Sorpresas en el sótano: Parte 3 – Después de la tormenta

on 16 enero, 2014 in Sesiones de juego

DadoLos vítores del gentío se tornaron abucheos en cuanto el cuerpo de mercenarios se empezó a abrir paso a codazos entre la gente para llegar hasta los nuevos héroes. A los mercenarios no les pareció muy bien quedar en ridículo y como cobardes delante de tanta gente, y muchos menos de mano de unos jóvenes pintorescos y un extraño enano extranjero. Incluso siendo conscientes de que Lancia y Yamu son hijos de los Héroes, no se amedrentaron y les regalaron una serie de insultos y quejas sobre lo peligroso e inconsciente de su actuación. Frank Melher, el Teniente en prácticas, se pudo del lado de los mercenarios, ya que también pensaba que la actuación irracional de Yamu le ponía en peligro y, además, había desobedecido una orden directa. De nada sirvió el que Lancia hiciera notar que Yamu acudió en su auxilio, ya que al parecer pocos creyeron que la chica hubiera caído realmente al agujero…y menos aún cuando la mayoría de la gente la vio saltar y aterrizar grácilmente. La discusión subia de tono, y Nori se calentaba cada vez más, y de no ser por la aparición de Vespero entre la multitud, armado simplemente con un garrote de tabernero y su actitud chulesca habitual, las cosas podian haber acabado en revuelta. En cuanto Vespero calmó la situación, haciendo que los mercenarios agacharan las orejas, las cosas volvieron a su cauce. Los mercenarios se marcharon sin poder acceder al socavón, ya que Vespero aseguro que la situación estaba bajo control y él mismo o gente de su confianza explorarían los túneles y cazarían al dragón. En cuanto se aseguró que su hija se encontraba bien, ni corto ni perezoso saltó al fondo del agujero y se perdió en la oscuridad.

Tras esta asombrosa escena que dejó atónitos a los asistentes a la fiesta, Samara, junto con su marido y su hijo rescatados, abrazó a los muchachos y les dio las gracias por salvar a su familia. Además, les ofreció el poco  dinero que había conseguido reunir para en caso de emergencia poder pagar a los mercenarios por sus servicios, como suele ser habitual en Carabás. A pesar de que a Nori el dinero le hacia mucha falta, todos se miraron y, sin decir nada, estuvieron de acuerdo en no aceptar las 15 monedas de plata que Samara ofrecía, con lo cual se volvieron a producir explosiones de júbilo entre la población. Como el ambiente se caldeaba y la gente se arremolinaba, a Lancia se le ocurrió que podrían descansar y charlar sobre lo sucedido en el restaurante de su padre, Casa Mensel, que no estaba muy lejos (y así , además, las copas saldrían gratis). Las amigas de Lancia quisieron acompañarla para agasajarla por su éxito, e incluso la orgullosa y distante Lavinia se notaba eufórica tanto por la actuación como por la aventura que su amiga había vivido y de la que nadie quería perderse un detalle. Los soldados de Yamu también les siguieron, ya que irían a cualquier parte a la que fueran un grupo de jóvenes y bellas bailarinas y se sirviera alcohol. Y Daniella simplemente no abandonó el lado de Nori en ningún momento desde que salió de nuevo del agujero.

Un grupo  numeroso de gente les siguió hasta Casa Mensel, pero poco a poco el gentío se fue diluyendo. Al llegar a la posada y  sentarse, Lancia le preguntó a Yamu donde estaba Frank, su oficial. Al parecer Frank no les había seguido y esto preocupo un poco mas a Yamu, ya que en principio continuaban de servicio. Por ese motivo no pidió ninguna bebida alcohólica, pero fue el único de sus hombres que lo hizo. Los demás se asombraron de lo ejemplar de su comportamiento…pero no soltaron sus cervezas.

A la taberna de Vespero no tardó en llegar Melissa, la madre de Lancia. Se la veía preocupada por Lancia, pero al percatarse del buen estado de su hija y de su actitud ante todo lo que acababa de suceder, Melissa pudo al fin eliminar de su mente la duda sobre si Lancia habría salido a su padre o no en lo que se refería a los peligros y aventuras: evidentemente, al igual que su padre, Lancia no iba a ser de las que pensaran demasiado antes de actuar, y eso ya lo sospechaba. Gracias a los dioses, también había heredado su dureza y seguridad ante el peligro, y de eso no había estado tan segura hasta hoy, momento en el que había quedado evidente. Tras una breve charla en tono muy conciliador, le preguntó a Lancia si había visto a su padre, y esta le indicó a Melissa que había decidido bajar a investigar las cavernas de socavón. Sin un rastro de preocupación, Melissa solo se llegaba a quejar de la ropa que tendría que lavar y remendar a la vuelta de Vespero…tan segura estaba de su marido, el gran héroe Vespero.

Mientras Melissa se ocupaba del local en ausencia de su marido, un alboroto creciente se escuchaba en el exterior. Al momento, los jóvenes héroes del día supieron a que era debido, al entrar en la taberna, rápidamente y con aire nervioso, la propia Marquesa Nefertinarita, en su forma humana, buscando a Yamu y Lancia. Tras ella entraba jadeando el Sr. Noorgard, criticándola y aprestándola a cuidar el protocolo y abandonar canto antes un local como una taberna, tan poco propio de una marquesa, por muy propiedad de un Gran Héroe que fuera. Y tras Noorgard, venían dos mercenarios muy bien pertrechados, que empujaban a la gente que quería llegar a tocar a su Marquesa. Haciendo caso omiso a Noorgard (como es muy habitual en la Marquesa), Nefer se acercó a los chicos, claramente preocupada por su estado, y sin hacer caso al protocolo, abrazo efusívamente a Lancia y Yamu. Estos le presentaron primero a Nori, su nuevo amigo, y la Marquesa, de nuevo ante las criticas de Noorgard, le expresó su mas sentido agradecimiento por ayudar a sus amigos y a la ciudad. La Marquesa, ante los atónitos ojos de los hombres de Yamu y la propia Daniella, se sentó en su misma mesa y empezó a preguntar a los chicos todo acerca del extraño fenómeno. Las amigas de Lancia, estando mas habituadas al trato con la Marquesa, simplemente cuidaron en extremo sus modales en su presencia, mas por miedo a las reprimendas del Sr. Noorgard que a lo que pudiera pensar su Marquesa.

Tras contar su historia, Nefer se sintió indignada ante la pasividad y aparente cobardía de los mercenarios y, a pesar de que el Sr. Noorgard le quitaba importancia al hecho, prometió hablar con John Rudd, el líder del gremio de aventureros, para pedirle explicaciones. Ahora estaba segura de que la fundación de una guardia de Carabás era algo necesario. Además, al enterarse de que habían rechazado el pago de parte de Samara, Nefer quiso compensarles con 5 monedas de oro a cada uno. El Sr, Noorgard, de nuevo, expresó de forma implacable su descontento y alego que no se deberían recompensar las acciones peligrosas ni las desobediencias a ordenes directas, y que en todo caso, deberían ser castigados por ello, al menos Yamu. Haciendo gala de su extraordinaria labia y carisma, Lancia convenció al propio Sr. Noorgard de que ella había sido una victima en todo el asunto, y que había caído al socavón por accidente, con lo que exigía una compensación o indemnización por el mal rato pasado. Nefer asintió y le entregó sus 5 monedas, ante el estupefacto Noorgard, que no pudo contestar a ese razonamiento. Yamu defendió su actuación alegando que debía salvar a la propia Lancia, a un menor de edad y a su padre que habían caído en el socavón, y que desobedeció la orden porque debía hacer lo que los heroes deben hacer. Nefer, casi a grito pelado, volvió a decir que esa debía de ser la actuación de cualquier héroe, y que los aventureros contratados distaban mucho de serlo y estaba empezando a darse cuenta ahora. No solo estaba de acuerdo con Yamu, sino que creía que merecía una medalla. Sin embargo, Noorgard volvió a insistir en el hecho de la desobediencia, y al final se llegó al acuerdo de entregarle las 5 monedas como recompensa por haber excedido sus obligaciones, pero a cambio debía entregar un informe completo de lo sucedido mañana por la mañana al Comandante Ankito. Nefer insistió en que quería ver ese informe antes de que el Comandante lo tuviera en sus manos, y Noorgard le dio su palabra de que se lo haría llegar. Nori lo tuvo mas fácil. Al igual que Lancia, fue solo una buen ciudadano que cometió un acto de valentía para ayudar a los demás. Como Lancia ya habiá allanado el camino, las 5 monedas de Nori fueron a parar a sus ligeros bolsillos en cuanto esta le contó a Nefer las condiciones en las que vivía el enano y lo necesitado que estaba.

Noorgard se retiró un poco para comentar algo a los mercenarios, y la Marquesa Nefertinarita lo aprovechó para quedarse satisfecha en su ansia recompensadóra e invitó a Yamu, Lancia y Nori, junto con sus posibles acompañantes, al baile de gala benéfico que se celebraría en Palacio la noche siguiente. Desgraciadamente Noorgard llegó muy tarde y solo pudo quejarse de esta nada meditada decisión de la Marquesa.

Y mientras Lancia empezaba a proponer actividades para pasar el dia con el dinero recibido, irrumpió en la sala Crom, claramente alterado y notablemente enfadado. Justo tras él venia Vespero, que se afanaba en detenerlo, tratando de relajarle, mientras Crom hablaba muy alterado señalando a Crom y Lancia. Mientras los dos amigos discutían alejándose de la entrada y la mesa de los chicos, señalándoles varias veces a lo largo de su charla, La Suma Sacerdotisa y Consejera del Mayor Enano Pirotess, entraba solemnemente en la sala. En cuanto los vio, Nefer se abalanzó sobre los Grandes Heroes para saludarles. Pirotess se mostró muy cálida y respetuosa, sin salirse del protocolo, muy fiel a su cargo y sus sentimientos. Crom estaba muy enfadado, pero se alegró de ver a la Marquesa y la saludo cordial y efusívamente, al igual que hizo Vespero, a quien la Marquesa le devolvió un abrazo que ojos mas desconfiados definirían como demasiado efusivo. Mientras la escena ocurría, el Sr. Noorgard se apartó y no se entremetió en absoluto, quiza por respeto a los Heroes de Carabás. Despues Pirotess apartó a la Marquesa de Crom y Vespero, que continuaban discutiendo. Pirotess pidió a la Marquesa que cercara el socavón y que no entrara en este nadie salvo los trabajadores y personal que la propia Pirotess designaria. La Marquesa no puso objeción ninguna a las peticiones de la Sacerdotisa, y ni siquiera mostró signos de que le parecieran sospechosas o extrañas.

Aparentemente más calmado, pero claramente ocultando sus verdaderos sentimientos, Crom fue el primero en ir a hablar con Yamu. Para sorpresa de Yamu, Crom no le riño en exceso por sus acciones, aunque fuera porque cada vez que Crom subía el tono de su discurso, Vespero le hacia señas evidentes para que bajara el tono. Asi que Crom le dejo claro a Yamu que estaba feliz y orgullosos de que fuera guardia, y de lo que habia hecho al salvar a varias personas, pero también le dejó claro que no queria que se metiera en mas lios. Con la impresión de haberse salvado, Yamu se apresuro a asentir y aceptar lo que su padre le habia dicho…a pesar de que por dentro sabia que para un guardia iba a ser dificil no meterse en lios…

Y le toco el turno a Vespero, que trató de ocultar su alegría porque su hija fuera una luchadora tan buena y con tal arrojo y valentía, gracias en parte a que, cuando mas se emocionaba hablándole a su hija de lo impresionante de su hazaña, las toses de Crom le hacían cambiar y adoptar una postura mas rígida con la actitud de su hija. Al final, Vespero dejo también claro a Lancia que, a pesar de que parecía muy bien preparada y valiente para afrontar cualquier desafío, estaba muy preocupado por su integridad y esperaba que abandonara la peligrosa vida del aventurero. Sin creerse ni una palabra de la falsa preocupación y enfado de su padre, Lancia asintió y después le dijo que estaba muy afectada por lo sucedido, que estaba muy nerviosa y que quizas ir de compras y llevarse unos zapatos nuevos le ayudarían a olvidar. Saliéndose del obvio guion preparado entre él mismo y Crom, Vespero no pudo evitar acceder a las peticiones de su dulce hija y le dio 2 monedas de oro para que se comprara algo bonito, ante la evidente mirada de reproche de Crom y las risas lejanas de Melissa, que lo vio todo desde detrás de la barra.

Pirotess, antes de irse acompañando a Crom y Vespero, se interesó por el enano que le habían dicho que había participado en el rescate. Sin saber como actuar ante un personaje tan importante (como le había informado Daniella, que a cada momento que pasaba daba menos crédito a lo que estaba sucediendo), Nori se presentó ante Pirotess y acepto las alabanzas que esta le otorgaba mientras le miraba de arriba a abajo con ojos inquisitivos, como buscando algo. Lo encontrara o no, Pirotess se reunió con Crom y Vespero, y los Héroes abandonaron el local con algo de prisa.

Con el dinero en el bolsillo y la visita de la Marquesa, los chicos aceptaron la sugerencia de Lancia de ir a gastárselo enseguida, comprando trajes y vestidos para el baile de mañana al que acababan de ser invitados. Lancia y Yamu aún no sabían a quien invitar, pero Nori, ante las expectantes miradas de Daniella, no pudo mas que invitar ,de forma mas bien ruda e imperativa , a la enana al baile. A pesar de lo maleducado que pudo sonar para oídos no enanos, la propia Daniella diría mas tarde que la actitud de Nori había sido muy dulce para los estándares enanos, y que Nori tenia cierta fama entre las jovencitas enanas por su estilo pulcro, su cuidado e higiene personal y su carácter rebelde y nada tradicionalista. Daniella lo definía como un joven rompecorazones enano. Antes de gastarse el dinero, Yamu quería comprar una espada en condiciones, ya que aún estaba usando la reglamentaria. Lancia sabe mucho de tiendas, pero normalmente frecuenta mas las de ropa y curiosidades, aunque a pesar de eso dice conocer algunas tiendas en las zonas que frecuenta. Sin embargo Daniella afirma que conoce a muchos herreros enanos que venden directamente sus productos en su distrito, y tienen mercancías que nunca legan a la Plaza de los Héroes u otros mercados. El hecho de poder visitar todos juntos el distrito enano, lleno de misterio y exotismo (al estilo enano) ilusionó a Lancia, quien empezó a planear una visita por la zona, tanto de tiendas como gastronomicamente. Mientras Yamu y Nori recogían los bártulos para seguir a las chicas, Lancia y Daniella charlaban animadamente sobre los pasteles de mármol, las salchichas de carne y la cerveza enana. Los soldados de Yamu trataron de despedirse de él, pero Lancia se enteró gracias a su fino oído (posiblemente heredado de su padre) y les recriminó que se retiraran tan pronto. Estos se defendieron diciendo que debían volver al cuartel para rellenar el informe, pero Lancia trató de convencérles diciéndoles que sus amigas también venían. Esta vez fueron Inger, Maria y Lavinia las que escucharon estas palabras, y se apresuraron a negar esta afirmación. Esto solo hizo que Lancia tuviera que esforzarse mas para convencerlos a todos. María dijo que debía acostarse pronto porque mañana quería levantarse para participar en la Caza de la Calabaza, ya que se presentaba por el Burgo Este. Inger y Lavinia no iban a presentarse por diferentes motivos. A Inger no le apetecía levantarse tan temprano y, además, estas costumbres tan femeninas y ñoñas no son de su estilo. A Lavinia, directamente, le horrorizaba tener que coger calabazas directamente del suelo y caminar por los campos mientras se manchaba de barro y estiércol… La excusa de María no hizo mas que animar a Lancia que decidió en ese mismo momento que ella también iba a participar. Daniella miraba atónita y entusiasmada a Lancia y María mientras se cogían de las manos dando saltos mientras gritaban sin ninguna vergüenza que lo mas importante para buscar calabazas, según Lancia, era el amor… Después de preguntar que era eso de la Caza de la Calabaza, Daniella pidió a las chicas si podía acompañarlas para participar ella también. Aunque el Barrio Enano no celebra esta fiesta de igual forma, eso solo suponía una ventaja para Daniella para alzarse con el titulo de Reina de la Calabaza del Distrito Enano.

Con el subidón de adrenalina y felicidad de Lancia, a la que todo le parecía sonreír (al contrario que al ligeramente apesadumbrado Yamu, que aún tenia que escribir un informe y enfrentarse al Comandante), esta convenció a todo el mundo para salir por la noche hasta tarde a gastarse el dinero, pasarlo bien y quedar mañana para ir a buscar calabazas. Nori se apuntó a la Caza de la Calabaza para escoltar a Daniella, y Lavinia e Inger tampoco le pusieron muchos problemas. Los soldados de Yamu tuvieron que disculparse, ya que, al igual que Yamu, mañana tendrían actividad. Quizás patrullas o instrucción, pero seguro que no tenían el día libre. ¡Eso si, esta noche estaban libres y les acompañarían de fiesta!

Cuando el numeroso grupo llegó al Distrito Enano se quedaron asombrados por varios motivos. El primero es que todo el barrio olía a quemado, debido a las numerosas forjas y hornos que parecían existir. Incluso salia humo de las casas particulares. Las calles estaban repletas de enanos con semblantes serios, pero era impresionante ver a tal numero de individuos de esta huidiza raza. Incluso vieron a varios niños enanos jugando en la calle a lanzarse piedras, juego infantil bastante común entre ellos según explicó Daniella. Lancia y Yamu se explicaron entonces la manía de Nori de arrojar piedras a los demás cuando se enfada. Mientras paraban en los tenderetes de comida de la calle y se iban gastando el dinero en comida enana típica (alguna venían en bol…otras en palo) llegaron a una forja de un herrero conocido de Daniella. El herrero, Herbert Gorin, paró de trabajar y puso su cara mas molesta mientras el grupo entraba hasta que vio a la pequeña Daniella…o Hilsa, como él la llamaba. Tras hablar un poco de su familia, protocolo habitual entre los enanos, Herbert le preguntó que es lo que traía a ella y este pintoresco grupo a su herrería. Lancia, a la que le gusta en exceso regatear, tomo la voz y empezó a pedir artículos a Herbert, que disponía de un surtido sorprendente en cuanto armas y armaduras. Yamu encargó a un buen precio una buena espada bastarda con runas enanas en la hoja que decían “De tus amigos”, ya que tuvieron que hacer un bote para pagarla. Nori y Yamu se llevaron unas buenas armaduras de cuero enanas y se dieron cuenta, después del exceso cometido, que les quedaban pocas monedas para adquirir los trajes de gala. Herbert quedó satisfecho con la venta y les invitó a visitarle cuando quisieran. Lancia tomó de nuevo el mando, ya que en lo que se refiere a tiendas de ropa era una experta, y dirigió al grupo a las Filibusterias de la Plaza de los Héroes, en donde conocía muchas tiendas que tenían buenos artículos a buen precio.

Las tiendas de la Filibustería son mas exquisitas que las del Distrito Enano, con diferencia. Lancia es conocida por varios vendedores que le dieron la bienvenida y la saludaban mientras pasaba. Lancia eligió una sus tiendas favoritas, que solía importar genero exótico y se especializaba en prendas que aún no llegaban a populares pero sin duda lo podían hacer. Las amigas de Lancia se perdieron entre los probadores y el genero. La dueña de la tienda se dirigió de inmediato a ella, pero Lancia le aviso que también quería prendas de gala para su amigo Yamu, Nori y Daniella. La dependienta aviso que, si bien no habría problema con Yamu, esta tienda no se especializaba en ropa de gala y vestidos para enanos, aunque algo podría encontrar. A Yamu se le eligió un bonito traje de gala con casaca muy militar, dado su estatus. Lancia eligió un atrevido y exótico vestido que había acabado de llegar del lejano Rhun y que era muy de se estilo, y lo completo con unos elegantes guantes a juego. Nori tuvo suerte y, según la tendera, la ropa de niño gordo le quedaba bien, asi que se llevo un traje elegante, pero algo infantil debido a la pajarita (que seguramente no se pondría). Sin embargo Daniella no tuvo tanta suerte y la dependienta les aconsejo que buscaran en el mercadillo cercano, ya que en los puestos se podían encontrar gangas y las enanas solían vender sus galas porque no disponían de muchas ocasiones para usarlas y tienden a no repetir modelos. Lancia les dirigió al mercado y, tras ojear los tenderetes con profesionalidad, descubrió un precioso vestido para enanas casi sin usar, y lo consiguió comprar a muy buen precio. Daniella estaba eufórica con lo que sin duda era su primer traje de fiesta. Sin duda, el conocer a Lancia había sido una suerte para la nada tradicionalista y joven enana…aunque puede que su padre no estuviera de acuerdo con la nueva amiga que había conseguido.

Con todos los paquetes cargados, los jóvenes hicieron cuentas. a pesar de que Lancia había conseguido gangas y muy buenos precios, el poco dinero que les quedaba lo necesitaba Nori para conseguir una vivienda mas digna que su carro roto (que ni siquiera era suyo) y, según él mismo, unas pocas cuerdas. Lancia y Yamu se preocuparon por la finalidad de las cuerdas, y a partir de entonces trataron de animarlo para que se quitara de la cabeza cualquier extraña idea sobre ahorcamientos, mas en tono burlón que en serio…Poco a poco, Nori iba acostumbrándose al humor de los chicos y se sentía cada vez mas cómodo con ellos. Sin mucho dinero, pero con ganas de divertirse, decidieron ir a Casa Mensel a cenar, porque les saldría gratis. A Lancia le remordió la conciencia y decidió ayudar a su madre en la taberna haciendo de camarera, para disfrute de muchos habituales. María, que también estaba acostumbrada al trabajo duro de la granja, no se cortó un pelo y también ofreció sus servicios en pago por la cena y la bebida. Y entre risas, bromas y cerveza, la fiesta se alargó hasta la madrugada.

 

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