y una rampa, y a mitad de camino descubrieron una carretilla de gran tamaño que aparentemente usaba ese carril para subir y bajar materiales pesados. Ahora estaba parada, vacía y bloqueada. Cuando llegaron al final de la escalera, Nori les hizo detenerse antes de bajar el último escalón. Agachandose con cuidado, descubrió una placa de presión de un metro de ancho en la base de la escalera. No se atrevía a desactivarla, entre otras cosas porque no había necesidad, ya que saltar la placa seria suficiente para no activar el mecanismo. Todos, incluido Danijel, saltaron la placa sin problemas, cruzaron un gran umbral y pudieron admirar lo que parecía la sala principal de algún tipo de complejo ancestral. El techo era muy elevado, y había lámparas apagadas en todas las paredes. No había casi adornos, y la mayoría eran inscripciones rúnicas indescifrables incluso para Yamu. De las tres puertas que tenia el gran salón, una de ellas estaba arrancada de cuajo, y se podían ver marcas de numerosas pisadas que entraban y salían de la habitación en cuestión. Tratando de no hacer ningún ruido, Nori investigo las huellas, y aunque en principio le parecieron pertenecer a algún plantígrado de gran tamaño, confesó no haber visto ninguna huella como esa. Todos entraron en la sala de donde venían las huellas, y encontraron una especie de taller de trabajo totalmente destrozado. Había restos de cristales, metal, madera y herramientas por todo el suelo, y los bancos estaban rotos y con los cajones arrancados. La sala solo tenía otra salida, con la puerta arrancada de nuevo de cuajo, que daba acceso a unas escaleras que bajaba aún más. En cuanto se acercaron a las escaleras escucharon ruidos provenientes de abajo: fuera lo que fuera que había arrancado las puertas estaba ahora allí abajo. Dejando a Harry y Yamu vigilando a Danijel, Frank, Nori y Lancia bajaron las escaleras con sigilo y vieron a un grupo de extraños seres que estaban destrozando el contenido de lo que parecía un almacén. Las criaturas tenían aspecto animal, pero eran humanoides y estaban totalmente desnudos. Sus brazos eran extremadamente largos, sus ojos grandes y saltones y tenían cuernos, garras y colmillos. Tenían toda la pinta de ser demonios y de no ser muy listos. En total eran seis, pero después de que Frank se lanzara contra uno de ellos al que atravesó con su espada por la espalda, de que Lancia dejara fuera de combate a otro con un terrible golpe en el estomago y que Nori disparara su rifle sobre otro, al que solo le dio tiempo de ver quien le había golpeado por sorpresa antes de morir agarrándose la herida del pecho, solo quedaron tres. La primera intención de dos de los demonios supervivientes fue la de huir por la puerta del fondo, que también había sido arrancada, pero al ver que su otro compañero se quedaba a pelear, cambiaron de opinión para su desgracia. El más valiente de ellos cogió lo que primero tenia a mano para golpear con toda su rabia a Frank. El pesado saco que usó como arma golpeó a Frank causándole un terrible impacto y un gran dolor, mientras estallaba en una nube de alpiste ancestral, que era lo que contenía. Frank, que a pesar de haber sufrido un golpe terrible no tenía mas heridas que las de su orgullo al estar cubierto de comida para pájaros, devolvió el golpe y acabó con su agresor. Lancia aprovechó un hueco en la guardia del demonio que le atacó y, adelantándose a sus movimientos, le golpeó justo antes de que sus garras le golpearan, y se desvaneció antes de tocar el suelo. El último demonio cogió unos restos de tablones del suelo y corrió escaleras arriba hacia Nori, quien con toda la tranquilidad del mundo saco sus pistolas y las descargó sobre el desgraciado, que se desplomó en el acto. Al oír los ruidos del combate, Yamu y Harry, llevando a rastras a Danijel, se asomaron para comprobar que todo estaba ya resuelto, y los demonios se habían desvanecido. Los moratones de Frank confirmaron que la fuerza  sobrenatural de estos demonios era lo que había arrancado las puertas de sus goznes, y parecían haber pasado mucho tiempo saqueando y destrozando el lugar, pero no habían cruzado la puerta al exterior, pues la trampilla al abrirse estaba aún oculta por las arenas. Así que debían haber entrado por otro sitio…

 

Recriminaron a Harry la pésima elección del lugar de campamento. Lancia le dijo claramente que quería un lugar no mágico, y Harry se defendió diciéndole que había elegido este lugar precisamente porque no solo no era mágico, sino que tenía un nivel de magia especialmente bajo, casi nulo. Lancia se hecho las manos a la cabeza y le preguntó si no le había parecido nada raro o digno de mención ese dato, pero Harry contestó que, aunque le había parecido raro, era lo que estaban buscando, y en ningún momento esperaba encontrar ruinas infestadas de demonios.

 

La siguiente puerta, también arrancada, llevaba hasta un largo pasillo. A mitad del pasillo llegaron a un cruce perpendicular con una escalera. Hacia la derecha subía, presumiblemente hasta la sala principal. Hacia la izquierda bajaba hacia la profunda oscuridad. Y el pasillo continuaba en ese mismo nivel. La escalera también tenía el mismo sistema que la anterior, con carretillas elevadoras con carriles. Estaba bastante claro que las escaleras que bajaban guardaban la clave de los demonios, pero les extrañó muchísimo que toda la parte oriental del complejo no tuviera siquiera huellas de demonios. ¿Estaban tratando de evitar algo? tenían que descubrir que era.

 

Siguiendo el pasillo corroboraron que, en efecto, no había huellas en ese lado, y llegaron a una puerta intacta. Y cerrada. Ni Frank ni Lancia consiguieron forzar su cerradura, pero antes de darse por vencidos pensaron que quizás había otra entrada por el otro lado, desde la sala principal de la entrada. Volvieron atrás y tuvieron más suerte con la otra puerta. Esta, al igual que su puerta hermana, también daba a un taller, pero este no había sido tocado en siglos, o eso parecía. Las herramientas estaban intactas, y eran de una calidad excelente, y de una aleación muy ligera y resistente, que Nori y Yamu desconocían. Ambos, aficionados a la mecánica y metalurgia, cogieron un buen surtido de las herramientas que mas útiles les parecían, mientras Lancia investigaba el contenido de los cajones y las mesas de trabajo. En estas se acumulaban lingotes de Siderita bien ordenados, y unos extraños y bellísimos objetos que le llamaron la atención: eran unas esferas de cristal verde, posiblemente también Siderita, en cuyo interior parecía haber otro cristal multifacetado que tenía una forma muy curiosa que recordaba a algún tipo de flor. La esfera estaba engarzada en una base cilíndrica con un relieve en espiral, con metales dorados y plateados, y acababa en una especie de garra de cuatro dedos, que servia muy bien para apoyar el objeto. Lancia quedó tan fascinada por lo curioso y la belleza de estos objetos que, ni corta ni perezosa, se agenció un par para su habitación y para regalárselo a Nefer. Ante la negativa de Frank a adquirir objetos posiblemente malditos, Harry analizó los objetos para confirmar que no poseían magia ninguna y eran totalmente inofensivos. Nori siguió los pasos de Lancia y también se quedó con un par, para hacer de lámparas de noche, y Yamu se guardó otro. Harry cogió otro para que su maestro le echara un vistazo. Lancia aconsejó a Frank que cogiera uno para su casa, pero él le dijo que su casa no necesitaba más adornos. Nori le dijo que él también había estado en su casa y que parecía un cuchitril, al que no le vendrían mal unos pocos adornos de buen gusto. Lancia añadió que también le podrían venir bien unas cortinas bonitas, que además de adornar y vestir la casa, evitarían que nadie le espiara por la ventana. Nadie entendió porque Lancia se ruborizó. Pero Frank se negó a coger uno de esos, a su juicio, peligrosísimos artefactos.

Pero la puerta que ellos estaban buscando era la que debía bajar unas escaleras hasta lo que en la otra ala del complejo eran los almacenes. Sin embargo, la puerta equivalente en esta sección era diferente, y tenía una marca en la puerta que también reaccionó al acercarse Yamu. Según pudo deducir el joven elfo, esta marca indicaba que la sala era algún tipo de zona peligrosa, y la señal era de advertencia. Eso fue lo único que necesitaba saber Lancia para querer entrar aún con más ganas. La puerta no tenia cerradura por este lado, sino una manivela, y Yamu la abrió sin problemas. Yamu y Nori se asomaron a las escaleras que bajaban y vieron que la pequeña sala tenia un extraño pedestal en el centro, lleno de cableado y ornamentación, que soportaba una de las piezas de cristal que acababan de ver, enroscada por la zona espiral al propio pedestal. La esfera de cristal estaba totalmente inerte, igual que las del taller. Enfrente del pedestal había una curiosa figura humanoide, que parecía construida en metal, y que se asemejaba muchísimo a úberNori. Tenía sus mismas hechuras y estaba cubierto de las mismas extrañas runas, pero parecía más avanzado o evolucionado. Junto al pedestal al que parecía conectado, se podía leer una inscripción que rezaba “N155”, aunque por el aspecto elegante de los números bien podía leerse “Niss”. Junto a Niss había un extraño cofre metálico. Lancia trataba de asomarse por encima o entre Yamu y Nori, tratando de encontrar un hueco para saciar su curiosidad. Mientras Yamu y Nori bajaban totalmente prendados del descubrimiento, Frank trataba de sujetar literalmente por la cintura a una desatada Lancia, que estaba ansiosa de saber mas cosas sobre el extraño “hermano” de Nori y la esfera del pedestal. En cuanto Lancia, venciendo fácilmente el agarre de Frank, logró tocar el pedestal, Niss pareció activarse de repente y adquirir una posición totalmente ofensiva hacia los intrusos. Entonces Nori recordó que cuando se transformó tenia la certeza de servir a Yamu, que de algún modo su otro yo le reconocía como un líder, así que rápidamente le aconsejo a Yamu que le ordenara que se detuviera con la esperanza de que también este ser lo hiciera. Yamu uso su fuerza interior, sus ojos brillaron con un color verde intenso y por un momento, mientras ordenaba a Niss que se detuviera, su aspecto pareció cambiar un poco. El ser mecánico aceptó totalmente la orden y detuvo su ataque, pasando a una posición de espera. Todos estaban estupefactos ante lo que había ocurrido y Lancia, con un ligero carraspeo, le indicó amablemente a Frank que le soltara la cintura, que ya había pasado el peligro. Esta vez fue Frank quien (casi) se ruborizó. Mientras Yamu verificaba que Niss ahora le era totalmente fiel, dándole ordenes simples, Nori se acercó al cofre y Lancia desenroscó la esfera de cristal de su pedestal, cerciorándose de que encajaban perfectamente en la ranura y verificando que la esfera era totalmente inerte. El cofre no tenía cerradura, sino un mecanismo de combinación de cuatro números o letras. En un alarde de imaginación, introdujeron la combinación “N155” y el cofre se abrió sin ningún problema, de forma automática. En su interior había dos artilugios fabricados en Siderita, una ballesta pesada y una especie de cetro, ambos muy ornamentados y con unos extraños anclajes en su parte inferior. Como Niss parecía ahora bajo control, Lancia descubrió enseguida que la ballesta encajaba perfectamente en las ranuras que el ser mecánico tenia sobre los hombros, así que equiparon a Niss con una nueva arma. Con este nuevo aliado de su parte, los muchachos decidieron bajar a lo más profundo del complejo.

 

Según Frank pronto iban a encontrar el escorpión bajo la piedra.

 

Las escaleras bajaban muy profundamente, y del fondo provenía un potente resplandor verde y un ligero zumbido. En cuanto llegaron al final de la escalera, los chicos se deleitaron con la visión de una sala circular semiesférica, a modo de cúpula, en cuyo centro se erigía un enorme pedestal escalonado sobre el que descansaba, a una buena altura, una esfera de cristal como las que habían visto, pero que emitía una potentísima luz verde y parecía palpitar y zumbar al borde del estallido. Sobre la esfera, atravesando el techo, numerosas formaciones de cristales monolíticos crecían rodeándola y apuntando directamente a ella. Pero lo mas peligros, aparte de la evidente sobrecarga a la que estaba sometida la esfera de cristal de apariencia muy inestable, era la extrañísima y terrorífica criatura que se enroscaba en el pilar central, rodeando a la esfera. La criatura era claramente demoníaca, mas que nada porque los chicos podían vislumbrar de donde venia gracias a lo que parecía un agujero dimensional que se formaba en espiral en el centro de la sala, a media altura. Pero, además, tenía un enorme tamaño, era oscura como la noche y tenía unos pequeños ojos totalmente blancos. Su cara se asemejaba a la de un murciélago, al igual que sus alas, pero tenía muchos más dientes y más feos, y sostenía una enorme espada dentada en una de sus manos. A pesar de que el ser era evidentemente ciego, localizó de inmediato a los héroes en cuanto entraron en la sala, se giro hacia ellos y, blandiendo la espada, les dijo algo que sonaba muy feo en un idioma que nadie entendió, pero que parecía pronunciarse con 3 voces a la vez.

Estaba claro que el ser se preparaba para atacarles, así que Nori le apuntó con el rifle. Frank quería desenroscar la espera de cristal del pedestal, porque de algún modo este parecía estar alimentándola, pero Lancia le dijo que acercarse podría ser peligroso. Nori llegó un poco más allá y le dijo que la radiación de la esfera no tenia ninguna buena pinta y era muy posible que como mínimo se quedara estéril y calvo solo con acercarse. A Yamu se le ocurrió enviar a Niss, su nuevo aliado, para ocuparse de ese trabajo, así que mientras Nori le cubría con el rifle, Lancia y Frank corrieron hacia el demonio para tratar de atraer su atención.

Nori disparó en cuanto tuvo un tiro claro, pero el demonio encajó el disparo perfectamente y no pareció sufrir muchos daños. Eso si, propició que centrara su atención en Lancia, hacia la que se preparó a cargar desplegando sus alas. Lancia se detuvo de inmediato preparada para recibirle y tratar de romper su guardia, pero justo cuando la criatura alada despegaba del pilar, Frank, quien se había encaramado lo suficiente sin ser visto, le asestó una terrible estocada en la cabeza que le derribó de inmediato, a los pies de Lancia, retorciéndose de dolor. Lancia reaccionó de inmediato para no darle tiempo de recuperarse, le atrapó el brazo con una terrible llave que le rompió el hueso y le obligó a soltar su terrible arma y después, sin soltar su presa, le dio una patada en el pecho que le hizo abrir de par en par sus ojos ciegos. El inmundo bichejo se quedo inmóvil en el suelo, aún respirando, y Lancia le soltó cuando se aseguró de que no iba a levantarse en un rato.

Niss había llegado a la altura de la esfera y empezó a desenroscarla. A cada nueva vuelta que le daba, el zumbido aumentaba y la luz se intensificaba. Las manos de Niss estaban al rojo vivo y parecían deformarse al hacer fuerza, pero el ser mecánico no parecía sentir dolor. Quien si que empezaba a sentir la energía a su alrededor era Frank, quien a pesar de las advertencia se había encaramado al pedestal y estaba demasiado cerca de la esfera. Lancia, notablemente preocupada, le gritó desde abajo que se lanzara y que ella trataría de recogerle. Frank, quien al parecer nunca se había fiado de nadie, se sorprendió a si mismo al lanzarse al vació a los brazos de Lancia, quien le recogió al vuelo, y ambos muchachos cayeron al suelo, sin ningún rasguño. La escena quedo un tanto empañada por el terrible resplandor que emitió la esfera cuando Niss la desencajó.

 

Nori carraspeo sonoramente indicando lo incomodo de la posición de Lancia y Frank, y mientras Frank ayudaba a levantar se a la chica, Nori le miraba fijamente con aire de desaprobación. Niss sostenía la esfera, que aún zumbaba y brillaba, lejos de los chicos. Nori propuso arrojar la peligrosa esfera al mar o hacerla estallar en mitad del desierto, pero tras una breve discusión llegaron a la conclusión de que podría ser demasiado peligroso provocar su estallido. Según Harry, ahora que la esfera había dejado de estar en el pedestal, toda la zona en la que se encontraban se estaba cargando de poder mágico rápidamente, y todo hacia indicar que se encontraban en un foco de poder muy potente. Alguien había dejado cargando una esfera de Siderita en un foco de poder durante milenios, y había acumulado quizás demasiada carga para poder asegurar su destrucción segura. Como la idea era descargarla, quizás si colocaban la esfera cargada en el pedestal en donde encontraron a Niss se descargaría de algún modo, como lo estaba la esfera que allí encontraron. Recogieron los numerosos objetos que los esbirros del demonio parecían haber acumulado a los pies del pedestal para examinarlos con más cuidado y se decidieron a enroscar la esfera cargada en el pedestal de Niss. Al hacerlo, una potente zumbido como de abejas recorrió todo el complejo. Las luces de las paredes empezaron a brillar, las runas se movían con más fuerza y todo empezó a refulgir y moverse. Oyeron como las vagonetas acababan sus trayectos y el aspecto del complejo pareció volverse de repente mucho menos siniestro. Ahora estaba claro que el complejo tendría energía para varios milenios más. Con toda la luz de la que ahora disponían, prestaron más atención a los tesoros que habían encontrado. La mayoría eran trastos, pero un bastón cubierto de garabatos de ballenas les llamo la atención. Harry reconoció el bastón, que había pertenecido a un gran mago de la antigüedad, y como a ninguno de los chicos les iba a servir, decidieron que se lo quedara a modo de pago, o como parte de su botín. Harry se puso muy contento. Cada vez le gustaba más la vida de aventurero: había conocido a chicas guapísimas como Lancia y Xiang, y encima se llevaba objetos mágicos de gran poder, sin apenas hacer recibido heridas.

Otro de los objetos que encontraron era aún mas extraño. Se trataba de una figura pequeña que simbolizaba una esfinge, con mucho detalle y muy bien cuidada. Radiaba un extraño poder mágico y cuando trataron de activarla, todos escucharon en sus cabezas una voz que trataba de ser natural pero sonaba grabada en el aire. La voz les pedía preguntas, que los chicos no tardaron en hacer. Lancia le preguntó quien era la mas guapa, y la pequeña esfinge le contesto, tras un pequeño periodo de reflexión, dándole un nombre que nunca había escuchado antes. Los chicos empezaron a hacer preguntas sobre muchas cosas, y a muchas les contestaba repitiendo una formula que les informaba que no tenia conocimientos sobre ese tema. Pero a otras muchas preguntas si que contestó, muchas sobre Carabás y el complejo en el que se hallaban. Al final, tras una larga serie de preguntas, dedujeron que la estatuilla de esfinge era una especie de recopiladora de información precisamente sobre las esfinges, y que las preguntas que había contestado sobre otros temas, como las de Carabás, entraban en su marco de conocimientos porque tenía que ver con esas criaturas. Descubrieron, por ejemplo, que Carabás existía ya desde hace milenios, que el lugar en donde estaban ahora formaba parte de Carabás y que, originalmente, fue el Reino de una esfinge, no un Marquesado. Se le pregunto directamente por Ehishinarita y Nefertinarita, pero la estatuilla solo llegó a intuir que los nombres citados eran de origen esfinge, pero no conocía a los sujetos.

El objeto era sumamente curioso y, además, hermoso, con lo que Lancia convenció al grupo para entregárselo como regalo a su Marquesa y amiga Nefer.

Cuando los chicos se disponían a salir del complejo, Niss se quedó justo en la base de la escalera. Yamu comprendió que Niss no podía abandonar el complejo, porque era su protector, así que le liberó de su anterior orden y le dejo que continuara con su tarea de vigilancia del complejo. Niss, sin despedirse, camino hacia en interior del complejo sin pausa, a continuar su ronda de vigilancia eterna. Yamu usó el monolito exterior para cerrar la trampilla y la volvieron a ocultar enterrándola en arena, sabedores de que, aparentemente, solo Yamu podría ser capaz de volverla a abrir.

 

En cuanto volvieron al campamento descubrieron a tres hombres que estaban examinando a las cabras que pastaban. Dos de ellos eran enormes y estaban completamente equipados como para ir a una guerra, pero el tercero vestía ropas opulentas y llamativas, y tenia un aspecto tan amistoso como peligroso. Los grandotes sacaron sus armas en cuanto vieron acercarse al grupo, pero el líder les ordenó bajar las armas con un gesto y después saludo efusivamente a Danijel abriendo sus brazos. Danijel le devolvió el saludo y Lancia, en voz baja, l preguntó si ese hombre era el famoso Señor H. Danijel lo confirmó en voz baja y empezó a caminar hacia su compañero de negocios. Lancia dirigió una mirada a Frank, quien se abalanzó sobre Danijel con más rabia que precisión y empezó a golpearle. Lancia le recriminaba que debía haber sido un golpe limpio mientras Frank le continuaba golpeando en el suelo. El Señor H tenía los ojos como platos, mientras que sus matones tenían las armas en las manos, al igual que Yamu y Nori, de forma que se estaban apuntando mutuamente. La situación era muy tensa, pero Lancia intervino rápidamente para que no se convirtiera en un baño de sangre. La chica hizo que Yamu y Nori bajaran sus armas, y  le dijo al Sr. H que no querían hacerle ningún daño. Le explicó que trabajaban para el Príncipe del Puerto, quien recientemente había descubierto que ese gusano, refiriéndose a Danijel, había estado haciendo negocios a sus espaldas. Como Danijel no iba a soltar prenda sobre con quien estaba haciendo negocios, el Príncipe urdió este plan para quitarse de en medio a Danijel y hablar de negocios con su cliente directamente. Así pues, lo que ellos querían era escoltarle hasta Carabás para una fructífera reunión de negocios. Danijel, a gritos desde el suelo, corroboró sin querer su historia, diciéndole al Sr. H que esos tipos habían irrumpido en su almacén, habían acabado con sus guardaespaldas y lo habían llevado a rastras hasta el escondrijo del Príncipe. El Sr. H parecía convencido, no solo por lo plausible de la historia, sino porque también se sentía engañado por Danijel. De hecho, el propio Sr. H creía haber estado haciendo negocios con el Príncipe del Puerto, pero acababa de descubrir que no era así y eso le preocupaba muchísimo. Todo cobraba sentido. Ya mas calmado, le dijo a Lancia que el negocio empezó cuando un tipo bien vestido pero que nunca había visto empezó a  preguntar por los barrios bajos por las joyas de Carabás que recientemente habían entrado en la ciudad. Ni corto ni perezoso, el Sr. H encontró a Danijel, que era el responsable, y le ofreció un trato. Su intención era no revelarle al misterioso personaje quien estaba introduciendo las joyas, sino ofrecerle todas las que él quisiera, usando a Danijel como proveedor sin revelar su paradero. El plan funcionó durante mucho tiempo. Danijel creía venderle las joyas al Sr. H y a nadie más. El Sr. H creía que compraba las joyas a Danijel como emisario del Príncipe del Puerto, y las revendía a mayor precio a su cliente, sin que ni este ni Danijel se conocieran. El misterioso cliente compraba todas las joyas al Sr. H, pero no sabia de donde salían…un típico juego de mafias.

Sin embargo, hace ya días que el Sr. H no lograba contactar con su cliente, y varios de sus informadores le habían dicho que había salido en comitiva hacia el Sur, lo más probable hacia Carabás. El Sr. H no sabía porque iba  a hacer eso pero ahora, al saber que el Príncipe del Puerto no sabia nada sobre su negocio, era muy probable que su misterioso cliente hubiera descubierto antes que él el engaño, de forma que pretendía hacer un mejor trato hablando directamente con el Príncipe en Carabás a sus espaldas. Si sus temores eran ciertos, gracias a la providencial llegada de los enviados del Príncipe, podría adelantarse a la traición de su cliente y cerrar el trato con el Príncipe para dejar a su cliente de nuevo con la obligación de comprarle a él las joyas.

No le hacia ninguna gracia, pero debía arriesgarse y hacer el viaje lo mas rápido posible. El Sr. H les propuso usar el viaje en barco, ya que la tormenta verde había amainado y ya se podía navegar, y ofreció uno de sus barcos como vehículo. Lancia se negó rotundamente, aludiendo que enviar a Carabás un barco lleno de tipos armados y con la bandera del Jerifato podría ser tratado como un acto violento en mitad de un clima tan tenso a nivel político, y en cualquier caso, como mínimo, llamaría muchísimo la atención. Lancia, sin dejarle tiempo a pensar en una alternativa, se ofreció a encontrar esa misma noche un barco mercante regular en el que entrarían de incógnito, solo ellos y el Sr. H. este último exigió que al menos le acompañaran tantos hombres como ellos eran, y Lancia aceptó el trato, contestándole que era muy justo, pero que debían de ser lo mas discretos posibles. Quedaron en verse al alba en el puerto del Jerifato, para abordar el barco elegido y el Sr. H se marcho junto con sus escoltas.

Los chicos habían descubierto que el autentico cerebro de la operación estaría en Carabás y, por las descripciones del Sr. H, habían muchas posibilidades de que se tratara del propio embajador que había anunciado su visita. Si el Sr. H lo veía, podría identificarlo, pero tenía que tener una razón para querer hacerlo. Rizando mas el rizo, si en cuanto pisaran Carabás todos ellos fueran detenidos por la guardia, quizás pudieran ofrecerle un trato al Sr. H si colaboraba o, en el peor de los casos, tratar de sacarle la información desde las celdas, convenciéndole para que usara sus contactos para sacarles de la prisión.

Ahora el problema que los chicos tenían, además de la menudencia de encontrar un barco para ese trayecto, era como hacer llegar un mensaje a Carabás explicándoles a los interesados el plan de actuación. Y el mensaje tenia que llegar rápido y en secreto.

 

Frank nunca había tenido problemas en enviar mensajes, que no sabia muy bien como, llegaban rápida y discretamente a su destino. Estaba claro que podía ofrecerles su ayuda a sus nuevos amigos, pero no estaba muy seguro de si al final del mensaje habría un escorpión o una princesa.

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