La pesadilla de Yamu

on 8 agosto, 2014 in Manual de campo de "La Centuria Argentea"

Medallon CA

Este podría ser el extracto de una posible transcripción de los recuerdos de Yamu, si este hubiera llevado algún diario..o puede que no.

“Yamu no recordaba ya las llamas que lo habían envuelto hace un instante. O eso creía. La sensación de caída había sido casi instantánea y hasta le había dado vértigo. Caía a la oscuridad, muy rápido, pero no sabía porque notaba la caída: No había viento, no había luces ni estrellas, ni nubes ni luna, no había nada que le sirviera de referencia. Al final consiguió abrir los ojos. Quizás por eso estaba todo oscuro, porque tenía los ojos cerrados. ¿Tenia los ojos cerrados porque se había quedado inconsciente, o aún estaba soñando? Apostó por lo segundo. Al fin y al cabo era lo lógico. No conocía el lugar en donde se encontraba. Miro el suelo, antes que nada, para saber donde pisar. 

Como estaba tumbado, toco el empedrado con las manos desnudas. Las piedras eran regulares, como de calzada. Estaban frías y húmedas. Todo estaba frío y húmedo porque la niebla lo envolvía todo. Parecía de noche, pero había algo de luz. Se levantó y comprobó que estaba entero. Las piernas le dolían de un cansancio que no recordaba haberse ganado. Quizás había estado corriendo dormido. Miro alrededor y vio que estaba rodeado de algunas construcciones más bien tétricas. Eran torres, o lo parecían, altas, estrechas y juraba que incluso se doblaban y parecían echársele encima, cerrando el cielo hasta no ver más que una enorme luna llena roja. Una sensación de terror que no era suya le acosaba. Notaba una opresión y una ansiedad que no parecía tener motivo. De repente se giró al parecer haber escuchado su nombre. Pero no escuchó sonido alguno. Afino mas el oído, la vista, todos sus sentidos, pero sin moverse aún del sitio. Sin saber porque, tenía la certeza de que Lancia y Nori estaban muy cerca, pero no podía verlos ni oírles ¿Habían sido ellos los que habían gritado su nombre sin sonido? Quiso responder y gritar, pero justo cuando iba a hacerlo el suelo empezó a temblar ligeramente y escuchó un rumor de estampida. Algo se acercaba, algo o alguien, o más bien un enorme grupo de algos o algunos, le perseguía. Sabía que le buscaban. A él. A Yamu, que nunca había estado en este fantasmagórico lugar antes, pero ya estaba perseguido. Sin poder siquiera decidir que iba a hacer, sus piernas se pusieron a correr. Ya había descansado lo suficiente, debía continuar huyendo. Huyendo lejos de ese lugar, hacia la niebla. Antes de que ella volviera a encontrarle.”

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