Detectives de mascotas: Parte 1- Secretos

on 26 septiembre, 2014 in Sesiones de juego

Dado
Los chicos se encontraron a primera hora de la mañana en la puerta del nuevo taller de Mathiassen, a quien encontraron eufórico al lado de un gran carromato que estaba siendo cargado por varios enanos y Harry. Lauritz saludo con alegría a sus nuevos amigos y les confirmo que todo había salido bien, que tenia suficientes faroles para colgarlos en la ciudad y que disponía de un mapa que le habían dejado los enanos para disponer las ubicaciones de los artilugios. Aseguró que según sus cálculos, y hasta el momento no parecía haber errado, la tormenta de detendría y se retiraría al cabo de 2 o 3 días como mucho, pero que se mantendría vigilante hasta que eso sucediera. Lancia pidió a Lauritz que pusiera una de esas farolas enfrente de su casa, y este no tuvo ningún problema en aceptar. A cambio, Lancia le prometió que cuando todo se calmara un poco le mostraría la Ciudad de Carabas, acompañándole el tiempo que hiciera falta para ver todas sus maravillas.

Mientras Lancia charlaba con Lauritz, Frank recordó lo que el Sr. Noorgard le habia dicho en su encuentro secreto sobre Nori. Decidido a vigilar bien de cerca al presunto enano, le saludo efusivamente, preguntándole si se encontraba bien, si notaba algo extraño y tocándole la zona del hombro mientras le daba la mano. Nori, malinterpretando lo gestos, le pregunto si tenia algún tipo de interés personal en él, o si solo le gustaban los enanos en general. Frank decidió no seguirle el juego a Nori por ahora, no muy seguro de si lo que le estaba diciendo era una broma o iba en serio.

Los chicos se fijaron en los guardias que habían sido enviados por la Marquesa, o casi mejor dicho, por el Sr. Noorgard. Vestían uniformes de reclutas de la guardia de Carabas, pero tenían mayor edad que el recluta medio y se les veían algunas cicatrices y marcas que podían llevar a pensar que eran veteranos. Ni Yamu ni Frank les conocían ni les habían visto antes, pero eso no significaba nada: no podian conocer a todos los reclutas de un cuerpo que actualmente estaba en expansión. Lo que si que le llamó la atención a Nori fue que ambos parecían llevar los mismos colgantes. No podía ver el propio medallón, pero las cadenas que los sujetaban eran idénticas para los dos reclutas guardianes. Al pensar que pudiera ser parte del uniforme, trato de confirmarlo preguntando a Yamu y Frank, pero estos no sabían nada de esos medallones. Como el asunto era muy misterioso, informaron a Lancia y esta trató de sonsacarles información de manera sutil, iniciando una conversación inocente. Tras una charla algo larga y repleta de evasivas incomodas y evidentes, Lancia averiguó que los supuestos reclutas afirmaban haber entrado en la guardia hace una semana, justo cuando los héroes estaban lejos de viaje, y que antes ya habían hecho algún que otro trabajo para el gobierno de la ciudad. Cuando Lancia les preguntó si habían entrado en combate con anterioridad, lo negaron, pero dieron ciertos rodeos. A pesar de lo tremendamente sospechoso que todo parecía, los chicos acabaron pensando que debían de ser hombres de confianza de Noorgard, quien ya dijo que se ocuparia de la protección de Lauritz Mathiassen, y que los medallones debían de ser la marca de esos “hombres de confianza”.

Se despidieron de Lauritz y se dirigieron hacia el palacio en donde se supone que iban a recibir una reprimenda. Nori apartó a Lancia del grupo un momento para preguntarle porque siguió a Frank la pasada noche, después de salir del palacio. Lancia le dijo que lo hizo para descubrir mas cosas sobre él, como por ejemplo donde vivía, por si descubría alguno de sus oscuros secretos. Yamu, que escuchó que Lancia habia seguido a Frank hasta su casa, se enfado terriblemente. Sin embargo Lancia, tratando de ser discreta, les dijo que era una misión de espionaje, que ahora sabia donde vivia y les contó algunos detalles que sabia que les gustaría saber, sobre todo a Yamu, sobre su espartano estilo de vida. Yamu, distraído en los detalles de las descripciones, se contento con saber que Frank vivía en una casa sin apenas muebles, oscura y fría. Por supuesto Lancia evitó mencionar que después invitó a Frank a cenar a su buhardilla, y esperaba que Frank también guardara ese secreto.

De camino al Palacio de la Marquesa, Lancia y Nori se quejaban de que les fueran a reñir. Ellos eran civiles, y por tanto no tenían porque seguir ordenes de nadie y podían abandonar la Ciudad de Carabas con total libertad. Y puesto que no habían hecho nada ilegal, ni siquiera les podían acusar de ningún crimen o falta. Yamu y Frank eran otro caso. Al abandonar ambos sus obligaciones y puestos en la guardia durante ese tiempo, habrían incurrido en faltas de gravedad indeterminada, pero graves en cualquier caso. Al entrar al palacio, se encontraron con las amigas de Lancia, sus compañeras del grupo de baile. Todas se alegraron muchísimo de ver que Lancia estaba bien, y también el resto del grupo. Le recriminaron que no les hubiera avisado, pero entendían que estaba en medio de una emocionante mision secreta ordenada por la propia Marquesa. Lavinia se mostraba enfadada con Lancia, porque la dejó a cargo de Cascabel sabiendo que iba a estar fuera mucho tiempo, y ademas, la dejó muy preocupada sin avisarla. La buscó por todo el palacio cuando un día, al dar de comer a Cascabel, esta vomito una segunda tanda de joyas, y quería informarle de ese extrañisimo fenómeno. Al no encontrarla, Lavinia informó a la Marquesa, ya que sabia que era muy amiga de Lancia, y esta acabó confesando que Lancia y sus amigos estaban ya lejos de Carabás, en una misión secreta para ayudar al Marquesado. Desgraciadamente, al confesar Lavinia este suceso, el Sr. Noorgard quiso tomar el control del caso y ordenó requisar a Cascabel, pero afortunadamente la Marquesa se negó en rotundo a requisar a la cabritilla, pero ordenó a Lavinia que vigilara con cuidado  a la cabra y no la dejara salir a la calle ni que tuviera contacto con nadie. Lancia agradeció el trabajo que Lavinia había hecho y su buena actuación, y se disculpó con todas, pero con Lavinia en especial, por todo los quebraderos de cabeza que les había dado. Maria también les confesó que su cabritilla, Topos, había vomitado mas gemas de lo habitual y su padre estaba preocupado por si se había metido en algún lío legal. Yamu informó también de que sus compañeros de barracón, quienes ocultaban a Halcón, la tercera cabritilla “especial”, le habían dicho que la cabra había vomitado mas gemas de lo normal, pero estas se transformaban en vomito al cabo del tiempo. Tanto Lavinia como Maria contaron lo mismo. Al tiempo de ser vomitadas, las joyas de las cabritillas se tornaban vomito normal y corriente, de forma aparentemente aleatoria. Lancia y los chicos se despidieron de las bailarinas y se dirigieron al salón de la Marquesa, para recibir su charla.

Al entrar en el salón, los chicos vieron que solo estaban la Marquesa en su trono, y el Sr. Noorgard de pie a su lado. La Marquesa ordenó a los dos únicos guardias del salón que se retiraran para dejarles a solas. Lo primero que hizo la Marquesa fue alabar el excelente trabajo que los chicos habían hecho, ya que no solo averiguaron algo sobre el origen de las anomalías mágicas de Carabás, sino que habían solucionado un terrible problema del que desconocían cuando iniciaron su misión. Pero el Sr. Noorgard la interrumpió amablemente para pedirle que tratara el tema mas importante, el de la salida de la Ciudad de Carabas y el secretismo. La Marquesa parecía informar mas al Sr. Noorgard que a los héroes, al decir que estos habían salido de la Ciudad bajo expresa orden de la propia Marquesa, y que al tratarse de una misión secreta, ella no conservaba ninguna orden o documento que lo verificara, aunque estaba segura de que siendo ella la máxima autoridad en el Marquesado, no debía rendirle cuentas a nadie, mas que a su pueblo, que al parecer estaba muy agradecido porque su acción ha significado la retirada de la Tormenta Verde. El Sr. Noorgard aceptó esto a regañadientes, pues las ordenes de la Marquesa eran irrefutables, pero aconsejó que en un futuro se le informara de la toma de acciones similares. El Sr. Noorgard les confesó que su idea y consejo era amonestarles a todos, pero dado que solo siguieron las ordenes de la Marquesa, no podía mas que felicitarles. Pero entonces salió el tema de Frank. Nefer estaba segura de que no había enviado a Frank a ninguna misión, pero el Sr. Noorgard la interrumpió de nuevo. Al parecer, tras investigar la desaparición de los 4 chicos, el Sr. Noorgard descubrió que Frank estaba en misión oficial de la guardia en una operación contra el contrabando, y disponía de ordenes firmadas por la propia Marquesa. La Capitana Abbey Finn disponía de unas ordenes para Frank y en estas se especificaba que podía tomar las acciones que el teniente creyera oportunas para llevar a cabo la investigación, bajo su propia responsabilidad si incurría en acciones ilegales. Así pues, al parecer el Teniente Melher tomó la decisión de abandonar Carabás para seguir un cargamento de contrabando y después actuó según creyó que beneficiaria a su misión. La propia Marquesa no recordaba haber firmado ninguna orden parecida, pero confesó que no se paraba a leer todo lo que firmaba, sobretodo si estaba cansada al final de la jornada. Lancia, muy avispada, le preguntó quien le entregaba los documentos para firmar, y Nefer le contestó que confiaba en el Sr. Noorgard, quien actuaba de secretario y leía los documentos antes de entregárselos para firmar. Las miradas acusatorias apuntaron al Sr. Noorgard quien, en su defensa, admitió no recordar haber leído o revisado dicha orden, que al parecer ademas llegó dos días tarde a su destino en los cuarteles, y aseguró que este caso era un típico caso de ineficacia burocrática. Quizás a él se le olvido revisar la orden así como a la Marquesa, en un raro caso de coincidencias. De nuevo Lancia preguntó sobre el tema: ¿Si la orden no la escribió la Marquesa, y tampoco el Sr. Noorgard, quien lo hizo? El Sr. Noorgard les informó que las ordenes y los documentos que la Marquesa firma no suelen ni escribirlos ella ni el Sr. Noorgard, sino que los escribas y secretarios las redactan según apuntes y ordenes verbales, para revisarlos después el Sr. Noorgard y firmarlos la Marquesa para hacerlos oficiales. Lancia inquirió pues que alguien podría haber colado una orden falsa, que de algún modo paso el filtro de Noorgard y la Marquesa firmó confiada. El Sr. Noorgard lo admitió impasible, quitandole importancia, pero la Marquesa asintió con aire de culpabilidad, ya que había firmado un documento aparentemente falso , aunque inofensivo, pero que dejaba la puerta abierta a un desastre burocrático. Ante la insistencia y aparente enfado de Lancia, a quien el propio Frank trataba de calmar intentando hacer que olvidara el tema, entre otras cosas, porque le afectaba directamente a él mismo, el Sr. Noorgard afirmó que se investigaría el caso. Lancia propuso que sus propios padres, los Grandes Heroes, investigaran la autoria y el proceso de la orden sospechosa para encontrar a los responsables. Al Sr. Noorgard no pareció hacerle mucha gracia la propuesta, pero ante los datos objetivos que Lancia esgrimía, ya que los Grandes Heroes no estaban directamente involucrados en la trama, no así el propio Noorgard, no seria lógico que este dispusiera de unos investigadores que podrían sesgar su trabajo en favor del consejero, a la Marquesa le pareció una idea excelente y ordenó, de nuevo de forma tajante, que fueran los Grandes Heroes los que se ocuparan de la investigación. Esto pareció tranquilizar muchísimo a la propia Nefer, segura de que los Grandes Heroes arreglarían el pequeño desastre, y también a Lancia, que sonreía mientras veía al Sr. Noorgard ponerse algo nervioso.

La Marquesa aprovecho este momento para anunciar el autentico motivo de la reunión,  que al parecer incluso el Sr. Noorgard desconocía. Nefer se saco de un elegante atillo cuatro tubos portadocumentos muy bien adornados, y se los entregó a los chicos. En ellos se contenían los documentos acreditativos que nombraban a cada uno de ellos Guardias de la Marquesa, un cuerpo que la propia dirigente había dispuesto y que haría las veces de servicio secreto, solucionando problemas y asuntos de estado de difícil solución por vías normales, siempre pensando en el bien del Marquesado y su Marquesa. Nefer confesó también que en esas ordenas había usado uno de sus deseos, a pesar de las reticencias del Sr. Noorgard, por lo que cualquier persona a las que se les presentaran esos papeles aceptaría su veracidad sin rechistar, pudiéndose así identificar sin ningún tipo de sospecha ante cualquier persona o autoridad, incluso si no conocían siquiera el Marquesado. Los héroes aceptaron de buen grado este regalo y esta responsabilidad, de forma que los únicos agentes públicos de la Guardia de la Marquesa iban a ser el Sargento Cromsom y el Teniente Melher. Lancia estaría siempre cerca de la Marquesa porque no dejaba de ser su ayudante de cámara, mientras que Nori seria nombrado públicamente Asesor enano. Incluso el Sr. Noorgard parecía estar de acuerdo en este nuevo nombramiento, incapaz de contradecir ni a la Marquesa ni a los hechos que los jóvenes héroes habían proporcionado.

Y la Marquesa estaba ansiosa por darles la primera misión oficial. Al parecer desde hace algún tiempo algún mercader o contrabandista sin escrúpulos había encontrado una manera de inundar el mercado del Jerifato de Al-Bassid con gemas de Carabas. Se supone que la propia Marquesa había modificado su anterior deseo para que las cabras solo vomitaran gemas una vez, solucionando así un anterior conflicto diplomático, pero la historia parecía repetirse. Hace poco el palacio recibió una carta del embajador del Jerifato, Jalam Balara, en un tono bastante tenso y agrio, sin dejar de ser respetuoso, en el que se le exigía al Marquesado la solución inmediata del conflicto, ya que se habían encontrado en el Jerifato cabras que vomitaban gemas sin control, y que encima estas se convertían en vomito al tiempo, con lo que muchos mercaderes y gente de bien están perdiendo mucho dinero, y se cree que lo están ganando criminales del Marquesado. El embajador promete venir personalmente para verificar y acelerar la resolución del problema, al que se le unen las crecientes tensiones militares en la frontera debido a unas malinterpretadas maniobras de entrenamiento de la Guardia de la Ciudad. Cuando Lavinia confesó la existencia y las cualidades de Cascabel, el Sr. Noorgard vio un cabo del que tirar para empezar la investigación, pero Nefer sabia que Cascabel era la mascota de Lancia, así que se encabezonó en que deberían ser los jóvenes héroes los que se encargaran de resolver las pesquisas, sin levantar sospechas, y tirando de un cabo que ellos mismos habían encontrado. Por este motivo, la Marquesa acababa de ordenar a la Guardia de la Marquesa que encontraran al culpable del delito y lo entregaran a la justicia, o en el peor de los casos, se aseguraran de que el asunto estaba resuelto.

Los chicos estaban muy ilusionados con la nueva misión, pero antes de salir comentaron entre ellos que tenían cosas que hacer antes de empezar a investigar. Como aún era muy temprano, quedaron en la Plaza de Carabás a mediodía, después de comer, para ir a hablar con el padre de Maria, quien había dicho que recordaba a unos hombres que hace meses que estaban comprando cabritilla noveles puerta a puerta por las granjas. Antes de marcharse, Lancia le preguntó el nombre de algún otro oficial del puerto compañero de Yamu, y Yamu recordó el nombre de otro Sargento, Cristopher Smith. Yamu se extraño mucho, pero Lancia solo le dijo que tenia un plan…lo que no le dijo es que era un plan para averiguar mas cosas sobre su nuevo amigo, Frank.

Precisamente de Frank no supieron mucho durante la mañana. Después de que Yamu y Nori se burlaran un poco de la casa que Lancia les había descrito, el joven teniente aseguró que pasaría la mañana en ella o en los cuarteles, pero como esta vez nadie le siguió, no se puede asegurar que cumpliera su promesa.

Nori se aseguró de que su nuevo puesto de Asesor estaba remunerado, y así puso pasar la mañana de compras con su amiga especial, Daniella. Como Nori había adquirido hace nada una casa propia y en el fondo temía que se acabara pareciendo a la de Frank, sin un toque femenino, aprovechó los conocimientos y las ganas de comprar con dinero ajeno de Daniella para adquirir mobiliario nada barato pero si muy suntuoso y lujoso; cortinas de raso, sofás orejeros, mueble-bar repleto de buenos vinos y licores, mesas y sillas coloniales y una preciosa alfombra. Daniella también le aconsejo sobre unos candelabros de plata, que al final tuvieron que ser de bronce porque se salia del ya amplio presupuesto.

Yamu paso la mañana con su espada en los cuarteles. Quería practicar algo de herrería, ya que se le daba bien, y de paso aprovecharía para darle un toque mas personal a su espada, para hacerla mas suya. Con cuidado de no borrar la inscripción rúnica en la que se podía leer en Khuzdu “De parte de todos tus amigos”, mejoró la curvatura y el filo de su espada, que poco a poco se iba convirtiendo en casi una parte mas de su ser.

Lancia, antes de abandonar la sala, pidió a la Marquesa hablar en privado. El Sr. Noorgard se retiró, pero antes de hacerlo Nori pudo ver que también llevaba un cordón de medallón similar al de los guardias que antes habían visto. No le extraño, pues la teoría era que ese medallón, de alguna forma, mostraba la lealtad hacia la facción de Noorgard, con lo que era lógico que este también lo llevara. Lancia animó a Nefer y le quito responsabilidades en el asunto de la sospechosa orden de Frank. Nefer creía que era culpa suya por no leer todo lo que firma, pero Lancia le dijo que era mas culpable Noorgard por incumplir sus obligaciones de revisar todos los documentos. Ambas se mostraron muy confiadas con que el asunto de la investigación fueran a llevarlo los grandes héroes, y la charla cambio a un tono mas distendido. De hecho, Lancia le recordó a Nefer si aún se dedicaba al dibujo y la pintura. Nefer se rió, porque de hecho esa era una de sus aficiones preferidas, la que su padre, Vespero, le animaba a practicar. Lancia le pidió si podría pintar una especie de bodegón, que fuera como un cuarto de niño lleno de juguetes, pero visto desde el punto de vista de uno de esos juguetes, desde el suelo. Nefer acepto extrañada, pero supuso que querría el cuadro para adornar su buhardilla. En cuanto acabaron de charlar, Lancia paso a ejecutar su plan secreto para sacarle información a Noorgard. Buscó al consejero por los pasillos del palacio, y le asalto preguntadole si podría responderle a unas cuestiones. Noorgard acepto sin problemas contestar a unas cuantas preguntas inocentes, y Lancia le comentó que hace poco que una de sus amigas había empezado a salir con un sargento de la guardia, un tal Cristopher Smith, y quería saber si era un buen chico. Noorgard se extraño porque esperaba preguntas mas comprometedoras por parte de una chica tan embrolladora como era Lancia, pero le dijo que no sabia nada sobre el sargento Smith. Lancia le dijo que eso le extrañaba porque creía que en su posición sabría muchas cosas sobre los reclutas o tendría acceso a sus archivos. Eso lo admitió el Sr. Noorgard, pero le dijo que no consultaría sus expedientes personales para cosas banales. Lancia le pregunto entonces que si el cuerpo de la guardia tenia tan poco tiempo, quien había seleccionado los ascensos y en función de que. El Sr. Noorgard afirmó que los ascensos se habían hecho un poco a dedo, siguiendo los consejos tanto de la Marquesa como suyos propios. Le pregunto entonces quien había propuesto los ascensos de de Yamu y de Frank, y el Sr. Noorgard no tuvo mas remedio que admitir que él tuvo mucho que ver. Así Lancia le obligo a atar cabos y puesto que no sabia tanto como se suponía de los reclutas, debió aconsejar el ascenso de Frank porque lo debía de conocer previamente. El Sr. Noorgard se rindió y admitió a Lancia que conoció a sus padres, de cuando estuvieron una temporada en el mismo equipo de aventureros. La madre de Frank les abandonó a él y a su padre, y poco después su padre murió, con lo que Frank había crecido apañandoselas él solo. Debido a la amistad que unía al Sr. Noorgard con su padre, este ha ayudado a Frank en lo que ha podido. Lancia se sorprendió de que el Sr. Noorgard le confesara la historia de Frank, pero este le dijo que no era ningún secreto, salvo el hecho de que se conocen, pues podría dañar su carrera en la guardia. Lancia le preguntó por la madre, pero Noorgard le dijo que seria mejor que no se metiera en esos líos, ya que Frank siempre ha preferido no saber nada de ella. La conversación se estaba poniendo demasiado tensa, pero Lancia la iba a poner aún mas cuando, en mitad de la conversación y casi a modo de despedida le pregunto por lo curioso de su nombre, El Sr. Noorgard, en un burdo intento de distracción , le dijo que su nombre, Raimund, no tenia nada de raro y era hasta cierto punto común. Pero Lancia sonrió al decirle que era su apellido lo que le extrañaba, Noorgard, ya que al escribirlo al reves sonaba como Dragroon. Siguiéndole el juego, queriendo dar la impresión de no saber a lo que Lancia se refería, Noorgard dijo que hay muchas leyendas sobre él, que cuentan cosas como que tiene mas de mil años, o que es inmortal, o que cambia de aspecto a voluntad, pero él no hace caso de ellas. De todas formas, Lancia le dio una moneda de oro para que se la pusiera bajo su almohada, y otro día le preguntaría si había dormido mejor…y se despidió de él, de Raimund Noorgard.

 

 

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