Un viaje inesperado: Parte 6- El infierno en la tierra

on 12 julio, 2014 in Sesiones de juego

DadoLos soldados agruparon a los bandidos, los desarmaron y los ataron para llevarlos ante las autoridades, mientras los jóvenes héroes interrogaban al líder de los bandidos que aún estaba consciente, quejándose de su rodilla herida y maldiciendo su suerte. Este bandido parecía bastante propenso a hablar, ya que de alguna forma parecía tener muchas ganas de contar lo desgraciados que habían sido todos. Según él mismo decía, había apuestas acerca de quien seria el primero en ser capturado en lo que para ellos eran misiones que no parecían tener ni pies ni cabeza. Ante la avalancha de información, Lancia le pidió que se calmara y que contara todo desde el principio mientras Nori le trataba la pierna.

El líder de los bandidos les explicó que él antes formaba parte de una banda de salteadores de poca monta, dirigida por Magnus, que rondaban los caminos de Rohan buscando viajeros despistados. Por avatares del destino, un día asaltaron a un tipo que parecía un mago despistado, pero sorprendentemente su líder pareció reconocerle de algo y ambos se saludaron efusivamente. Asumiendo que eran viejos conocidos, la banda no vio extraño que se uniera a ellos por algunos días. Magnus y Niels hablaban a todas horas, y de repente un día Magnus dijo que Niels tenía algunas ideas para mejorar su “negocio”. Empezaron a asaltar cargamentos que iban destinados a la Universidad de Jack, y consiguieron un montón de equipo mágico y muchos otros elementos que Niels parecía encantado de poseer. Poco a poco, Niels iba tomando mas peso en las decisiones, y Magnus parecía defenderlo y apoyarlo, ante las voces cada vez mas criticas de sus hombres. Niels les ordenó que se empezaran a hacer pasar por un ficticio ejército de Jack el mago, aunque no sabían con que intención debían hacerlo o cual era el propósito de esa farsa. Empezaron a hostigar a las aldeas cercanas y a los pueblos mas pequeños, al tiempo que Niels parecía volverse mas irascible y hasta físicamente mas terrorífico. Los bandido empezaban a estar en desacuerdo con Niels y trataban de que Magnus entrara en razón, pero aquellos bandidos mas críticos empezaron a desaparecer sin dejar rastro, atacados por criaturas en la noche o victimas los dioses saben que maleficios. Para suplir estas pérdidas y aumentar su ejército, Niels, quien por entonces ya empezaba a llamarse a si mismo Jack, les ordeno que empezaran a aceptar nuevos reclutas, y trasladaran su base a un lugar más acorde a su nivel. La banda al completo se traslado al “Infierno en la Tierra”, la zona de gran actividad volcánica y desolada que el propio y autentico Jack creó hace años. Temerosos del poder de Niels, Jack o quien fuera ese ser, los pocos supervivientes de la vieja banda de salteadores siguieron a Magnus y se establecieron en la base del volcán. Desde allí empezaron a asaltar los pueblos vecinos para conseguir esclavos para construir una especie de fortaleza en la ladera del volcán, y acumular provisiones. Muchos bandidos venían, cada vez desde más lejos, atraídos por los rumores de que Jack estaba levantando un ejército. Magnus ordenaba a sus hombres que se llevaran a los novatos con ellos para adiestrarlos antes de que pasaran a formar parte por derecho del ejército de Jack. Pronto, solo los pocos veteranos que quedaban conocían los inicios de esta descabellada aventura sabían quien era el falso Jack realmente, pero tenían mucho cuidado en revelar el secreto. Todos ellos también eran conscientes de que esta aventura no iba a acabar bien, tan pronto en cuanto Niels se pasara de la raya y las autoridades empezaran a preocuparse en serio de ellos.

Y eso nos lleva a las apuestas que los propios bandidos veteranos hacían sobre quien seria el primer desgraciado en meter la pata y ser capturado, y cuya respuesta ya conocían.

Tras la charla, el bandido parlanchín les confesó que en el fondo se alegraba de abandonar la fortaleza del infierno, pues Niels parecía estar preparando algún tipo de ritual o sortilegio poderoso que no tenia en absoluto buena pinta, y que parecía inminente. No quería estar allí cuando el ritual tuviera efecto, de eso estaba seguro.

Ante tal panorama, y sabiendo que había prisioneros en la fortaleza del infierno y Niels estaba preparando algún hechizo peligroso, los héroes decidieron aprovechar la situación e infiltrarse en la fortaleza antes de que los enemigos se dieran cuenta de que una de las unidades no había regresado. Yamu ordenó a los soldados que regresaran a la universidad con los bandidos capturados, pero Frank, sospechando que podrían tener algún tipo de infiltrado en la Universidad, aconsejó retrasar la salida un día, para que los soldados llegaran después de que ellos se hubieran infiltrado. Así, en caso de que el supuesto espía avisara a la fortaleza, seria demasiado tarde. La idea se aceptó y los héroes se prepararon para la salida. Lancia le pidió a Harry que les ayudara en la investigación de los objetos mágicos que habían rescatado del carro, y este no tuvo problemas en hacer lo que Lancia le ordenaba. A lo que si puso un poco más de reparo fue a la petición de ella para que les acompañara a la fortaleza, pero tras adularle un poco con ideas heroicas y lo necesario que podía ser, acabo por aceptar.

En el carro, aparte de las pertenencias robadas a las aldeas vecinas, como eran herramientas, víveres y materias primas diversas, encontraron unos cuantos objetos mágicos útiles, posiblemente creados por Niels o robados de las caravanas que iban a la Universidad. Entre ellos encontraron, como mas remarcable, una botella con una poción que permitía atravesar una pared de roca y un extraña cajita, de tamaño menor a la de un joyero, que a una orden crecía y alcanzaba el tamaño de un gran arcón, reduciendo en tamaño y peso cualquier cosa que se introdujera en él para un transporte mas cómodo. Recogieron esto junto con un poco de equipamiento útil más común, y emprendieron el viaje hacia la fortaleza infernal.

A Lancia se le ocurrió por el camino que debían disfrazarse de bandidos si querían aprovechar el tumulto de aspirantes a soldados del falso Jack que se agolpaban en los alrededores de la fortaleza del infierno. A pesar de poner mucho empeño, ninguno de los disfraces resultantes parecía muy creíble: Lancia se colocó un parche porque pensaba que le quedaba muy bien y le hacia interesante, pero para nada parecía una peligrosa criminal; A Yamu le puso patillas como un bandolero, pero después se dio cuenta que se notaban que eran falsas, pues los altos elfos no son tan peludos; Frank hizo esfuerzos por parecer mas rudo, pero no se le ocurrió mas que quitarse el uniforme. Eso si, a Nori le disfrazó muy bien de jefe bandido opulento, aunque la diferencia con su estilo habitual era poca. Al final, el mas creíble era el disfraz de Harry, que se anudo la túnica a la cintura, dejando su torso descubierto y pidiendo a Lancia que le pintara tatuajes orientales en el pecho. Lancia lo hizo a pesar de que sonaba mas a una excusa para buscar contacto físico que a una buena idea para camuflarse.

Con semejantes pintas, los chicos llegaron a la fortaleza del infierno bien entrada la noche. En efecto, toda la zona que rodeaba al volcán parecía sacada de lo más profundo del averno. La roca derretida asomaba a la superficie por doquier, no crecía ningún tipo de planta y el terrero era rocoso y angosto, con un calor sofocante que hacia difícil la marcha. En la falda de la ladera sur del volcán, se agolpaban numerosos campamentos de bandidos de todos los tipos. La ladera de los campamentos estaba flanqueada por dos ríos de magma que servían de muros naturales, y la fortaleza se separaba de los campamentos por una muralla mal formada de lava enfriada. Los héroes decidieron explorar todo el volcán antes de adentrarse en los campamentos, por si hubiera alguna entrada escondida en la ladera norte. Tras pasar unas horas explorando, no encontraron ninguna cueva que pareciera dar acceso a la fortaleza, salvo quizás el propio cráter. Lancia propuso entrar por el cráter, pero a todo el grupo la idea le pareció una locura. Lancia sonrió, pero en el fondo continuaba pensando que era una muy buena idea y que debían haberla tomado más en serio…

Cuando se cansaron de pasear por las laderas del volcán, se adentraron en los campamentos. A pesar de lo ridículo de sus disfraces, no pareció que nadie sospechara de ellos. Si que es verdad que la gente se fijaba en ellos, y algunos incluso se reían al señalarles, pero a nadie les parecieron peligrosos. En cierta forma, los disfraces cumplieron su cometido. Un paseo por la zona de la muralla les revelo que no iba a ser difícil escalarla. Harry dijo que él podría usar el hechizo de cuerda encantada para poder usarlas en la escalada sin peligro, pero se dieron cuenta de que no habían traído ninguna con ellos. Frank dijo que no seria difícil robar una cuerda en este lugar, y Yamu le dijo que a pesar de que tenía las manos muy largas, era muy mal ladrón y que incluso él podría robar una antes. A Lancia le pareció muy divertida la idea de una competición y, sin que nadie la llamara, se unió al desafío que ella misma había hecho oficial. Nori y Harry se miraban perplejos mientras Lancia, Frank y Yamu salían en diferentes direcciones para comprobar quien robaba antes una cuerda.

Frank observaba desde una distancia prudencial la mochila de una de los tres bandidos que charlaban alrededor de un fuego. Se veía claramente un cabo asomar, y pensó que si se acercaba lo suficiente podría sacarlo poco a poco sin que se dieran cuenta. Al amparo de la noche, Frank se acercó a la mochila, metió la mano y fue estirando con cuidado. Sin embargo, le llevó demasiado tiempo, y cuando llevaba más o menos 6 metros de cuerda enrollados y estaba decidido a cortarla con su daga, uno de los bandidos le pilló con las manos en la masa. Los bandidos le rodearon de inmediato, y Frank les saludo con nerviosismo, tratando de hacerles comprender que no quería robarles la cuerda, sino solo admirarla porque parecía muy buena y él buscaba una igual que necesitaba. Tratando de llevar la situación a su terreno, se ofreció a pagar una buena suma por la cuerda. Los bandidos le pidieron 2 monedas de oro por ella, esgrimiendo el hecho de que ellos eran tres y el solo uno. Frank les propuso una contraoferta de 2 monedas de plata, esgrimiendo el hecho de, en efecto, estar esgrimiendo un puñal. Los bandidos no parecían estar de humor para una pelea y 2 monedas de plata eran mas que suficientes por una miserable cuerda, con lo que dejaron ir a Frank con su nueva y cara cuerda.

Yamu sabia que no iba a poder entrar a hurtadillas en ninguna tienda y robar nada, pero no podía perder ante Frank. Observaba con demasiado interés una cuerda en el interior de una tienda, mientras pensaba como se las iba a apañar para ganarle al creído de  Frank. Demasiado interés porque el dueño de la tienda le vio y le preguntó que diablos estaba mirando en su tienda. Yamu, amablemente, le dijo que buscaba alguien que le vendiera una cuerda, y había reparado en que él tenia una allí mismo. Antes de que pudiera contestar, Yamu le preguntó si estaba interesado en venderle la cuerda, y el bandido pensó que no iba a necesitar con urgencia una, y podía sacar un buen pellizco. Yamu y el bandido cerraron un trato rápido y muy beneficioso para el criminal, aunque estaba claro que la cuerda le había salido mas barata que a Frank.

Lancia estaba encantada con la competición. Ni siquiera parecía preocupada por si la pillaban, y casi parecía no importarle para qué eran las cuerdas. Iba a ganar a los chicos y eso lo sabia. Y era muy emocionante. Paseo con naturalidad por delante de varias tiendas hasta que encontró lo que buscaba. En un despiste del dueño, Lancia se deslizó gracilmente y sin hacer ruido en el interior. Desde las sombras, revisó la cuerda y la guardó alrededor de su cintura. Alguien desde fuera miró al interior de la tienda, pero Lancia se quedó tan inmóvil que pareció fundirse en la oscuridad. Si el bandido se hubiera fijado mas, lo único que podría haber visto hubiera sido visto unos preciosos ojos verdes casi hipnóticos. O quizás los vio. El caso es que el bandido pareció volver a lo suyo, y mientras reía y bebía con sus amigos, Lancia salió con rapidez de la tienda por la mismísima entrada sin que absolutamente nadie reparara en ella. Y era muy raro que nadie se parara a mirar a Lancia.

Los tres volvieron con sus trofeos a una zona apartada de la muralla, en donde les esperaban Nori y Harry. Los tres participantes parecían contentos con sus hazañas y sumaron sus cuerdas para darse cuenta de que tenían de sobra para saltar una muralla tres veces más alta. Harry uso su hechizo y los chicos subieron a lo alto de la muralla, al amparo de la oscuridad. Desde allí vieron el patio y la propia fortaleza, que parecía estar literalmente excavada en la roca de la ladera del volcán. Hasta la puerta de entrada había una explanada repleta de cascotes y fumarolas del volcán, varios carros y unos establos improvisados que eran poco más que un corral con techo de paja. La abertura que daba acceso al interior de la fortaleza no tenía puertas y parecía una gruta. Dos guardias que si que llevaban el uniforme de Jack vigilaban a los esclavos que entraban y salían para sacar los cascotes del interior. Había varias ventanas excavadas en la fachada, y los intrépidos héroes decidieron acercarse por un lado y escalar hasta una ventana, evitando a los guardias. El plan era infiltrarse en la fortaleza para buscar directamente a Magnus, el líder de la antigua banda de salteadores, ya que al parecer todos estaban más bien descontentos con las órdenes de Niels y su locura, y podrían hacerle entrar en razón para tratar de detenerle.

No tuvieron problemas en cruzar el patio, pero en cuanto llegaron a la misma pared de la fortaleza, alguien desde una de las ventanas grito para alertar a los guardias que había visto algo moverse en la oscuridad. Uno de los guardias se acercaba a ellos con una antorcha, y Nori estuvo a un pelo de revelar su posición disparando con su arco al chivato que aún se asomaba por la ventana, pero Lancia le hizo entrar en razón y centrarse en la escapada. En el carro que habían requisado a los bandidos habían encontrado una botella con una poción mágica que les permitiría atravesar la roca sólida a todos ellos, pero debían asumir el riesgo sin saber lo que había al otro lado, o incluso poder quedar atrapados en la roca. Todos empezaron a mostrar dudas y titubear, incluso Yamu y Frank, que ahora trataban de convencer cada uno al otro sobre quien debía entrar antes, y el guardia se acercaba cada vez más, así que Lancia se tomo un trago del líquido mientras farfullaba entre dientes y atravesó la pared de un salto. Los demás la siguieron rápidamente, ligeramente avergonzados.

Al otro lado de la pared de roca, tres guardias del falso ejercito de Jack estaban sentados en una mesa jugando una timba con apuestas mientras varios esclavos trabajaban excavando roca. De pronto, vieron atravesar la pared a una bella señorita pelirroja, con una expresión un tanto enfadada. Mientras trataban de asimilar que estaba pasando, la señorita se abalanzó sobre ellos, y de la pared surgieron varios individuos malcarados, blandiendo espadas y arcos. A alguno de los bandidos no les dio tiempo siquiera de levantarse de la silla, y otros se levantaron simplemente porque salieron volando por los aires. Los atónitos prisioneros tenían la intención de gritar de júbilo, pero Yamu y Lancia les callaron de inmediato. Lancia les preguntó si había más prisioneros, mientras los demás vigilaban el pasillo y la puerta de la sala. Los prisioneros, que trataban a Lancia de ángel salvadora, le dijeron que había más prisioneros en los sótanos, aparte de los que trabajaban en la otra ala de esta planta. Lancia ordenó a Harry que cuidara de los prisioneros y se quedara varios metros atrás mientras ellos avanzaban. Nori olió un rastro a bestia tras las puertas de la sala en la que se encontraban,  los prisioneros confirmaron que ahí detrás guardaban a las bestias. Como no tenían ganas de enfrentarse a las bestias, por muy enjauladas que estuvieran, decidieron acechar por el pasillo hasta la puerta de entrada. Se acercaron sigilosamente, pero los dos guardias del vestíbulo les vieron. Yamu y Frank cargaron contra ellos, mientras Nori disparaba a los guardias del exterior, y Lancia llamaba a los prisioneros que estaban en el vestíbulo y les ordenaba bajar las escaleras. Lancia bajó las escaleras delante de los prisioneros, seguida de cerca por Harry y su grupo de rescatados. Frank, viendo que Lancia bajaba, abandonó a  Yamu para apoyarla, y para que Harry no se anotara más puntos con ella. Yamu y Nori cubrieron la retirada y gritaban a los demás que corrieran, pues parecían venir muchos mas guardias desde los otros pasillos.

Lancia y Frank salieron de la enroscada escalera de caracol para encontrarse de frente con más guardias alertados. Todos en la escalera se echaron al suelo cuando Nori blandió su rifle y disparó una salva hacia la salida de la escalera, que atontó a los guardias lo justo para que  Lancia los esquivara con agilidad para defender el centro de la habitación, dejando inconscientes a los dos guardias de la retaguardia. A Frank se le echaron encima, pero los retuvo mientras los prisioneros seguían con total devoción a Lancia hacia el pasillo que les indicaba. Yamu cargó para ayudar a Frank, pero fue Nori quien le salvó de una estocada gracias a una flecha que acabo con su agresor de un solo disparo. Cuando Frank se giro para agradecérselo, Nori le sonreía diciéndole que le caía demasiado bien como para dejarle morir.

Al fondo del subterráneo les esperaban más guardias, que vigilaban las celdas de los prisioneros, pero les cogieron por sorpresa y no tuvieron tiempo de defenderse. Mientras Lancia abría las puertas de las celdas e indicaba a los agradecidísimos jóvenes rescatados que se agruparan para poder avanzar con rapidez, estos les dijeron que a través de las puertas laterales podían salir al exterior del cráter, en donde ellos trabajaban forzados y construían andamiajes y excavaciones. Nori, Frank y Yamu salieron al exterior para comprobar que podía ser una buena ruta de escape: los andamiajes metálicos parecían un laberinto vertical de escaleras y plataformas, y podían ver a un puñado de guardias correr por los pisos superiores, pero Harry les dijo que podía usar otro hechizo de niebla para ocultarlos. No seria sospechoso, pues en el andamiaje se encontraba suspendido sobre la lava del fondo del cráter, y el humo salía constantemente del mar de lava.

En cuanto avanzaron lo mas sigilosamente posible por las pasarelas, todos pudieron ver las jaulas repletas de manticotas y sabuesos infernales en el piso superior, y unos extraños conductos que parecían dirigir la roca fundida directamente desde el mar de lava hacia arriba. Al otro lado del laberinto de andamios, a su nivel, vieron lo que parecía un cadáver momificado de un enorme dragón. Los prisioneros dijeron que los bandidos les habían obligado a desenterrarlo del fondo del cráter, muy cerca de la propia lava, pero no sabían con que motivo. Nori quería acercarse, mas cuando vio que dicho cadáver estaba en una especie de jaula con poleas que parecían servir para bajar el cuerpo hasta la lava, y había un mecanismo muy cerca que lo accionaba. Pero Yamu y Lancia le quitaron la idea de la cabeza, porque la prioridad ahora era sacar a los prisioneros. Subieron por escalerillas de manos hasta el siguiente nivel, desde el que vieron otra plataforma vigilada por dos guardias, que no les vieron gracias a la niebla. En la plataforma había otros conductos similares a los que habían visto, que parecía extraer algún tipo de energía de unos enormes cristales verdes brillantes muy familiares. En efecto, desde esta distancia a todos les parecieron cristales de Siderita, el extraño material que habían encontrado en la cueva del Dragón en Carabas y en el subterráneo de la granja de las calabazas caníbales. A pesar de que parecía interesante investigarlo, no era el momento oportuno, y decidieron seguir subiendo hasta la cima de los andamios. Los prisioneros les dijeron que los andamiajes llegaban hasta el nivel del cráter, y allí arriba habían construido una extraña cúpula a la que llegaban todos los conductos que veían. Lancia hecho en cara a sus amigos que no le hubieran hecho caso cuando propuso revisar el cráter desde el exterior, pues al final hubiera resultado una muy buena forma de acceder a hurtadillas en la fortaleza. Sin embargo, a pesar de que el plan no había salido como esperaban, no estaba resultando nada mal. Habían conseguido rescatar a todos los prisioneros y estaban a muy poco de poder sacarlos sin muchos problemas, ya que los guardias parecían estar buscando en el interior de la fortaleza. De hecho, al contar con pocos efectivos, los bandidos habían dado la alarma y estaban dejando entrar a los pretendientes a reclutas acampados en el exterior para poder dar caza a los intrusos.

Tras moverse con éxito a través de la maraña de escalerillas y pasarelas del cráter, el grupo de rescate llego hasta una escalera que parecía llegar a la construcción que los prisioneros habían descrito. Una escalera de pie bastante ancha de metal les llevaba hasta el interior de una cúpula mas arriba, y de esa cúpula salían varias pasarelas, una de las cuales parecía llevar muy cerca del borde del cráter. Sin saber que les podía esperar arriba, ordenaron a Harry y a los prisioneros que esperaran abajo hasta asegurarse que fuera seguro entrar.

Esta vez Frank quiso entrar el primero, seguido de Nori y Yamu, y Lancia en retaguardia protegiedo junto con Harry a los prisioneros rescatados. Cuando Lancia se disponía a entrar, sus  amigos habían tomado ya posiciones sigilosamente detrás de los conductos que estaban situados en mitad de la gran sala circular. Allí, agazapados como si esperaran a alguien, habían tres sabuesos infernales que, sin previo aviso, estallaron en relámpagos verdes cuyos haces conectaban directamente con Yamu y Lancia, y presos de una furia frenética se lanzaron sobre ellos, incluso cuando parecía imposible que los hubieran visto. Yamu y Lancia acabaron con uno de los perros rápidamente, pero los otros dos se defendieron mucho mejor. Mientras Nori subía la escalera y disparaba a uno de ellos, este sabueso, obviando completamente a Frank como si no existiera a pesar de estar atacándole, le lanzó un chorro de fuego que milagrosamente logró esquivar. En sabueso restante lanzó su aliento de fuego sobre Lancia y Yamu, y ambos fueron envueltos en llamas, ante la mirrada horrorizada de Frank y Nori. En cuanto las llamas se dispersaron, los dos muchachos parecían ilesos, pero muy cambiados.

 

Lancia vio como el fuego estallaba a su alrededor y le impedía ver incluso a Yamu, que estaba a su lado. Sin embargo no notaba ni siquiera el calor que se supone que debían desprender las llamas. Estaba más ocupada en mantenerse consciente ante la sensación de vértigo que estaba sufriendo. Sentía como su mente estaba siendo arrastrada y se aferraba para no caer a un abismo metafórico, y algo al otro lado intentaba usarla para trepar fuera de la oscuridad. Dentro de su cabeza, notaba como si estuviera discutiendo con ella misma durante unos segundos que le parecieron horas. Al final, el fuego se disperso y Lancia se sentía extraña, pero en absoluto herida. Se sentía un poco extraña, porque podía ver mejor, oír mejor y hasta oler mejor, cosa que la aturdía ligeramente. Se miro las manos y vio que tenían un color rojo muy peculiar, y unas uñas muy largas y afiladas que descubrió que podía hacer cambiar de forma y tamaño. No tardó mucho en descubrir, con asombro, que su cuerpo había cambiado. Ahora Lancia era la viva imagen de una súcubo, una diablilla de piel rojiza, cuernos y alas membranosas, con unos ojos verdes muy intensos y brillantes. Se sentía un poco incomoda en este cuerpo, entre otras cosas porque no dejaba de oír como una vocecita que le recriminaba que no le había dejado salir. Al parecer, la bestia que habitaba en Lancia había perdido la partida, y la había podido dominar sin muchos problemas. Tenía tanta seguridad en el dominio de esta criatura que estaba segura de que podía revertir este extraño estado en cuanto quisiera, pero decidió aprovechar la situación y el nuevo poder del que disponía para acabar con los perros demoníacos y ayudar a sus amigos.

 

Yamu tuvo menos suerte, ya que lo último que vio fueron las llamas a punto de llegar hasta él y después despertó en un lugar oscuro. El suelo era empedrado, como si estuviera en una calle, y muy húmedo. Parecía de noche, y miro hacia arriba para ver una extrañísima luna menguante que brillaba casi con malicia. Creía ver construcciones muy altas, que se doblaban sobre si mismas, apenas distinguibles por la tenebrosa neblina que lo envolvía todo. Le dolían las piernas, como si hubiera estado corriendo sin parar, y poco a poco se levanto del suelo. Oyó que alguien se acercaba, y a pesar de tener la seguridad de que se trataba de Lancia y Nori, algo en su interior le obligó a huir de ellos. Estaba seguro de que debía estar en una pesadilla, era lo mas lógico, así que se dedicó a correr mientras esperaba despertarse.

Desde el otro la do de la sala, Nori y Frank veían sorprendidos como los que debían ser Lancia y Yamu se levantaban ante el perro infernal que les había atacado. Lancia era la viva imagen de una súcubo, pero era muy fácilmente reconocible porque su cara y cuerpo eran básicamente los mismos, solo que de color rojizo y con alas membranosas. Yamu había cambiado menos, pero sus facciones se habían alargado y sus ojos habían crecido y se habían almendrado mucho más. No tenían pupilas, y eran totalmente verdes. Además, ahora flotaba por encima del suelo como si la gravedad no le afectara.

Lancia reaccionó con una velocidad increíble y casi desapareció de la vista de todos, para lanzarse sobre el perro demoníaco que parecía sorprendido. Tras dejarlo fuera de combate con una facilidad asombrosa, Lancia se quedo cara a cara frente a Nori y Frank.

Les sonrió como si no pasara nada, haciendo gala de su simpatía habitual, pero de unos colmillos nada habituales. A Nori no parecía importarle en absoluto la nueva apariencia de Lancia, pero Frank no podía volver a cerrar la boca después de todo lo que había visto.

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